Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

México, D. F., a tres de octubre. El día de hoy, la Convención celebró dos sesiones. El tema central de la primera fue la participación del elemento civil en la asamblea, en tanto que la segunda giró en torno a la renuncia del señor Carranza a su cargo de Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y Encargado del Poder Ejecutivo.
La reunión de la mañana se inició con la lectura de un mensaje del general Eulalio Gutiérrez, en el que comunicaba que por causas de fuerza mayor debió viajar al estado de San Luis Potosí, del que es gobernador. Para cubrir la vacante de presidente de la asamblea se designó al general Francisco Murguía.
Acto seguido, se leyó una moción presentada por el general Lucio Blanco, en la que se proponía que no se admita en la asamblea a personas que no estén plenamente identificadas con la revolución.
En apoyo de la propuesta subió a la tribuna el general Eduardo Hay, y en su peroración afirmó que “todavía permanece fresca la sangre derramada de nuestros hermanos en el campo de batalla y ya los mismos causantes de que esa sangre generosa corriera a raudales, tratan de hacerse aparecer como revolucionarios de última hora”.
Dijo el general que “se encuentran entre nosotros elementos civiles como representantes de varios militares que no han podido concurrir a la Convención. A propósito de estos elementos, yo me digo: ¿van a discutir los civiles con el criterio de los militares en cuya representación vienen? No podrán hacerlo -aseguró Hay-; no podrán comprender los anhelos de los que padecieron hambre y sed y expusieron sus vidas en los campos de batalla. Y si por el contrario: ¿esos civiles van a discutir con su reconocido talento, con su facilidad de palabra, con sus artimañas de telegrafistas?”
Agregó que no había en sus palabras la intención de agraviar a los civiles, ya que él mismo se consideraba uno de ellos, pero que habían sido los militares quienes acabaron con Huerta. Por lo tanto, “yo creo que es honrado por parte de los militares exigir que se les reconozca el derecho de ser los únicos que implanten el nuevo gobierno emanado de la revolución sostenida por ellos”, -finalizó-.
A propósito de estas declaraciones, una vez terminada la sesión, un personaje cercano al señor Carranza comentó que esta moción se produjo en la reunión convocada ayer por Obregón, y se dirige principalmente a eliminar de las deliberaciones al Lic. Cabrera.
Luego que Hay abandonó la tribuna, el general Rafael Buelna aseguró que la Convención tenía derecho a no admitir a quien considerara prudente. El coronel Samuel de los Santos estuvo de acuerdo con esto, al decir que el señor Carranza, en su calidad de jefe del Ejército Constitucionalista, era el único que tenía ese derecho. Buelna volvió a la carga afirmando que la asamblea debía ser libre y soberana en ese sentido. El coronel García Vigil apoyó lo anterior, y agregó que de otra manera no tenía ningún sentido reunirse y discutir, ya que don Venustiano podía deshacer lo hecho por la Convención.
“Lo primero que debemos defender es nuestra libertad de pensamiento -dijo García Vigil-. Es absolutamente necesario declarar que esta asamblea es soberana, a despecho de enemistades y consignas, y luego debemos aclarar si todos y cada uno de los que estamos aquí tenemos derecho a ello. Hay muchos civiles entre nosotros que nada hicieron por la causa que costó la vida de tantos de nuestros hermanos. Muchos de ellos, a la muerte del presidente Mártir, se quedaron en la otra orilla, observando la dirección de la corriente, y cuando vieron de qué lado se inclinaba la victoria, entonces vinieron a nosotros y trataron de hacerse aparecer como revolucionarios, sin serlo”.
Terminada la intervención de García Vigil, se procedió a discutir un nuevo dictamen de la Comisión Revisora de Credenciales, que en esta ocasión trató los casos del Lic. Francisco Canseco, gobernador del estado de Oaxaca, y de Onésimo González, también de esa demarcación, sobre los que se tenían dudas a propósito de su legitimidad, llegándose incluso a proponer que dichos señores fueran remitidos a la penitenciaría.
