David Reynoso Rivera Río.

Paradójicamente tras el triunfo electoral del pasado 1 de julio, el equipo de campaña del candidato de MORENA y el propio Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, han comprendido de manera “inexplicable” que el ejercicio del poder no es ni será algo que mágicamente pueda transformar un municipio, un estado y mucho menos un país. Por lo anterior, han tenido que dar un cambio radical en cuanto a sus principales propuestas de campaña, explicando o intentando explicar a la ciudadanía  la inviabilidad que tienen aquellas propuestas que enarbolaron su proyecto.

Me permito mencionar algunas de las propuestas que independientemente del sentimiento de hastío, captaron millones de votos: la venta del avión presidencial, la cancelación de las pensiones a ex presidentes, la cancelación de la magna obra del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, el retiro de los principales aspectos impulsados en los últimos 5 años gracias a la reforma energética, la eliminación del estado mayor presidencial, detener los mal llamados gasolinazos, entre muchas otras cosas más.

Ahora, tan sólo a unos cuantos días de haber resultado electo dicho proyecto de nación, los cuadros propuestos para encabezar las áreas más sensibles e importantes de la administración pública federal han comenzado a dar declaraciones en las que prácticamente se retractan de las mágicas propuestas de campaña. De manera que tenemos al brillante aguascalentense y próximo secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos Urzúa, anunciando que el precio de la gasolina podrá seguirá incrementando en proporción a los mercados internacionales y a la propia inflación; así mismo, tenemos al propio Andrés Manuel reconociendo ante empresarios que no cancelará el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, que la economía no crecerá al 4% anual, que el Estado Mayor Presidencial seguirá siendo útil, que la reforma educativa no se derogará en lo que respecta a evaluaciones a los maestros, y que la violencia no podrá cesar en menos de tres años.

Lo anterior, pone en evidencia que la elección de un nuevo partido no es ni será la panacea  por lo que lamentablemente millones de mexicanos que depositaron su voto en aquellas propuestas sin sentido ni viabilidad financiera o política serán recordados por su ingenuidad y estarán quizá presenciando una presidencia que ocultó a sus electores su verdadera identidad bajo el afán de obtener el poder que durante más de 12 años anhelaron.

Hace una semana hablaba de nuestro rol de sociedad como contrapeso político para la mejora de nuestro entorno, por lo que considero es nuestro deber informar a todo el país el hecho de que casi una decena de promesas de campaña han quedado en el olvido a tan sólo unos cuantos días de haber sido electos. Con base en lo anteriormente expuesto, deberá el electorado analizar el sentido de su voto para el próximo proceso electoral ya que en menos de 365 días estaremos eligiendo a quienes serán nuestros próximos alcaldes y será nuestro deber evitar que el voto sin razón ni viabilidad política permita mayores engaños a una ciudadanía que está ávida de buenos gobernantes.

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