COLUMNA CORTE1ª Función
“LOS PINGÜINOS DE MADAGASCAR” (“THE PENGUINS OF MADAGASCAR”)
Esta película trata de resolver uno de los enigmas en la constitución de franquicias fílmicas: ¿Pueden los personajes de apoyo levantar un proyecto por su cuenta? Mientras que algunos intentos como “El Gato con Botas” han cabalgado con moderado éxito ese caballo, los estudios se muestran temerosos -justificadamente- en arriesgar recursos monetarios y humanos en cintas protagonizadas por elementos secundarios que probablemente funcionan más como patiños o hilos conductores que como estelares, después de todo aún falta verle un protagónico a Scrat (de “La era de hielo”). Sin embargo, cuando el guión posee suficiente solvencia y el filme se utiliza como un instrumento de exploración para dicho personaje sin que se sostenga en los aspectos que le dieron relevancia en primer lugar, entonces hablamos de cine más que de franquicia, y éste es el moderado caso de “Los pingüinos de Madagascar”, un filme entretenido que recurre a los peculiares caracteres y rasgos distintivos de los palmípedos polares con delirios de espía, más una exposición sobre sus motivaciones y psicologías (con levedad, por supuesto, pues esto es Dreamworks a fin y al cabo). La cinta abre con un jocoso prólogo donde conocemos el origen de Skipper, Kowalski, Rico y Cabo, este último el componente emocional del filme, pues busca ser aceptado en la misma medida que los demás en el grupo. La línea temporal es algo confusa, pues no se especifica si los eventos ocurren antes o después de sus aventuras en los filmes de “Madagascar”, pero resulta irrelevante, ya que la trama se erige con un espíritu emancipador y ahora tienen como antagonista a Dave, un pulpo megalómano con aires de científico que los detesta por motivos personales y representa no sólo un peligro para nuestros protagonistas, sino también para toda la animalidad. En su enfrentamiento se une un grupo de fieras polares lideradas por “Clasificado”, un lobo astuto pero con problemas de liderazgo. El resultado es una interacción divertida entre especies zoológicas y diálogos sustentados en malapropismos, sornas y sarcasmos. Bien manejada y con suficientes dosis de humor y dramatismo para balancear la emotividad del espectador, así que estos personajes de apoyo se han ganado su película y la atención del público. Nada mal para unas aves monocromáticas que vivían a la sombra de un león, una cebra, una jirafa y una hipopótamo.

2ª Función
“SN. VINCENT” (“ST. VINCENT”)
La secuencia inicial marca las intenciones narrativas y su tono con hilarante concisión: Vincent (Bill Murray), un amargado y misántropo veterano de la guerra de Vietnam penetra con frenesí y delirio a su amiga y confidente, una prostituta y bailarina rusa embarazada llamada Daka (Naomi Watts), en un desaseado departamento. Una vez establecida la línea de humor negro, vemos que el punto argumental se centra en la relación de Vincent con una obesa madre soltera recién llegada al vecindario llamada Maggie (Melissa McArthy) y su hijo Oliver (Jaeden Lieberner), dinámica orillada por la difícil situación económica de Maggie, pues debe trabajar como enfermera turnos completos para salir adelante y no tiene otra alternativa más que dejar a su hijo al desparpajado y soez Vincent para que funja de niñero. Por supuesto, la relación entre ambos transformará la perspectiva de ambos, pues mientras el niño requiere una figura paterna que lo saque de su apocado y tímido universo -acentuado por los ataques de abusadores escolares-, el malhumorado y apostador adulto necesita una vía de inocencia que le muestre un poco de luz en su oscuro universo. Las características psicológicas de los personajes están muy bien tratadas y si bien los clichés sobre este tipo de relaciones permanecen, las actuaciones y detalles que definen sus personalidades son ricas y variadas (Vincent no es un malnacido del todo, pues se preocupa por Daka y su esposa, recluida en un hospital en fase terminal y a quien visita disfrazado de médico para lavarle la ropa y hablar con ella, aun cuando no lo reconoce). Un drama agridulce con momentos hilarantes que no trasciende ni se tornará un clásico, pero funciona como antídoto para la sacarina de estas fiestas navideñas.

3ª Función
“CUERNOS” (“HORNS”)
Iggy Perrish (Daniel Radcliffe) es un paria. Vive en un pueblo pequeño y sufre por readaptarse a una dinámica social normal después del misterioso y brutal asesinato de su novia Merrin (Juno Temple), crimen por el que muchos sospechan él fue culpable, incluyendo sus amistades de la infancia y los padres de la chica. Las cosas dan un giro sobrenatural y francamente bizarro cuando, un día cualquiera, Ig despierta y descubre que tiene cuernos en su testa, los cuales impelen a cualquiera que se ponga enfrente a revelar su lado más oscuro y oculto y también a acatar la voluntad del joven, por lo que utiliza sus nuevas habilidades para tratar de revelar la identidad del asesino de su amada, descubriendo la cara más negra y pavorosa de su comunidad, a la vez que un profundo secreto aguarda por él. El director francés Alexandré Aja, calificado esteta y amante del cine de horror, crea una curiosa adaptación a la exitosa novela homónima de Joe Hill (hijo de Stephen king, lo que no debería ser mucha sorpresa), confeccionando un relato que alterna momentos de genuino humor negro torcido con intensidad visual, sangre y violencia. Radcliffe sobresale como un histrión mucho más solvente de lo que manifestó usando la túnica de Harry Potter y la cinta, aun con sus baches narrativos y momentos de forzado lirismo, entretiene e incluso conmueve. Vale la pena lidiar estos “cuernos”, sobre todo porque no todos se sentirán cómodos al ver al otrora mago amigo de los niños haciendo cosas… perversas.
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