Tanto este asunto como el de la participación de los civiles quedaron en suspenso, terminándose la asamblea a las 14:15 horas.
La sesión de la tarde comenzó a las 18:30 horas, con el discurso del señor don Venustiano Carranza, que se apersonó en la sede de la Convención para rendir un informe de su gestión al frente del Ejército Constitucionalista.
El también encargado del Poder Ejecutivo recordó que “al iniciarse la lucha por la legalidad contra la dictadura rebelde, ofrecí a ustedes convocarlos a una solemne Convención, que tendría lugar en la capital de la República cuando fuera ocupada por el Ejército Constitucionalista. En consecuencia, todos ustedes discutirán el programa político del Gobierno Provisional de la República, y los asuntos de interés general que conduzcan al país a la realización de los ideales de justicia y libertad por los que tan esforzadamente hemos luchado.
“Durante la campaña, los jefes del Ejército Constitucionalista con quienes hablé, inclusive de la División del Norte, estuvieron conformes conmigo en que esta Convención señalaría la fecha en que debieran verificarse las elecciones que restablezcan el orden constitucional, fin supremo del movimiento legalista. Igualmente, todos los jefes de este ejército convinieron conmigo en que el gobierno provisional debía implantar las reformas sociales y políticas que en esta Convención se consideraron de urgente necesidad pública, antes del restablecimiento del orden constitucional.
“Las reformas sociales y políticas de que hablé a los principales jefes del Ejército, tan indispensables para satisfacer las aspiraciones del pueblo en sus necesidades de libertad económica, de igualdad política y de paz orgánica son, brevemente enumeradas, las que en seguida expreso:
“El aseguramiento de libertad municipal como base de la división política de los estados, y como principio y enseñanza de todas las prácticas democráticas.
“La resolución del problema agrario por medio del reparto de los terrenos nacionales, de los terrenos que el gobierno compre a los grandes propietarios y de los terrenos que expropie por causa de utilidad pública.
“Obligar a las negociaciones a que paguen en efectivo y a más tardar semanalmente, a todos sus trabajadores, el precio de su labor.
“Dictar disposiciones relativas a la limitación de las horas de trabajo, al descanso dominical, a los accidentes que en el trabajo sufran los operarios, y en general, al mejoramiento de las condiciones económicas de la clase obrera.
“Dar un verdadero carácter de contrato civil al contrato de matrimonio, desligándolo de la indebida intervención de funcionarios del Estado, a efectos de que no esté sujeto en cuanto a su validez, a las eventualidades de la política, como lo está ahora, y pueda celebrarse ante notarios públicos. Juntamente con estas reformas, establecer el divorcio absoluto por mutuo consentimiento de los contrayentes”.
Posteriormente, con un auditorio enseñoreado por un impresionante silencio, el señor Carranza resumió la situación del movimiento revolucionario a partir del desconocimiento de la Primera Jefatura por parte de la División del Norte, y enumeró los agravios que el general Francisco Villa había infringido a la Primera Magistratura.
Se refirió al intento de reconciliación que se ha estado gestionando, al afirmar que “algunos generales solicitaron entenderse con los jefes de la División del Norte, para ver si es posible evitar un enfrentamiento armado, proveniente del desconocimiento que hizo Villa de la autoridad que represento, y sus trabajos se han encaminado a que esta asamblea, una vez que esté integrada por los generales constitucionalistas que aún no han llegado, se traslade a la ciudad de Aguascalientes para celebrar allí la Convención, en lugar de que se verifique en esta capital, a donde yo la convoqué, y donde debe verificarse”.
Don Venustiano terminó su discurso con estas trascendentales palabras: “Yo no puedo admitir, por el honor del Ejército Constitucionalista que me designó como su Primer Jefe, y a cuya abnegación y patriotismo se debió el triunfo del Plan de Guadalupe, que un grupo rebelde; que una minoría indisciplinada, trate de imponer su voluntad a la mayoría de los jefes, que es la única que está facultada para ordenarme, y la sola ante la cual se inclinará mi obediencia. Si no he tratado de someter a este jefe rebelde por la fuerza de las armas, ha sido porque la prudencia así lo demandaba; pero si desgraciadamente llegare el caso de no poder tolerar más una persistente e injustificada rebeldía, debe saber la nación que el Gobierno Constitucionalista tiene un número mayor de 100,000 hombres, artillería, ametralladoras y pertrechos de guerra bastantes para someter al orden a ese jefe rebelde, y cuenta además principalmente, con la invencible fuerza de la razón y la justicia, que inspiran la opinión de la parte sana de la República para sostener al gobierno.
