Remontémonos alrededor de dos años y medio atrás. El 24 de junio del 2016, el referendo celebrado en el Reino Unido, consagraba su salida de la Comunidad Europea. Con una histórica participación ciudadana del 72 por ciento, poco más de la mitad (51.9%), decidieron que su lugar se encontraba afuera de la eurozona, de la cual llevaban décadas de pertenecer a ella. Quienes tuvimos la oportunidad de estar en aquella región tal día, vivimos una experiencia sin precedentes. Una profunda incertidumbre sobre lo que se avecinaba, reinaba sobre los cantos victoriosos del llamado Brexit. Ese mismo día, la libra esterlina sufría una caída abrupta a su nivel más bajo desde 1985.

Los profundos engaños presentados, obligaron al entonces primer ministro, David Cameron, a dimitir a su puesto y dejar en manos de alguien más la negociación de la salida. Veamos.

La idea de la salida del Reino Unido, fue impulsada por Cameron desde su campaña de relección en 2015. Argumentaba que de las cuatro libertades fundamentales que existen para los países miembros de la UE – ciudadanos, mercancías, servicios y capitales-, eran sus fronteras el tema que más preocupaba. Una serie de atentados terroristas, venían originados por la falta de control en sus fronteras; aunado a los altos índices de migración con los que cuenta.

Tan sólo en 2017, aproximadamente 630 mil extranjeros se establecieron en la región. En los últimos 25 años su población ha ido de 57 millones a 65 millones a pesar de que el índice de natalidad está por debajo del punto de equilibrio. Cameron denunciaba que esta migración masiva, pudiera generar desequilibrios en su economía, la cual había generado más trabajos que toda la Unión Europea.

Se referenciaba el lastre de cargar con algunos países de la Unión Europea – Italia, Grecia-, que solo detenían el crecimiento económico de la nación insular; y que los principales beneficiados de las medidas de austeridad impuestas, eran los bancos franceses y alemanes, no los británicos.

Al igual que estas aseveraciones, muchos de las justificaciones del entonces Primer Ministro manifestaban que la región pudiera ser más fuerte de manera individual. Se vendió circo a determinada parte del pueblo, y ellos, con profundo desconocimiento, lo compraron.

Los ciudadanos británicos desconocían que el PIB por habitante se ha duplicado, superando el de otros países de habla inglesa no miembros de la UE.

Desconocían que, al salirse se perdería el libre acceso a la Unión Europea, así como a otros 53 mercados no miembros de la UE.

Desconocían que, la inmigración ha representado la mitad del crecimiento británico desde 2005, con la creación de dos millones de empleos.

Desconocían que, al salirse se generaría un choque financiero a su economía, produciendo una fuerte depreciación de la libra frente a las principales monedas.

Desconocían que, al salirse pasarían a ser, exclusivamente, miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de sus reglas, teniendo que pagar aranceles elevados y otras barreras para poder acceder al mercado único.

Desconocían que, al salirse la negociación de los nuevos términos comerciales con cada uno de sus socios, les tomaría mucho tiempo, además de la desconfianza que se respiraría en la misma. Estas variables, con base a información del Oxford Economics, para el 2030 el PIB británico seria un 5 por ciento menor y su riqueza neta 4 por ciento menor que la acumulada de permanecer en la Unión Europea. La incertidumbre que se vive sobre el Reino Unido, es de tal calibre que tendrá efectos muy negativos sobre la creación de empresas, la inversión, el empleo y por ende en su crecimiento económico. La fecha que tiene la primera ministra, Theresa May, del 29 de marzo para llegar a un acuerdo en el parlamento, parece imposible. Con el pasar de los días, las oficinas de Bruselas son menos tolerantes con esta indecisión y pudieran dar un golpe definitivo a este tema.

Con el tiempo, las falsas ideas populistas, tienden a ser caóticas para los pueblos que son engañados.

Al menos al pueblo británico, se les presentará un nuevo referéndum en el cual podrán revertir la decisión y buscar minimizar el daño originado. Ojalá todos los países tuviéramos esa segunda oportunidad.

 

Referencias:

 

 @GmrMunoz