Noé García Gómez

El New York Times reveló el lunes que el gobierno federal mexicano espiaba a periodistas y activistas sociales, mediante un sofisticado programa israelí, llamado Pegasus, que según la empresa solo es vendido a gobiernos para tareas de seguridad nacional y crimen organizado. Lo anterior complementando lo que el periódico Reforma había dado a conocer en 2016, que Murillo Karam, procurador de la PGR compró en 15 millones de dólares, clasificando dicha información como de seguridad nacional y reservada hasta el 2021.

En palabras de los jóvenes, el gobierno federal gastó un dineral para stalkearnos. Así es como se refieren los usuarios de redes sociales a quien anda de chismoso en los perfiles ajenos y pasa horas revisando el historial de publicaciones.

La novela 1984 del escritor Jorge Orwell, describía la vida de los ciudadanos de Oceanía que eran vigilados las 24hrs del día, los 7 días de la semana por el gobierno, al que se le conocía como Big Brother (gran hermano), todo lo que ocurría en cada ciudad, familia e individuo lo sabía, qué comía, donde iba, sus intereses y gustos, con quién se relacionaba, en síntesis todo lo veía y todo lo sabía. Además de que busca educar y alinear a la población a un pensamiento único y colectivo, eliminando en el individuo su capacidad de raciocinio y pensamiento individual.

Pareciera que la realidad alcanzó a la ficción, hoy estamos siendo vigilados, y el peligro que una empresa o gobierno tenga nuestra información privada siempre causa reservas y desconfianza.

Hoy instalar aplicaciones o abrir links de spams contribuyen a introducir de manera disimulada al Smartphone la conexión que dará acceso a toda nuestra información, usar redes de wi-fi o intercambiar USB.

Pero también empresas y gobierno tienen monitores que dan seguimiento a las publicaciones de redes sociales de personajes de interés. ¿A qué me refiero?

Por voluntad propia los usuarios de redes sociales hacen pública gran parte de su vida diaria,  suben ubicaciones, gustos y momentos significativos, en facebook, twitter, instagram, vine, whatsapp, etcétera,  además que el círculo de seguidores es información valiosa para quien desee conocernos. Es de todos sabido que, estrategas de marcas, mercadólogos y especialistas en publicidad realizan sus estudios en base al análisis de perfiles y actividad, todo con nuestro consentimiento, ya que al no tener la costumbre de leer los términos y condiciones para hacer uso de las redes sociales en las que nos inscribimos, la mayoría de la veces en esas pequeñas cláusulas autorizamos a las empresas para no solo analizar nuestra información, sino compartir nuestros datos con fines de mercado.

Ante la evidencia el presidente Peña Nieto no sólo lo ha negado, sino ha lanzado amenazas en un evento en Jalisco “Espero que la Procuraduría General de la República con celeridad pueda deslindar responsabilidades y espero, al amparo de la ley, pueda aplicarse la justicia contra aquellos que han levantado estos falsos señalamientos contra el gobierno”.

Ante la reacción mediática se retractó y por último negó que vaya a tomar represalias contra quienes lo acusan. Lo que sí deja entrever es que el gobierno mexicano algo oculta, y no quiere que se conozca.

Pero esto del espionaje no es nada novedoso ni solo del ámbito internacional, a lo largo de la historia local o nacional es bien sabido que se utiliza este medio ilegal para acceder a información.

Una información revelada públicamente y que pasó rápidamente desapercibida dada a conocer por la administración anterior fue que ex gobernador Luis Armando Reynoso Femat compró y desapareció dos aparatos de inteligencia (espionaje telefónico) que no se encuentran físicamente en poder del Gobierno de Aguascalientes, pero están en su inventario.

Dicha información fue atendida por la opinión pública y clase política por la vía de la corrupción, y fue dejada a un lado el reconocimiento implícito del uso del espionaje por parte del entonces gobierno local.

Si bien al momento de aceptar una solicitud en facebook o hacer públicos nuestros perfiles de twitter o instagram autorizamos a que vean nuestro historial, lo que es delicado es que con engaños alguien acceda a nuestra información privada y personal que reservamos.

El espionaje es algo condenable y que un gobierno democrático no se tiene que tolerar. Es una peligrosa herramienta usada en las dictaduras, por lo que es importante transparentar la compra de aparatos o instalación de estos grupos por parte del gobierno. No salirse de su espíritu, el combate al crimen organizado y la seguridad nacional, el uso político o personal de esto, tiene que ser legalmente castigado.

Por lo pronto ¿Y usted sabe quién vigila su smartphone?