El Heraldo de Aguascalientes

El diálogo entre ciencia y sociedad (primera parte)

Luis Muñoz Fernández

Por consiguiente, para avanzar hacia la revolución del conocimiento es necesario que por parte de todos los actores implicados se potencie la comunicación científica con el fin de lograr una sociedad con cultura científica, capaz de tomar decisiones y de opinar ante los nuevos avances que la ciencia y la tecnología seguirán aportando.

En estas circunstancias, no es tan importante que los ciudadanos tengan conocimientos sobre conceptos concretos, como por ejemplo qué es una célula madre, sino que conozcan la metodología científica y cómo se construye el conocimiento, o bien, si se quiere un ejempo más preciso, cómo se desarrolla un medicamento. Así, los ciudadanos podremos ser más críticos ante los nuevos avances y no se crearán falsas esperanzas cuando una noticia anuncie un nuevo fármaco anticancerígeno. El objetivo es, pues, caminar hacia una relación ciencia-sociedad basada en la confianza mutua.

Rosina Malagrida i Escalas. La comunicación científica, una herramienta clave en la revolución del conocimiento, c. 2014.

A finales de mayo de 2018, el Grupo de Opinión del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona publicó uno de sus influyentes escritos titulado Documento sobre los aspectos éticos del diálogo entre ciencia y sociedad, que concluye una trilogía compuesta por la Declaración sobre integridad científica en investigación e innovación (octubre de 2016) y Ética e integridad en la docencia universitaria (mayo de 2018), documentos estos dos que ya fueron reseñados en este espacio.

En la sociedad mexicana y aguascalentense, la ciencia se concibe por la mayoría de sus integrantes como una actividad elitista, de fines no muy claros, que tiene poca relación con las preocupaciones cotidianas de ciudadano común y mucho menos con la actividad política y la aspiración a una democracia mucho más plena de la que tenemos en la actualidad. Nada más errado. Como los autores lo señalan en este Documento sobre los aspectos éticos del diálogo entre ciencia y sociedad:

El objetivo de este documento es poner de manifiesto que el diálogo ciencia-sociedad es esencial para una sociedad democrática, y que constituye un componente fundamental de la actividad científica; poner de manifiesto el imperativo ético del diálogo entre la ciencia y el conjunto de la sociedad es, precisamente, la finalidad principal del presente documento de opinión.

Una razón adicional para que los ciudadanos, independientemente de nuestros gustos particulares, nos interesemos vivamente en la ciencia es el hecho de que la investigación científica requiere fondos que, en su mayor parte, provienen del erario público, es decir, de nuestros bolsillos.

Uno de los aspectos centrales de la investigación científica es que se acompaña de incertidumbre y su curso tiene avances, pero también retrocesos ya que incluye lo que se llaman sesgos, es decir, “errores o desviaciones sistemáticos de la veracidad de los resultados o de las inferencias y conclusiones que de ellos puedan deducirse”. Aunque muchos piensen lo contrario, los resultados (“las verdades”) de la ciencia son provisionales y siempre existe la posibilidad de que sean refutados en el futuro.

A la sociedad no sólo le puede resultar sorprendente lo expuesto en el párrafo anterior, sino que, presa de expectativas exageradas, percibe con frecuencia que los avances científicos son demasiado lentos:

Todo esto debería conducir a contemplar la ciencia con cautela y prudencia, y a aceptar sus resultados sólo cuando existen pruenas suficientes. Actitud bien contraria a las expectativas que se crean a menudo en los medios de comunicación y, en general, en el debate social alrededor de la ciencia.

Debe evitarse que esta actitud escéptica llegue al extremo de convertirse en cinismo y nihilismo que resulten en inacción. Es el caso de algunos sectores sociales frente a las evidencias científicas del cambio climático, al que consideran insuficientemente probado y que, por lo tanto, no exige medidas para revertirlo o, por lo menos, atenuarlo. En este caso, la inacción podría llevar a la extinción la vida en nuestro planeta.

Otro punto relevante son las presiones económicas en las que se desarrolla la actividad científica en un mundo como el actual, donde los científicos deben competir, a veces ferozmente, por los recursos necesarios para el desarrollo de sus proyectos. Esto es particularmente evidente cuando se presentan crisis económicas que amenazan seriamente la viabilidad de la investigación científica, lo que conduce, entre otros efectos negativos, a la búsqueda de la estabilidad laboral y los incentivos para la investigación fuera del país de origen. Es la llamada “fuga de cerebros”.

Esta interferencia del mercado en la actividad científica (y en todos los ámbitos de la actividad humana), tan característica de nuestros tiempos, “tiene un impacto significativo en cómo se utilizan los resultados de la investigación científica y en cómo se comunican”:

Las tensiones que pueden afectar a la integridad del científico-investigador y del sistema de la ciencia y tecnología son múltiples. Los conflictos de intereses de carácter económico y personal, tan habituales como poco explorados en nuestro contexto, los sesgos y, en general, el fraude y las malas prácticas científicas relacionadas con la publicación, falsificación y fabricación de resultados en investigación pueden llevar a poner en peligro la confianza en el sistema.

Como está ocurriendo con la atención médica que está abandonando el modelo paternalista y la toma unilateral de decisiones a cargo del médico para dar paso a un modelo de colaboración entre el paciente y el profesional, en la comunicación de la ciencia se está pasando de la transmisión unidireccional desde los expertos a los ciudadanos a un modelo basado en la participación de los ciudadanos que reconoce que la ciencia es el resultado de una coproducción en la que intervienen varios actores. Este cambio de paradigma incluye conceptos como los de open sicence (ciencia abierta) y responsible research and innovation (investigación e innovación responsables):

De todo ello puede concluirse que la comunicación acerca de los resultados de la investigación científica no se efectúa sólo en el círculo especializado de la práctica científica, sino también en un entorno social mucho más amplio. Esa comunicación es, por naturaleza, bidireccional, en la medida en que el conjunto de la sociedad juega un papel fundamental en definir buena parte de la agenda científica.

La comunicación de la ciencia se dirige en primer lugar a los miembros de la comunidad científica mediante publicaciones especializadas (artículos en revistas científicas), en un lenguaje técnico, incluso matemático, que lo vuelve inaccesible para el público en general. Si deseamos que la ciencia sea comprendida por todos se requiere un lenguaje claro en el que no se sacrifique excesivamente el rigor y la complejidad del contenido de la información.

Existen muchos ejemplos de científicos que son buenos divulgadores de su trabajo y hay varios profesionales de la comunicación que, formados en el periodismo científico, también lo son. En nuestra sociedad necesitamos mejorar sustancialmente nuestra capacidad para divulgarcon seriedad y de manera atractiva la cultura científica. La ciencia es uno de los pilares de la democracia.

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