Luis Muñoz Fernández

Pero el buen científico no sólo enseña ciencia a sus estudiantes. También les enseña una actitud ante la vida. Les enseña a plantear correctamente los problemas que van a resolver y a seleccionar cuidadosamente los métodos que van a utilizar para resolverlos. Les enseña que en ciencia no hay soluciones “a priori”. Todo puede ser puesto en tela de juicio si no se ajusta con la realidad que vivimos. Enseñar a los jóvenes a razonar y a ser autocríticos es enseñarles a ser responsables de sus propios actos; a no ser dogmáticos, sino realistas; es transformar su posición de elementos pasivos a elementos activos; es enseñarles una actitud ante la vida que consideramos positiva para el progreso del país.

Pablo Rudomín. Ceremonia de entrega de los Premios de Ciencias Alfonso Caso, 1972.

Continuaremos y concluiremos en el presente escrito la reseña que iniciamos la semana pasada del Documento sobre los aspectos éticos del diálogo entre ciencia y sociedad, publicado a finales de mayo de 2018 por el Grupo de Opinión del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona.

Quedó clara la importancia de una divulgación de la ciencia para fomentar en nuestra sociedad una cultura científica que es necesaria, entre otras cosas, para fortalecer la vida democrática del país. En correspondencia, sería deseable que el público se interesase por lo que hacen los científicos, lo que generalmente ocurre de manera muy limitada. Eso a pesar de que en muchas cuestiones sociales e individuales es indispensable contar con información que tenga sólidas bases científicas.

De ahí la importancia de que, tanto en el sistema educativo como en los medios de comunicación, se forme al conjunto de la población en temas cientìficos. Es importante que esta labor pedagógica vaya dirigida también a la comprensión de la naturaleza de la ciencia y de sus métodos, de modo que los ciudadanos adopten una actitud crítica y participen en decisiones relacionadas con la investigación y la innovación.

Un aspecto primordial de este diálogo entre la ciencia y la sociedad es el financiamiento de la investigación científica. ¿Qué tipo de investigaciones se financian? ¿Quién debe financiarlas, el Estado o la iniciativa privada?:

Las motivaciones que están tras la decisión de financiar determinadas investigaciones pueden ser muy variadas: financiar aquellas investigaciones que la institución considera que pueden contribuir a la toma de decisiones públicas, financiar las que pueden resultar de mayor interés para los ciudadanos, o financiar conocimientos que ayuden a promover algún tipo de actividad económica.

En ocasiones, cuando la iniciativa privada o grupos sociales específicos promueven una investigación bajo contrato, la comunicación de los resultados puede estar restringida en los términos de ese contrato. En el caso de las investigaciones financiadas con dinero público, no sólo es fundamental la publicación de sus resultados en revistas especializadas, sino que es deseable su difusión a través de diversos medios de comunicación, en un lenguaje asequible para toda la sociedad.

Dado que la publicación de las investigaciones en revistas registradas en los índices científicos reconocidos es una manera de evaluar la calidad y la productividad del investigador y es un instrumento para su promoción profesional, la presión que se ejerce en este sentido (“publica o perece”) puede llevar a extremos como el de la invención o falsificación de estudios y resultados o conducir a la degradación del proceso de la investigación cuando se privilegia la cantidad sobre la calidad de los artículos publicados.

Crítica puede resultar la toma de decisiones políticas que depende de la información científica disponible, por ejemplo, ante una emergencia sanitaria. En estos casos es muy importante detectar y evitar los conflictos de interés, tanto de parte de los científicos que proporcionan la información, como de los medios de comunicación y de los políticos responsables de las decisiones.

En este tema, haciendo énfasis en los intereses de la sociedad y de manera resumida, las recomendaciones que propone el Grupo de Opinión del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona son las siguientes:

A la comunidad científica:

La comunicación de los resultados de la investigación es un deber ético y debe ser considerada como parte del trabajo investigador y como una exigencia para quienes se dediquen a la investigación científica:

*Que los investigadores consideren como parte intrínseca de su trabajo la comunicación de sus resultados a la sociedad en general y la cooperación con los profesionales de la comunicación y el periodismo científico, transmitiendo de forma inteligible y veraz los resultados de sus investigaciones y su significado para el desarrollo del conocimiento y la toma de decisiones sociales y personales.

*Que en los procesos de evaluación y promoción de proyectos y profesionales, la comunidad científica valore la actividad de los científicos en comunicacióny divulgación de la ciencia a los ciudadanos.

A los medios de comunicación:

En la comunicación de los resultados científicos se deben seguir los criterios exigibles a los profesionales de la comunicación recogidos en los códigos de ontológico de la profesión [códigos de ética profesional], así como lo establecido en los códigos de buenas prácticas de la investigación:

*Que se asegure la fiabilidad de las fuentes de información y que se mencione de forma explícita el origen de la información con el fin de que el ciudadano pueda conocer el valor de aquello que se comunica, además de contrastar siempre dicha información con fuentes independientes. Esto significa concebir el periodismo científico no como un altavoz de la ciencia, sino como un análisis crítico de ella, atendiendo a sus valores nucleares (investigación, denuncia, descubrimiento de hechos encubiertos, etc.).

*Que se identifiquen, en la medida de lo posible, la financiación del estudio objeto de difusión y los conflictos de intereses presentes tanto en el científico como en el medio de comunicación.

A los poderes públicos:

Poner de manifiesto la relevancia de la información científica en la toma de decisiones sobre diferentes cuestiones de relevancia social, reconocer la importancia social de la información científica y asegurar la comunicación de los resultados de la investigación para que los ciudadanos puedan participar democráticamente en el debate social:

*Que cuando se lleven a cabo consultas o se soliciten estudios sobre cuestiones con contenido científico se aseguren de que el producto final tenga los criterios necesarios de calidad científica y de imparcialidad.

*Que se implementen mecanismos sólidos de rendimiento de cuentas sobre la política científica y las actuaciones con contenido científico.

*Que el método de la ciencia y sus contenidos más relevantes estén presentes tanto en la educación básica como en los distintos niveles superiores de educación, prestando especial atención a la educación en la lectura de los medios y en la correcta interpretación de la información en las redes sociales.

*Que se promueva la utilización de los medios de comunicación públicos para conseguir niveles suficientes de formación en ciencia por parte de la ciudadanía.

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