El Heraldo de Aguascalientes

El fantasma que recorrió Aguascalientes

Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo.

Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa

cruzada contra ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y

Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes…

Karl Marx, Manifiesto Comunista.

Este año; este mes, se cumplen 60 del Movimiento Ferrocarrilero que vivió el país entre agosto de 1958 y marzo de 1959, y que tuvo importantes repercusiones para la vida política, social económica de México, dado que en aquella época el sistema ferroviario constituía la columna vertebral de la economía nacional, y su clase obrera, la vanguardia del movimiento obrero.

Además, en Aguascalientes las movilizaciones de aquellos días adquirieron particular relevancia, dada la importancia de la instalación fabril que existía aquí en esa época, en su momento la más grande e importante de la ciudad, en tanto generadora de riqueza, política, cultura, etc.

Lo ocurrido en aquellas jornadas determinó, en parte, el desarrollo posterior de las actividades en el taller, y por ende de la ciudad, que culminó en el cierre definitivo del centro de trabajo, en las postrimerías del siglo anterior. Tan impactante fue aquí el movimiento, que los trabajadores nunca pudieron recuperarse del golpe infringido por el gobierno, de tal manera que, de ser la vanguardia de los trabajadores, pasaron a ser la retaguardia, hasta que las matracas callaron.

¿Cómo explicar a los golpeadores del grupo político de choque Héroe de Nacozari, la venta de plazas, el robo de materiales –los canarios-, la ocupación de cargos políticos de los líderes, y otras corruptelas, sin la derrota sufrida por los rieleros insurgentes en esa época?

La verdad… Me sorprende el silencio en torno a estos hechos; la ausencia de memoria, tanto personal como institucional, para aprovechar este aniversario de décadas y traer a colación alguna reflexión que permita recuperar alguna de las múltiples lecciones que ofreció la movilización, y su aprovechamiento en los tiempos actuales.

Y lo mismo puede decirse en torno al movimiento estudiantil de 1968, que llega este a año a su cincuenta aniversario, aunque aquí no fue tan notable como en otras zonas del país. De este se ha hablado más, pero nunca lo necesario; lo suficiente, lo que aquellas jornadas merecen, por los reprimidos, por los muertos, por todos nosotros…

Aunque posiblemente no haya nada que aprender y sea hora de darle vuelta a esa y a otras páginas, e irnos de centro comercial, a entretenernos con todo lo que ahí se ofrece. No lo sé.

Este año México tendrá, por primera vez en su historia, un gobierno que al menos en el papel se presenta como de izquierda; por lo menos formalmente. Digo, porque para como anda el mundo, ya no sé qué son la izquierda y la derecha, y si en verdad existe aquella, gracias a los limitados márgenes de maniobra que permiten las circunstancias políticas y económicas. Digo, porque en última instancia se me figura que hoy en día todo es de derecha, aunque con diversos matices. Ya ve usted lo que anda sucediendo en Nicaragua, en Venezuela, en donde gobiernos pretendidamente de izquierda reprimen a la disidencia popular, etc. ¿No es eso lo que acostumbra a hacer la derecha?

En fin. En todo caso se me ocurre que quizá los resultados electorales de la pasada elección significaron la manera como la sociedad le está ajustando las cuentas al pasado, por los abusos cometidos, por la represión, por el autoritarismo, por la postergación de libertades y de desarrollo, por la corrupción, etc.

No lo sé, y es muy pronto para afirmarlo. A lo mejor es el mismo poder sombrío, corrupto, autoritario, que se ha despojado de su viejo e inútil ropaje y adquiere otro aparentemente nuevo para poder seguir adelante, o a lo mejor efectivamente nos encontramos ante un antes y un después de todo aquello. ¿Cómo saberlo? En fin, que yo no me iría gozosamente con la finta a propósito de lo ocurrido el mes pasado, y estoy convencido de que deberán pasar, por lo menos, unos seis años, para saber si efectivamente la pasada elección fue un ajuste de cuentas con el pasado, la ansiada oportunidad de algo mejor que muchos esperamos. A ver si no resulta que en dos o tres años el optimismo termina convirtiéndose en desilusión y frustración; ojalá y no.

En otro orden de ideas, quiero recordar ahora –al final amarraré lo escrito hasta aquí con lo que viene, e incluso quedará claro el sentido del título de estas líneas-, un coloquio que organizó en 2007 el entonces flamante Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura, animado por su fundador, Andrés Reyes Rodríguez, en el que quienes expusimos un tema fuimos invitados a reflexionar sobre algún aspecto de la identidad de los aguascalentenses.

De hecho el coloquio llevó como título el juego de palabras Identidad-es (Identidades)… Meses después, el evento tuvo como secuela la publicación de un librito en el que constaron los trabajos presentados.

En fin. A lo que voy es que yo presenté en el coloquio un trabajito cuyo título fue precisamente el que encabeza estas líneas, con las que parafraseo el famoso inicio del Manifiesto Comunista de 1848, escrito por Marx y Engels.

Ahí intenté formular una especie de tipología de lo que podría denominarse como “la manera de ser dominante de los aguascalentenses”, y en la que constaba lo qué era bien visto ser; lo que se veía con indiferencia y, finalmente, lo que de plano resultaba reprobable.

En este lado del espectro cultural estaba, precisamente, ser comunista, y precisamente de eso fueron acusados los trabajadores ferrocarrileros, la mayoría de las veces para de esta forma descalificar su lucha, y sin que tuvieran idea de lo que eran los materialismos histórico y dialéctico; ese fue el fantasma que recorrió Aguascalientes.

Teniendo en cuenta este 60 aniversario del movimiento ferrocarrilero, en las próximas entregas publicaré el ensayo que originalmente apareció en aquel librito, en memoria y homenaje de aquella gente. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).