Carlos Reyes Sahagún / Cronista del Municipio de Aguascalientes

La semana pasada, al esbozar los principales elementos del discurso dominante en la primera mitad del siglo anterior –e incluso después–, incluí entre ellos el culto a la Virgen María en sus advocaciones de Guadalupe, Nuestra Señora de la Asunción, o Nuestra Señora de Aguascalientes, y la Virgen de San Juan, en ese orden de importancia. Es obvio señalar que este culto está relacionadocon la veneración de las imágenes que las representan, tal y como constatamos cada año en el transcurso de las fiestas patronales.

Recuerdo esto ahora porque, de seguro usted se enteró, el martes pasado, 4 de septiembre, un hombre –lo han llamado fanático, bandido– entró en el templo de Nuestra Señora de San Juan, en la colonia san Pablo, y destruyó la imagen.

¿Qué significa esto? ¿Qué situación propicia que una persona cometa un acto de este tipo? Uno puede, y supongo que ha ocurrido siempre, encogerse de hombros ante una imagen, concluir que se trata de madera, pintura, etc., pero al mismo tiempo sentir respeto por lo que representan, esto en contraste con “lo normal”, la casi adoración que profesan muchas personas (siempre me ha intrigado la actitud de algunas personas, que se acercan a las imágenes de santos, les acarician una parte, la cabeza, una pierna, y luego pasan la mano por una parte de su cuerpo. ¿Por qué hacen eso; qué creen que sucederá con ese acto?)

En fin, que puede ocurrir esto y más, o menos, pero de eso a destruir la imagen, hay una enorme distancia, y a reserva de profundizar sobre ello, creo que se trata de un hecho inédito.

¿Qué significa este acto? Me encantaría conversar con ese hombre, conocer las motivaciones que lo llevaron a semejante acto, su cultura, etc., y de esta forma explicarme lo ocurrido. El cuestionamiento mantiene su vigencia. Por mi parte, lamento no tener luces suficientes para proponer una explicación satisfactoria; debidamente fundamentada e informada. Y, sin embargo, me atrevo a señalar lo más obvio: que se trata de una evidencia del cambio cultural que vive Aguascalientes, la muestra de que lo que fue valioso en el pasado, por diversas razones, dejó de serlo. Cambió el discurso dominante.

He aquí que una imagen que algunas personas consideran “sagrada”, alguien la destruye, es decir, desconoce esta naturaleza, y lastima a aquellos.

En fin. De regreso al tema que me ocupa señalaré que los elementos considerados como permitidos, se mezclaron para producir una especie de País del Nunca Jamás, cuyos felices habitantes vivían un perpetuo idilio con Dios, la Patria, la Matria, el ferrocarril, el Jardín de San Marcos y la reina de la Feria.

Pero al igual que en el cuento de Peter Pan, en donde había una zona del mal, la Isla de la Calavera, que albergaba a los malvados piratas, Aguascalientes también contaba con su lado oscuro. Ahí estaba lo malo, lo que no debía ni podía tolerarse y había que aislar y/o suprimir, para de esta forma evitar el contagio y el riesgo de corrupción social.

En esta dimensión se ubica, por ejemplo, el ateísmo, aunque resultara muy difícil de localizar y probar, ya que nadie en sus cinco sentidos tendría la temeridad de proclamarlo salvo, quizá, el abogado Aquiles Elorduy (1876-1964), a quien se le toleraba esta postura, e incluso era vista como algo pintoresco; una curiosidad, gracias a que hacía gala de importantes virtudes cívicas que lo convirtieron en un personaje ejemplar.

Parientes cercanos del ateísmo fueron el comunismo y la masonería, si bien es cierto que en el caso de este último la vox populi creía que para ocupar algún cargo de elección popular, digamos diputados, senadores, gobernador, forzosamente se debía ser masón. De hecho por lo menos el Dr. Alberto del Valle (1940-44) lo fue. Prueba de ello fueron las esquelas publicadas con motivo de su fallecimiento, en El Sol del Centro, 25 de Noviembre de 1947.

El Dr. del Valle pertenecía a la Respetable Gran Logia Independiente de Aguascalientes, rito nacional mexicano, en la que fue ilustre y poderoso hermano GR… en triángulo 32. En esa misma edición se publicó la esquela tradicional en Aguascalientes; la que informa que murió en el seno amoroso de nuestra santa madre la Iglesia Católica.

Entre los extremos señalados, existieron también otros elementos de cosas que resultaban impropias; posturas no tan correctas, pero que se toleraban.Quienes se ubicaban en estos elementos estaban equivocados en sus visiones; en sus militancias. Eran personas equivocadas susceptibles de ser redimidas. Aquí entraban, por ejemplo, profesar alguna de las opciones de protestantismo presentes en la ciudad, traídas por los ferrocarrileros estadounidenses a principios del siglo, o militar en algún partido de oposición, el PAN principalmente, pero también el Partido Popular de Vicente Lombardo Toledano, siempre y cuando se mantuviera como firme aliado de los gobiernos de la revolución, a los que veía como regímenes progresistas.

A propósito del PAN, posiblemente sea el ejemplo más claro de un elemento que en los años noventa cambió de signo de manera espectacular. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected]).