Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Un romance de alta costura

El director Paul Thomas Anderson, nacido hace apenas 48 años entre la cinematográfica aridez del estado de California, es una de esas bienvenidas anomalías del cine norteamericano, pues ha domado cualquier ímpetu de convencionalidad manteniéndose al margen del cine industrial para desarrollar una visión autoral que partió de sus inquietudes por examinar con inquietud casi entomológica a su ecosistema cultural, escudriñando la psique del norteamericano promedio para localizar sus manías y motivos que lo orillan a un estado de descomposición existencial e intelectual. “Sydney: Juego, Prostitución y Muerte” (1996), su ópera prima en el terreno de los largometrajes, muestra el origen de su oficio sustentado en la mesura narrativa donde los policromáticos personajes, en este caso una equilátera relación entre un jugador de cartas veterano llamado Sydney (Philip Baker Hall), un marginado de nombre John (John C. Reilly) y una camarera/prostituta conocida como Clementine (Gwyneth Paltrow). El resto de su filmografía mostraría una transición pantónica que nos llevaría desde una lírica visceralidad (“Boogie Nights”, “Magnolia”) a la incisiva mirada de un antropocentrista reflexivo (“The Master”, “Vicio Propio”). Ahora, con su más reciente película titulada “El Hilo Fantasma”, revela un nuevo tono en su matiz narrador que manifiesta una madurez discursiva a la par de sus preocupaciones como esteta post-posmoderno.
La cinta logra trascender tanto por la meticulosa y plástica dirección de Anderson como por el fino trabajo del cuadro de actores, liderados por un Daniel-Day Lewis que se saborea hasta el sacio en su magnífica interpretación tanto por su probada calidad histriónica como por ser éste su último papel para cine después de su anunciado retiro frente a las cámaras. La historia, ubicada en el Londres de la década de los 50’s, se estiliza a conveniencia de la misma trama, pues ésta gira en torno a Woodcock Reynolds (Lewis), un diseñador haute couture aclamado por la sociedad británica y solicitado por la nobleza y la crema y nata londinenses. Su vida transcurre en la más absoluta minuciosidad donde cada detalle, desde sus absorbentes sesiones de diseño hasta el desayuno, obedecen a sus milimétricos designios, casi de forma análoga a la construcción visual y narrativa que realiza el mismo Anderson. Reynolds discurre su existencia con su hermana Cyrill (la formidable Lesley Manville), hasta que conoce a Alma (Vicky Krieps dándole batalla protagónica al mismo Lewis), una mesera en quien ve no sólo un prospecto romántico, sino una modelo ideal para lucir sus creaciones. Conforme avanza la dinámica entre ellos, atestiguamos un enfrentamiento de voluntades, pues mientras Reynolds procura que el mundo se acomode caprichosamente al suyo, Alma muestra voluntad propia e incluso amplia capacidad de individualidad en una sociedad que no admitía la tenacidad femenina. La forma en que se genera esta descomposición emocional, sólo para reconstituirse en una experiencia vivencial diferente para ambos protagonistas, es fluida e intensa, donde la fuerza brota se concentra en las palabras o el elocuente lenguaje corporal de los actores más que en gritos o desplantes arrebatados. Aún así, encontramos rasgos de la mencionada visceralidad de Anderson en algunas escenas, destacando aquella en la que Alma pretende sorprender a Reynolds con una cena íntima y solitaria, sólo para verse despechada ante el disgusto del diseñador por lo que él considera “una emboscada”. Tales elementos únicamente añaden capas y texturas a la psicología del relato, como si el mismo Anderson cortara y zurciera primorosamente una prenda que sólo el espectador puede lucir en su imaginario, para su deleite y gozo cinéfilo.
“El Hilo Fantasma” es, indudablemente uno de los mejores trabajos tanto de Daniel-Day Lewis como de Paul Thomas Anderson, creando todo un festín en términos sensoriales para llenar la vista con la soberbia fotografía saturada en tonos pastel y paisajes evocadores del mismo Anderson, la inspirada música de Jonny Greenwood y unas actuaciones genuinamente memorables. De lo mejor que podrá encontrar en cartelera este fin de semana.

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