RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El lunes pasado vimos un verdadero espectáculo político, un nuevo rito. Empezamos a ver cosas muy diferentes, desde la irrupción elogiosa de Videgaray a la persona de Meade. La semana pasada yo señalaba que no había sido un destape, y no lo fue. Dije que había sido un apoyo visible que tenía como finalidad tomar la temperatura de un fenómeno posible. Y cuando eso ocurrió todo mundo habló de Videgaray, pero nadie censuró abiertamente la posibilidad de que Meade fuera el candidato del PRI, al cual no pertenece. El efecto de ese “capotazo” de Videgaray a Meade dio muy buenos frutos para palpar un poco la opinión afuera. Y la opinión afuera fue notoriamente favorable para Meade, cuyos, para usar el lenguaje de los encuestadores, positivos hoy pesan más que sus negativos. Ostensiblemente es un hombre al que hasta este momento nadie, ni siquiera los opositores más recalcitrantes del PRI le han dicho que es un corrupto o deshonesto. No le han dicho nada negativo. El asunto del procedimiento por el cual un Partido llega a la criba de las aspiraciones de sus militantes, es un asunto que le compete al Partido, no le compete a nadie más, es asunto de ellos, de sus estatutos, de sus militantes, de sus disidentes, etc. ¿Pero los de afuera? Pues que los de afuera opinen lo que quieran porque los únicos cuya opinión cuenta son los electores y los votantes, no los opinócratas. Y en cuanto a este recurso tan fácil de decir que estamos viendo otra vez el viejo ritual del PRI de toda la vida, me parece que hay una pequeña dosis de amnesia en quienes así opinan, porque en esta ocasión no vimos una pasarela, ni vimos un TUCOM, ni vimos hacerse de la candidatura al Presidente del propio Partido como ocurrió con Roberto Madrazo. Y en esta ocasión no vimos a un candidato perceptible, visible y ganador cinco años antes de que fueran las elecciones como lo vimos con Enrique Peña Nieto. Hoy vemos que el ritual priísta se ha ido modificando conforme el tiempo se lo ha ido pidiendo y se lo ha ido exigiendo. Hoy el dedo del cual todo mundo habla mal, no apuntó al que iba a ser el candidato; el dedo el lunes apuntó al que no iba a ser. Y por eso con una unanimidad que muy bien habla del manejo de los medios de información, los principales periódicos nacionales. Todos se fueron con Osorio para decir que Osorio no va a ser. Entonces el dedo señaló al que no y por decantación se quedaron con el que sí. Horas después vimos a un señor que fue a renunciar a su trabajo y después fue, en contra de la tradición priísta de la “cargada”, a los sectores que conforman el PRI, no como tradicionalmente ocurría que irrumpían en su casa, en su oficina. Histórica fue la bufalada en Bucareli cuando fue “destapado”, aquí sí “destapado” el “tapado”, Luis Echeverría. Era una cosa que toda la calle estaba atascada de simpatizantes con matracas y chamarras gritando porras a su candidato. Hoy no son los mismos usos, no es el mismo método, todo esto tiene una serie de matices. Nunca se había dado el caso de que se instalaran dos mesas de registro. Una mesa para militantes y una más para simpatizantes. Meade se va a registrar en la de simpatizantes y en la otra quien se registre tendrá que reunir unos requisitos internos del Partido. ¿Por qué? Porque pertenece al Partido, y el otro pertenecerá al partido pero después y se irá a registrar en su calidad de simpatizante.

Creo que la inercia del análisis le está ganando en muchos casos a la objetividad del análisis. Finalmente la decisión no fue anunciada por el Presidente, fue sancionada por el Presidente, originada en el pensamiento presidencial y en el pulso que él tomó del Partido y del país y entonces se decidió por un señor que hasta el día de hoy lo vemos como un hombre que es bien visto por la mayoría de la sociedad. ¿Qué le va a pasar en la campaña? Depende quién le coordine la campaña. Si se la coordina Nuño va a tener graves problemas.

Quien ya se refirió a Meade fue Andrés Manuel López Obrador. Reaccionó de inmediato con sus dichos venenosos, pues ve al futuro candidato priísta como un enemigo en potencia. La realidad es que yo no creo que las campañas presidenciales y las campañas políticas tengan por obligación que ser un duelo de cortesías o un intercambio de buenas maneras, pero vale la pena empezar a ver como los mexicanos estamos ya tamizando y tiñendo de alguna manera el lenguaje que nos espera en los próximos meses. Evidentemente la sonoridad mayor en las palabras de los candidatos le toca, como siempre, a Andrés Manuel López Obrador quien siempre se ha caracterizado por hablar como le gusta al pueblo que le hablen: de manera directa, de manera pícara, de manera a veces hiriente, con sarcasmo, con ironía, y bueno pues ya estamos muy cerca de aquellos tiempos de: “¡Callate chachalaca!”, pero ya no es el cállate chachalaca, ahora es el “señoritingo”  y también el “títere” el “pelele”, o sea adjetivos que ya habían sido utilizados en otras ocasiones de otra manera, pero siempre dentro de su línea en donde se mezcla un poco esta cosa un poco clasista, pues yo no veo cual sea la diferencia del clasismo reprobable entre alguien que le dice naco al naco, y otro que le dice pirruris o señoritingo a quien no pertenece a esa parte del pueblo bueno con la cual siempre el populismo se identifica. Pero en fin. También están las expresiones populacheras y algunas hasta sacadas del cancionero popular, recuerdo el cancionero Picot, que utiliza por ejemplo Miguel Ángel Mancera quien dice que “no es importante llegar primero sino que hay que saber llegar”, y que en cuanto las cosas empiecen a llegar ya se verá “de que cuero salen más correas”, presumiendo que de su cuero saldrán correas mucho más amplias y más resistentes que de los otros aspirantes a candidatos. También tenemos al esquirol panista Ernesto Cordero llamándole incendiario y pirómano y de que tiene fama de cerillo en la pradera a Ricardo Anaya: “Todo lo que toca Anaya lo incendia, lo prende, por eso le dicen cerillo” dice Cordero.

Todo lo anterior nos indica que ya estamos en la plena actividad verbal de las campañas. ¿Que son campañas majaderas? A veces. ¿Que son campañas de poca cortesía? A veces también. ¿Que no hay una elegancia británica? Pues no, porque no somos británicos. Los mexicanos somos como somos y decimos las cosas supuestamente para que nos entienda la mayor cantidad posible de personas, pero contrasta con toda esta actitud el reposo verbal con que Meade habla de los demás, ahorita; vamos a ver cuando le sigan, para usar una frase como las de los políticos, picando los ijares a ver si no respinga y corcovea. Vamos a ver. Pero por lo pronto Meade hoy todavía prudente, sosegado, que no levanta la voz. Vamos a esperar, porque las campañas cambian a las personas. Al final de cuentas esto también es un gran teatro.

 

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