Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

La verdad, los relajistas,

han encontrado “su modo”,

amparados en que todo

se atribuye a comunistas.

Mano roja tras de los disturbios,

epigrama de Mendizábal con motivo del movimiento ferrocarrilero.

El Sol del Centro, 1 de septiembre de 1958.

Uno de los elementos positivos en el discurso dominante de Aguascalientes en el siglo XX, fue el ferrocarril. Todo el mundo aquí se sintió orgulloso no sólo de este medio de transporte y de sus instalaciones fabriles, las más importantes de la ciudad, sino también de sus trabajadores. Muchos lo fueron, y quienes no, seguramente tuvieron un pariente en alguno de los departamentos del taller.

Cada día el establecimiento cobraba vida gracias a la acción entusiasta de los obreros, personajes siempre queridos; siempre admirados, capaces de los más altos sacrificios. Además estaban las figuras legendarias, Cornelio Cerecedo, El Elegante, Ventura Salazar…

Los ferrocarrileros… La vanguardia de la clase obrera, los que hacían suyas las mejores causas de Aguascalientes, desde apoyar a alguna candidata a reina de la feria, hasta repeler la injusticia del gobierno; desde dar su aval a los trabajadores de alguna pequeña empresa en su lucha contra el injusto patrón, hasta ser protagonistas de las más grandes hazañas beisboleras en equipos legendarios como Caldereros 903.

Los ferrocarrileros… Eran los chorreados; los que traían la ropa sucia de grasa, pero el alma limpia; los que con su esfuerzo daban vida a la ciudad; a su comercio. De ellos Jesús Reyes Ruiz cantó sus glorias en el Romance de los cuatro barrios: “La fragua, el yunque y el viento…/¡Cómo cantan los silbatos!/Ay, cómo vibra el acero!/Azul de noche y montaña/el azul de los rieleros;/un azul empavonado/que relumbra como nuevo./La grasa les ilumina/el rostro, con luz de incendio;/sus encallecidas manos/crispadas doman el hierro,/y comunican su impulso/al impulso de los émbolos”.

Pero llegó el día… Hubo un día aciago, en que ellos mismos echaron por la borda esta imagen y se lanzaron a la aventura, impulsados por las fuerzas oscuras del comunismo, esto según el discurso dominante. En 1958 los trabajadores lucharon por un incremento salarial y por la democracia sindical, en una serie de jornadas que fueron subiendo de tono, hasta llegar a la paralización general de actividades por lapsos de una a ocho horas, en diversos días de los meses de junio, julio y agosto de ese año.

Desde luego no fue esta la única ocasión en que el fantasma del comunismo hizo su aparición en Aguascalientes, pero sí la más intensa y abundante. A continuación me referiré a algunas ideas que se manejaron durante el conflicto, referidas a la intervención de supuestos agitadores comunistas, y las reacciones que produjeron.

El 28 de mayo de 1958 El Heraldo de Aguascalientes publicó en sus ocho columnas el siguiente encabezado: Células comunistas tratarán de agitar durante la sesión de hoy en el Sindicato Ferrocarrilero.

En la nota el periódico informó que cansados de la agitación y discordia que entre el gremio ferrocarrilero vienen desarrollando desde hace tiempo elementos de filiación comunista, varios trabajadores se dirigieron hasta este diario para exponer las operaciones tendenciosas que se realizan para hacer fracasar la solicitud de aumento de salarios solicitados a la Empresa.

Los principales instigadores de este movimiento eran Antonio Pérez y Rafael Díaz Morán, quienes a su vez estaban siendo aconsejados por los agentes comunistas en Aguascalientes Francisco Arriaga, Francisco Zavala y Francisco Parra, quienes les impartían instrucciones de México.

Los fines que perseguían estos elementos “rojillos” eran provocar una escisión entre los mismos trabajadores y que fracase el movimiento iniciado por aumento de salarios en todo el Sistema.

Los agitadores eran acusados de pretender disolver la sesión que se realizaría ese día, y en la que se darían a conocer los logros alcanzados en materia salarial por la representación de la Sección Dos en la Convención Nacional, respecto de los aumentos. Además se les acusaba de distribuir volantes en los que se decía una serie de barbaridades y se ataca al sindicato y la empresa.

El periódico agregaba que los trabajadores no habían escuchado estas publicaciones, ni a los agitadores: los tienen bien clasificados pues de nadie es ignorado que ellos fueron los que provocaron y cometieron el asalto a las oficinas del Sindicato Ferrocarrilero cuando estaba al frente de la Sección Dos el Charro Díaz de León.

Luego, al día siguiente de la asamblea el diario señaló que la infiltración de rojillos se comprobó cuando, al hacer uso de la palabra, los izquierdistas Rafael Díaz Morán y Antonio Pérez Enríquez, pretendieron instigar a los trabajadores a actuar con violencia, llegando hasta la idea descabellada de proponer el emplazamiento de huelga a la empresa… en caso de que esta no responda afirmativamente a las peticiones de los rieleros. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).