Carlos Reyes Sahagún
Cronista del Municipio de Aguascalientes

Estaba pensando… La semana pasada me referí a esos cursos de lectura rápida que le permiten a uno leer quién sabe cuántas palabras por minuto, y comenté que no me interesaría tomar uno, esto por el placer que experimenta mi ánima con la palabra escrita, y que una práctica así disiparía rápidamente. Si me permite la analogía, es como la comida rápida.
Entonces recordé aquella imagen preciosa de Dios, creando el universo con palabras. De ser esto cierto, y teniendo en cuenta lo desordenado que anda este mundo, es obvio que el Creador no tomó uno de esos cursos, porque de otra forma sus genéticas palabras habrían sido emitidas a una velocidad tal, que esto sería un caos apocalíptico; más de lo que ya es…
Cambio de tema. La semana pasada, también, me faltó agregar que este año se cumplieron 50 de que se inauguraran las oficinas del obispado; el edificio que se agregó a la catedral en su parte poniente. Por cierto que había ahí otro edificio, viejo y ajado, en el que hubo un salón en el que se exhibían películas luego del catecismo.
También se cumplieron 50 años de que se cerrara a la circulación la calle República, y convertida en la peatonal Plaza de la República, hoy Plaza de la Convención. Fue esta una calle de una cuadra por la que entraban a la terminal los Ómnibus de México, que se ubicaba en la esquina de esta arteria y la plaza principal.
En fin. Perdone usted, indulgente lector, que vuelva sobre este tema del Seminario de Cultura Mexicana en Aguascalientes, al que ya me he referido en ocasiones anteriores pero, ¿qué quiere? Después de todo, solamente una vez se cumplen 75 años de existencia.
Este hecho propició una serie de actividades a las que ahora quiero referirme, aunque sea de manera muy general, impulsado por el deseo de dejar una evidencia escrita de lo ocurrido. La impresión general que me queda es que, en general, sería deseable que estas actividades; la posibilidad de escuchar a los personajes que vinieron en esos días de fines de septiembre y principios de octubre, a compartir su conocimiento con nosotros, debería ampliarse a otros públicos, que mucho bien haría, especialmente jóvenes.
Estoy convencido de que todos, en el medio en que nos movemos, en la familia, con los amigos, en el trabajo, tendríamos que esforzarnos por elevar el nivel de nuestro pensamiento; de nuestra conversación, y hacer a un lado tanta banalidad como anda suelta por las calles; en los medios de comunicación; en nuestras conversaciones cotidianas, etc. El objetivo sería, siempre, honrar nuestra dignidad de personas. Ya ve usted a Paco Ignacio Taibo II y su gesto vulgar, que acaba de demostrarnos que la educación y la ilustración no van forzosamente de la mano, y que de poco sirve la segunda si no se tiene la primera.
Comento lo anterior porque creo que las actividades del Seminario de Cultura a que me referiré ahora cumplieron con este objetivo.
No sé si a usted le ha ocurrido que le emociona conocer a una persona que admira, o que la admira porque la ha conocido un poco. Pues así me ocurrió a mí con prácticamente todos los personajes que vinieron a compartir sus conocimientos con nosotros.
Comenzó el festejo el viernes 28 de septiembre con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes en el Teatro Morelos –en el de Aguascalientes fue el informe del gobernador–, en el que participó el chelista Carlos Prieto, sin duda un personaje que como pocos, ha puesto a México en el mapa internacional de la música. Prieto es miembro titular del Seminario de Cultura Mexicana, y además miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, entre otras muchas distinciones.
El programa que interpretó la sinfónica se integró con música mexicana, y sin duda dio cuenta de la vitalidad de la composición de música académica en México, porque no crea que escuchamos obras de Manuel M. Ponce, Silvestre Revueltas, Blas Galindo o algún otro de los consagrados, no. Lo que la OSA nos ofreció fue obra de compositores vivos, y por desgracia insuficientemente conocidos, y aquí es importante destacar que el maestro Prieto ha realizado importantes esfuerzos para difundir la música contemporánea mexicana.
Por cierto que, al final de su doble intervención, y fuera de programa, el maestro Prieto interpretó una obra del compositor mexicano Eugenio Toussaint, titulada Bachliación, es decir, una variación sobre una obra de Bach, que lo fue el preludio de la primera suite para violonchelo solo. La variación consistió en el tratamiento jazzístico de esta maravillosa y clamorosa miniatura. Concluido el concierto, que tuvo mucho de insólito, también fuera de programa, y ya cuando la mayoría de la gente había abandonado el teatro, la orquesta interpretó Las mañanitas, en honor de María de los Ángeles López Carrasco, la fagotista.
Esa jornada terminó con un brindis en el llamado Museo de Sitio del teatro, que ofreció la posibilidad de convivir con el maestro Prieto y con el director de la orquesta, maestro José Areán. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).