Ustedes me confirieron el mando del Ejército, ustedes pusieron en mis manos el Poder Ejecutivo de la nación; estos dos depósitos sagrados no los puedo entregar, sin mengua de mi honor, a solicitud de un grupo de jefes descarriados en el cumplimiento de sus deberes y de algunos civiles a quienes nada debe la Patria en esta lucha; solamente puedo entregarlo, y lo entrego en este momento, a los jefes aquí reunidos. Espero la inmediata resolución de ustedes, manifestándoles que desde este momento me retiro de la Convención para dejarles toda su libertad, esperando que su decisión la inspirará el supremo bien de la Patria”.
El primer jefe terminó su discurso y la asamblea estalló en un estruendoso aplauso, y la sesión se suspendió, ya que la mayoría de los delegados acompañó al señor Carranza al vestíbulo.
Una vez que los representantes regresaron a sus lugares y la junta se reanudó, el Lic. Luis Cabrera subió a la tribuna y señaló el peligro que entrañaba la reacción, encabezada ahora por el general Villa. Afirmó que en este momento más que nunca, la revolución atravesaba por una situación de peligro, por encontrarse sin jefe. “Vosotros sois -dijo a los delegados- los jefes de la revolución y los jefes del gobierno”, por lo que propuso discutir qué es lo que iba a hacerse con ese mando.
El general Hay hizo uso de la palabra para señalar que el señor Carranza debía continuar en su cargo, mientras la Convención de Aguascalientes “decide una forma aceptable de gobierno, que pueda hacer creer que entraremos por el camino de la ley para el restablecimiento del orden constitucional”. El teniente coronel Marciano González se sumó a la opinión anterior y aseguró que la revolución aún no había terminado. “Cuando no quede Zapata en Morelos pidiendo tierras, mostrándose intransigente y que no tiene conciencia de lo que es la ley; cuando no haya un grupo de políticos detrás de Villa; cuando no haya una bandera de las estrellas en territorio mexicano, entonces podrá retirarse don Venustiano Carranza”, agregó.
A esto se opuso el general Obregón que, a nombre de la Junta de Pacificación, aseguró que la ratificación sería apresurada, ya que precisamente para eso iban a reunirse en Aguascalientes.
El fantasma de la duda sobre si valdría la pena ir a Aguascalientes se posesionó de algunos delegados. El general Obregón subió a la tribuna y afirmó que él iría a Aguascalientes y que si la Convención no lograba su objetivo y Villa continuaba en rebeldía, él mismo lo combatiría. “Yo iré de sargento -declaró-, de soldado, de lo que sea, e iré a la vanguardia. Ahí quedan mis estrellas, mis galones y mi espada”. Ni qué decir que la intervención del sonorense fue recibida por una salva de aplausos.
El general Acosta, por su parte, señaló la necesidad de ir a Aguascalientes, precisamente para sostener a don Venustiano, y que si algunos no querían ir, era por miedo a ser colgados en el camino.
Finalmente, una comisión nombrada para tal efecto, se apersonó en el domicilio del señor Carranza, para comunicarle la decisión de la asamblea y pedirle se presentara en la sesión.
La reunión terminó pasada la media noche, con la siguiente propuesta de la Comisión Permanente de Pacificación: “Los que suscribimos, miembros de la Comisión Permanente de Pacificación, proponemos que tenga lugar en Aguascalientes una convención de generales del Ejército Constitucionalista o de sus representantes militares, para resolver la forma de gobierno que subsista mientras se restablece el orden constitucional”. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected] <mailto:[email protected]>).