Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

EL PRESIDENTE GUTIÉRREZ DIALOGA CON EL GENERAL PABLO GONZÁLEZ

EL CÓNSUL YANQUI EN AGUASCALIENTES RECUERDA LAS MANIFESTACIONES EN CONTRA DE SU PAÍS

Aguascalientes, Ags., 12 de noviembre de 1914.
Hoy, el jefe del Ejecutivo de la Nación, general Eulalio Gutiérrez, se trasladó a la Estación Pedrito, situada al sur de la ciudad de León, con el objeto de conferenciar personalmente con el general Pablo González. Sin embargo éste, temeroso de ser arrestado por el general Villa, envió al general Teodoro Elizondo a verificar la seguridad del lugar. Una vez que González supo que no había peligro, accedió a entrevistarse con el presidente Gutiérrez.
Dos fueron los acuerdos principales en la entrevista, que duró unas dos horas. Primeramente, el general Gutiérrez consiguió que Pablo González accediera a entrevistarse en Córdoba con el rebelde señor Carranza para convencerlo de que se retire, y reiteró su resolución para que el general Villa haga lo propio. “Dígale al señor Carranza que yo le garantizo que Pancho Villa se retirará al mismo tiempo que él se retire -expresó Gutiérrez-, y que sólo necesito que me diga que se halla pronto a cumplir lo que la Soberana Convención ha mandado”.
El segundo acuerdo fue el establecimiento de un armisticio con el objeto de esperar el resultado de la mediación de González.
En otro orden de ideas, justo es informar que en este día, durante nuestro cotidiano deambular por las calles polvosas de esta moderna ciudad, pasamos al Hotel Washington en busca de alguna noticia, dado que ahí se alojan algunos de los principales jefes militares que asisten a la Convención.
Como se sabe, esta hospedería se encuentra en la esquina que forman las calles dedicada al prócer estadounidense George Washington, y la del Centenario de la Independencia de México.
Ahí encontramos en animada charla al señor León Canova, cónsul del gobierno de los Estados Unidos de América en Aguascalientes, con la estudiada maestra doña Dolores García Pimentel, y el aplaudido documentalista, profesor don Librado Jiménez, originario de la cercana población de Jalostotitlán, y que hizo acto de presencia en la convención, a fin de tomar algunas vistas sobre este evento, contando para ello con ese portentoso artilugio que es el cinematógrafo. Cabe destacar que el señor Jiménez se encontraba acompañado por su ayudante en esta ciudad, el también documentalista Mario de Ávila Amador, originario de esta ciudad. Por su parte la maestra García procede de una urbe lejana que nombran Tijuana, en la frontera con el estado de California, Estados Unidos, y está en Aguascalientes a fin de seguir de cerca a la asamblea, guiada por su interés histórico.
Picados por la curiosidad nos acercamos a este singular cuarteto, e inquirimos una entrevista con el estadounidense. Desde luego mister Canova algo de español habla, y sin embargo apelamos a los buenos oficios de la maestra García Pimentel en el conocimiento de la lengua de Shakespeare y de Oscar Wilde, para que tradujera para nosotros las impresiones que mister Canova se ha llevado en torno a la Convención de Aguascalientes, que prácticamente está llegando a su fin.
En principio mister Canova nos miró con cierta desconfianza, y preguntó por el objeto de la entrevista. Nosotros contestamos que nos anima el interés de informar a nuestros inteligentes lectores de todo aquello que sea motivo de interés.
Una vez que la maestra García hubo traducido nuestras palabras, mister Canova sonrió y se disculpó por su cuestionamiento, y explicó que su desconfianza inicial obedeció al hecho de que la mañana del pasado 22 de abril hubo en esta ciudad una serie de manifestaciones anti estadounidenses, debido a la arbitraria y prepotente aparición, en el puerto de Veracruz, de una escuadra compuesta por diversos buques de guerra, procedentes del país del norte, en franca violación de las más elementales normas de convivencia internacional.
En esa ocasión los aguascalentenses fueron testigos de una, a decir del cónsul, “monstruosa demostración anti americana… que culminó en un ataque al Consulado Americano por una turba. El Escudo de Armas de los Estados Unidos fue arrancado de la puerta del Consulado, restregado en la tierra. También se gritaron insultos al gobierno americano y todos los americanos fueron amenazados de muerte”.
Como se recordará, en Aguascalientes existe una abundante y notable colonia de ciudadanos anglosajones, que explica la existencia de un consulado estadounidense en esta ciudad. Estas progresistas personas operan en los principales establecimientos fabriles de la ciudad, la Fundición Central Mexicana y el antiguo Taller de Construcción y Reparación de Material Rodante del Ferrocarril Central Mexicano, hoy Ferrocarriles Constitucionalistas. Aunque en honor a la verdad, también hemos de recordar que una parte importante de esta población salió del país conforme la marea revolucionaria se acercaba a esta ciudad. De hecho al ocurrir esto mister Canova preguntó al Departamento de Estado si se precisaba que continuara en esta ciudad, aunque debido a las deficientes comunicaciones, y a que no se le permite el envío de mensajes telegráficos, no ha recibido respuesta.
Mister Canova recordó también que con motivo de esta “monstruosa demostración”, desde luego avisó a las autoridades sobre lo que estaba ocurriendo, y el peligro que corrían las instalaciones consulares, “pero el destacamento que (el gobierno) mandó llegó una vez que el escudo de armas había sido arrancado, arrastrado y robado. Cerca de 50 hombres comandados por un capitán fueron enviados al Consulado, pero demostraron poca energía durante los primeros quince minutos. El tumulto continuó creciendo y alebrestándose, insistiendo en que levantara la bandera mexicana sobre el consulado y el oficial que comandaba la guardia me pidió que accediera a sus demandas, dijo que no podía controlar el tumulto con sus tropas.”
Los ojos de mister Canova se iluminaban y su voz temblaba de emoción al recordar aquellos lamentables hechos. A lo planteado por el capitán, el fuereño contestó, no sin riesgo de su vida: “los veré a todos en el infierno antes de acceder a su absurda demanda. Y por unos cuantos minutos pareció que no iba a quedar ni cónsul, ni consulado”.
Ante el asalto que se venía, y la imposibilidad de los enviados para controlar a la turba, don León volvió a comunicarse con el señor gobernador del estado, señor general Miguel Ruelas. Entonces se acercó al consulado el jefe de armas de esta plaza, general Rivero, al mando de unos 70 hombres. Estos y los demás pudieron dispersar a la multitud y ahí acabó el asunto.
Mister Canova dijo que luego de estos acontecimientos quedó a las puertas de la instalación extranjera una guarda compuesta de ocho hombres; y concluyó su relato señalando haber roto “una pequeña bandera mexicana que un niño amarró a los cables de teléfono mientras yo trabajaba”.
Sólo nuestra muy alta educación e ilustración, nos detuvo de decirle unas cuantas frescas al personaje en cuestión.
Mañana, las impresiones de mister Canova sobre la Convención. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a [email protected] <mailto:[email protected]>).