El Heraldo de Aguascalientes

El fantasma que recorrió Aguascalientes

Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo.

Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa

cruzada contra ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y

Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes…

Karl Marx, Manifiesto Comunista

A principios de los años ochenta del siglo pasado impartí dos cátedras en la carrera de Sociología, en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, que en el programa de estudios de dicha carrera estaban inscritas con el nombre de Autores Sociológicos.

Si la memoria no me engaña, había unas seis asignaturas con ese título, y estaban dedicadas a la exposición de las ideas de los principales teóricos de esta disciplina de las ciencias sociales. Las dos que impartí se referían a los autores principales del pensamiento socialista, Marx, Engels y Lenin, principalmente, y si había algo de tiempo Trotsky, Gramsci y hasta el siniestro de Stalin.

Aclaro que las materias en cuestión tenían que ver, no con aspectos relacionados con la militancia política, sino con el método de análisis de la realidad que algunos de estos pensadores habían enunciado, y que aún con todos los desvaríos de que hemos sido testigos, los hundimientos y los ascensos, los totalitarismos; aún con todo eso y más, creo que como método de análisis social mantiene algunas de sus virtudes.

En fin. En una ocasión llegó a mi clase un estudiante dispuesto a resistir, es decir, vino preparado para evitar el aprendizaje de todo lo relacionado con esta temática, quizá pensando que de ello; de esta ignorancia, dependía la salvación de su alma…

Era como si el marxismo fuera una especie de enfermedad mortal de la que hubiera que cuidarse; una invención demoníaca tremendamente contagiosa, este joven aspirante a sociólogo permaneció impermeable a todo lo analizado en los cursos. Nunca participó, y sin embargo presentó exámenes y trabajos que le permitieron aprobar.

Quizá durante esos semestres, y para evitar cualquier contaminación con lo que se exponía; con lo que debió estudiar y aprender, estuvo diciéndose a sí mismo: no es cierto, no es cierto, no es cierto…

Me parece que esta anécdota es ilustrativa de una manera de pensar que tuvo cierta relevancia en Aguascalientes durante buena parte del siglo pasado, con todo y ridiculez, y si esto ocurrió a principios de los ochenta, cuando en México el Partido Comunista Mexicano estaba legalizado por obra y gracia del gobierno del presidente José López Portillo; cuando hacía tiempo que había egresado la primera generación de sociólogos de la UAA, algunos de los cuales debieron afrontar acusaciones de ser comunistas, debido a los autores que estudiaban y, sobre todo, cuando en Aguascalientes habían comenzado a ocurrir una serie de transformaciones en la economía, la sociedad, la política y la cultura, que significaron una apertura en las formas de pensar, bien podemos imaginar lo que algo así habrá significado en los años duros de la guerra fría; los años en los que la llamada ideología de la revolución mexicana fue casi única, sin tolerancia de ninguna otra, como ocurrió en los primeros años del México independiente con la religión católica, y la disidencia era condenada y/o perseguida de diversas formas, que fueron desde el arqueamiento de cejas hasta la prisión, pasando por los movimientos condenatorios de cabeza, aislamiento, y ocasionalmente alguna golpiza.

A propósito de la ridiculez, este conjunto de situaciones me recuerda una novela del escritor Alejo Carpentier, El recurso del método, que es como un tratado literario de lo que fueron las dictaduras militares en la América hispánica … Hay un momento en que la policía atrapa a un opositor, que llevaba algún ejemplar de El Capital de Marx. El libro llega a las manos del dictador, quien lo hojea y se encuentra con la teoría del valor, las fórmulas que el economista utiliza para explicarla, aquello de dinero mercancía dinero, etc. Finalmente, el señor presidente decide que no entraña ningún peligro para su poder, y que no hay por qué prohibir la circulación del volumen, al tiempo que exclama: a mí no me van a tumbar con formulitas. Así sucedía aquí con este asunto del marxismo, pero al revés. Mientras aquel personaje del novelista cubano no creía que leer a Marx fuera causal de una revolución, aquí estudiar esas cosas era ya un acto de subversión. Ahora a nadie le importan estas cosas, pero en aquella época aquel fue El Fantasma que recorrió Aguascalientes…

Las transformaciones económicas y sociales iniciadas a principios de la penúltima década del siglo pasado tuvieron un impacto profundo en lo que podría denominarse como el sistema de creencias que sostienen los aguascalentenses; aquellas que dan pie a una determinada visión del mundo y de la vida, y que guían su conducta.

Entonces, con la llegada de personas provenientes de otras latitudes, la capital del país principalmente, llegaron también otras ideas y costumbres, para mezclarse con las locales y producir otras mentalidades, menos homogéneas y cerradas que en el pasado; más dinámicas. En algunos casos las viejas formas de pensar mantuvieron su vigencia, en tanto que otras se volvieron anacrónicas y cayeron en desuso; es el caso del anticomunismo, característico de esa época, que terminó en el basurero de la historia, empujado por la disolución de la Unión Soviética y del bloque soviético, caída del muro de Berlín incluida. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).