Luis Muñoz Fernández

Todos sentimos la soledad en algún momento de nuestras vidas. No es extraño, porque como dijo Jacques Monod, “el hombre está solo en la inmensidad indiferente del universo”. Y nosotros lo sabemos, lo hemos sabido siempre. Si somos excepcionales, es porque somos únicos. […] Eso no significa que nuestra especie fuera la única que existió. En realidad, el linaje humano fue antaño un gran arbusto lleno de especies que surgieron de forma sucesiva en África, se expandieron a veces por otros continentes y se extinguieron posteriormente. Estas especies constituyen formas alternativas de llamarse ser humano.

Carles Lalueza-Fox. Palabras en el tiempo. La lucha por el genoma neandertal, 2013.

Svante Pääbo, científico sueco que dirige el Departamento de Genética del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, ha ganado el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2018.

Este médico y bioquímico es el mayor experto mundial en la recuperación de material genético de seres humanos que vivieron hace miles de años. Empezó extrayendo ADN de una momia egipcia y terminó por obtener material genético de fósiles de neandertales y de una misteriosa especie humana recientemente descubierta llamada los denisovanos. Su reconstrucción del genoma del hombre de neandertal ha permitido descubrir que neandertales y Homo sapiens llegaron a cruzarse y a tener descendencia.

Hago un breve paréntesis. A mí los neandertales como grupo humano me simpatizan mucho. Creo que han tenido una mala prensa por muchísimos años, al ser considerados seres torpes y atrasados, incapaces de las delicadezas culturales que hoy presumimos. Su aspecto, que proyecta una tosquedad engañosa, justifica ese desdén que hoy reconocemos erróneo, pues cada día se descubren aspectos de su vida que revelan mayores logros de los que suponíamos.

Incluso esa anatomía, su baja estatura, anchas espaldas, gran muscultura y la cabeza con frente huidiza, arcos de las cejas prominentes, gran nariz y mentón escaso, tuvo el propósito de adaptarse al clima extremadamente frío que los neandertales padecieron durante las grandes glaciaciones, pues ofrece esfericidad corporal para guardar calor. Su aspecto no era tan chocante como podríamos suponer. Si tuviésemos la oportunidad de vestir a un neandertal con ropas actuales, es muy probable que pasase totalmente despercibido en una multitud a la hora de atravesar la calle de cualquier ciudad del mundo. Así nos lo demuestra el Museo del Neandertal en Düsseldorf, Alemania:

Al ver estas reconstrucciones, ¿acaso no siente uno simpatía por nuestros antepasados?

                El jurado del Premio Princesa de Asturias ha señalado lo siguiente:

SvantePääbo ha abierto un nuevo campo de investigación, la paleogenómica, que ha hecho posible conocer la evolución reciente de numerosas especies, incluida la humana. Particularmente relevante es la secuenciación del genoma de los neandertales y el hallazgo de que genes de estos y otros humanos extintos forman parte del acervo genético de la humanidad. Sus descubrimientos obligan a reescribir la historia de nuestra especie.

Los primeros fósiles oficiales del hombre de Neandertal (costillas, huesos de las extremidades y una bóveda craneana) fueron descubiertos en una cueva del Valle de Neander, Alemania, en 1856. El profesor William King, del Queen’sCollege de Galway, Irlanda, los estudió y presentó en 1863 durante un congreso de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia. En realidad, fósiles similares habían sido descubiertos previamente en Engis, Bélgica, en 1929 y en Gibraltar, España, en 1948, pero no se les había dado importancia.

Sabemos que los primeros rasgos de fósiles neandertales en Europa aparecieron 500 mil años atrás y que hace 130 mil años, durante un período cálido, los neandertales se expandieron y coexistieron con otros grupos humanos como el hombre moderno (Homo sapiens) y, posiblemente, el Homo erectus en Asia oriental, el Homo floresiensis (llamado el “Hobbit” por su baja estatura) de la Isla de Flores (Indonesia) y los misteriosos Denisovianos de Siberia. Aunque hoy sabemos que los neandertales y los hombres modernos convivieron y llegaron a tener hijos comunes, la extinción de los neandertales sigue siendo un misterio. ¿Fueron “eliminados” por el hombre moderno como se ha sostenido por mucho tiempo? Tal vez no. Hay evidencias de que cambios climáticos tuvieron que ver con su desaparición. Una lección del pasado que pudiera anticipar nuestro propio futuro.

Hasta hace poco, nuestro conocimiento de los neandertales se basaba solamente en el estudio de las características anatómicas de los huesos fósiles, las herramientas de piedra que utilizaron y las cuevas que habitaron en Europa y Asia. Las investigaciones de SvantePääbo han enriquecido sustancialmente nuestro conocimiento de los neandertales y de nosotros mismos, de ahí que se diga que ha reescrito nuestra historia evolutiva.

Tal como lo relata Pääbo en su libro Neanderthal Man. In Search of LostGenomes (El hombre de neandertal. En busca de genomas perdidos. Basic Books, 2014), todo empezó una noche de 1996, cuando, ya en la cama, recibió la llamada de MatthiasKrings, uno de sus estudiantes y colaborador en el laboratorio del Instituto de Zoología de la Universidad de Munich, que le dijo: “No es humano”. Acababan de obtener material genético de un sujeto que vivió hace 40 mil años.

Cuando en una entrevista reciente se le preguntó cual era el límite para recuperar ADN antiguo, Pääbo contestó que él ha extraído material genético de un individuo que vivió hace 400 mil años, encontrado en la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos), España y que del permafrost, la capa de suelo permanente helado de las regiones árticas, se ha obtenido ADN de un caballo que vivió hace 700 mil años. No le parece descabellado que se llegue al límite del millón de años.

Hoy tenemos una razonable certeza de que los neandertales y los hombres modernos como nosotros se cruzaron y tuvieron descendencia fértil. Es más, los europeos actuales portamos un 4% de genes neandertales en nuestro propio material genético. Apenas estamos empezando a entender qué consecuencias tiene esta mezcla que alcanzó su punto culminante hace 50 mil años, cuando el hombre moderno se expandió a Eurasia. Se dice que los genes neandertales nos dan resistencia al frío y que también nos hacen propensos a ciertas enfermedades. Todavía nos falta mucho por saber.

En estos tiempos en los que cobra renovada fuerza la intolerancia hacia los que consideramos diferentes por su sexo, el color de su piel, por su lugar de nacimiento o por su preferencia sexual, los neandertales, nuestros primos lejanos, y seguramente otros humanos extintos más, con su innegable presencia en nuestro interior ponen en alto el valor de la diversidad y la migración: todos somos mestizos y todos somos migrantes. Lo hemos sido siempre.

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