Por: J. Alejandro Aizpuru Zacarías

 

Un tema que ha ocupado las agendas de varios países a lo largo de la historia <en especial las de México y los Estados Unidos de América>, es sin duda, el problema migratorio; sin embargo, ésta problemática va más allá y requiere de mayor atención, cuando los migrantes son niñas y niños que transitan a lo largo del territorio solos <muchos de ellos en busca de reunirse con sus padres> con el único fin de encontrar un porvenir más próspero.

México es un país de origen, tránsito y destino de migrantes, es por ello, que el asunto debe ser parte de la agenda gubernamental y tratarlo con la seriedad y urgencia que el tema amerita.

De acuerdo con datos proporcionados por el Colegio de la Frontera Norte, se tiene registro de la detención en Estados Unidos de 46 mil 188 menores que ingresaron a ese país sin sus padres durante los últimos ocho meses; de los cuales, 11 mil 577 de los menores detenidos son mexicanos; 13 mil 282, hondureños; 11 mil 479, guatemaltecos, y nueve mil 850 más, salvadoreños.

El aumento ha sido tal, que solo durante el año 2014, el total de menores deportados equivale al 45 por ciento de las deportaciones de menores hechas en los últimos cinco años.

Cifras como estas son alarmantes, pero resulta más alarmante aún, a lo que las niñas y niños se enfrentan cuando deciden viajar solos. La gran mayoría de las ocasiones, cuando los menores no son obligados a emigrar, ellos toman esa decisión primeramente, por el deseo de reunirse con sus familiares, en segundo término por el deseo de mejorar su nivel de vida y, por último, por el deseo de escapar de la violencia que existe en su entorno social y familiar, sin saber que posiblemente caigan en las garras de grupos u organizaciones criminales.

Cada día es más frecuente la contratación de traficantes de personas, quienes ponen en peligro la vida de los niños y las niñas, quienes en éste éxodo sufren graves y constantes violaciones a su integridad física y a sus derechos humanos. Los niños y niñas migrantes son susceptibles de sufrir accidentes, algunos fatales, o bien son enganchados a redes del crimen organizado; muchos son sometidos a explotación sexual o laboral; la gran mayoría, sufre maltrato por parte de las instituciones en el momento de la repatriación, otros en el peor de los casos, inclusive, pierden la vida. Este permanente estado de violación de derechos, es alarmante y ha generado un estado de alerta nacional e internacional, prueba de ello y digno de aplaudir, es el punto de acuerdo propuesto por la Diputada Federal Teresa Jiménez Esquivel, y avalado por unanimidad por todos los Grupos Parlamentarios <no es para menos> mediante el cual, se exhorta al Gobierno Federal a convocar a una cumbre con la participación de México, Estados Unidos, Guatemala, Belice, Costa Rica, Honduras, Nicaragua y El Salvador con el propósito de emitir una declaración conjunta para garantizar los derechos de las niñas y niños migrantes no acompañados.

Dentro del acuerdo, se hizo un llamado a la Secretaría de Relaciones Exteriores para promover políticas comunes con las referidas naciones a fin de asegurar mejores condiciones de vida y revertir la violencia y la inseguridad ocasionada por la expulsión de menores de sus lugares de origen, impulsando mecanismos e instrumentos para abordar el problema desde un punto de vista humanitario.

Acciones como estas debieran ser el “pan” de cada día por parte de nuestros legisladores, y no por el contrario, corruptelas, pachangas estilo bacanales, moches y demás. Esperemos y el día de mañana, tal y como lo juraron, cuando el Pueblo se los demande, se pregunten: ¿cuántos menores han muerto a manos del crimen organizado?, ¿cuántos menores han sido enganchados por organizaciones criminales?, ¿cuántos menores han sido víctimas de trata?, y ¿qué hicimos para evitarlo?.

Lamentablemente no existen datos sobre esta terrible situación, sin embargo, es un deber de todos nosotros <en especial de nuestros gobernantes>, velar por la protección de los derechos de todos las niñas y niños, y no solo preocuparse, sino ocuparse y realizar acciones concretas para garantizar la seguridad de todos los que transitan por nuestro país.

Quiero enviarle un abrazo fraternal, a Don Asunción Gutiérrez Padilla, por el fallecimiento de su Señora Madre, y expresar a toda su distinguida familia mis condolencias por tan irreparable pérdida.

 

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