Itzel Vargas Rodríguez

Así como la literatura nos puede transportar a mundos extraños y maravillosos, llenos de entornos inimaginables en el mundo real, y con personajes únicos que llaman la atención por sus formas de comunicarse y resolver las cosas, de la misma forma la política cuenta con una alternativa de literatura igual de fantasiosa: los informes de gobierno.

Por ejemplo, cómo olvidar aquellas interminables aventuras de la tierra media, llena de elfos, orcos, enanos y hobbits que J.R.R, Tolkien nos regaló en “El Señor de los Anillos”, o qué tal aquellas hermosas reflexiones de vida que Antoine de Saint Exupery nos ofreció con un inocente y tierno personaje en “El Principito”.

Bueno, pues, en el caso de describir entornos, acciones y personajes, los informes de gobierno se pintan solos. Todo es tan mágico y hermoso.

En un afán de curiosear un poco, me di a la tarea de buscar on-line algunos informes de gobierno de diversos estados de la república. Para ser justos me limité a uno por partido, uno del PRI, otro del PV, otro del PAN y otro del PRD.

Todos coincidían en varias cosas. Mostraban aquella foto del político amable, abriendo sus cariñosos brazos para recibir a la señora desamparada, darle la mano a aquellos niños que curiosos se acercan en eventos públicos, y esa ya famosa pose de fotografía al estilo Obama en la que se voltea al horizonte con una mirada decidida, a tres cuartos y tomada desde abajo, y que no puede faltar, es esencial.

Todos incluyen en su índice, las acciones del gobierno, que si para tener cercanía con la ciudadanía, que si para promover la sustentabilidad, y luego, después de muchas varias fotografías sensibles que muestran el lado humano de la política, comienza el desfile de los datos duros. Que si se adjudicaron tantos miles de millones de pesos a tal obra, a tal sector, a tantas familias necesitadas… que si se mejoró la red ultrawow padrísima traída de primer mundo cuya gestión permitirá el avance social, económico y productivo de la bla, bla, bla… y cuando uno llega a esta parte no falta el cuestionamiento en la mente de ¿en qué momento pasaron todas estas maravillas y yo ni cuenta me di? ¿Qué a poco la sociedad está tan distraída que ni se da cuenta de las enormes posibilidades que pudieron haber pasado en frente de ellos? ¿Cómo es que difícilmente nos toca presenciar alguna o un pedacito de esas tantas y tantas acciones?

Unos informes optan por colocar tablas para afianzar los datos duros, otros optan por incluso entrecomillar gloriosas frases dichas por los gobernantes como afianzando la opción de convertirlos en héroes, en personajes cuya palabra y acción es siempre loable.

Esos libritos, que siempre rondan las 200 páginas, se imprimen además en el mejor material de los papeles existentes y en su momento, su entrega suele limitarse a contadas personas y se guarda con más recelo que como si fuera un libro inédito de Gabriel García Márquez o una entrega más de la mundialmente famosa saga de Harry Potter o Game of Thrones.

Tanta es la saturación de información, que pocos informes en realidad terminan su mensaje, con lo que uno se queda simplemente con la idea de que se hizo mucho… y ya.

Cuando el Presidente de la República cumplió un año en el cargo, hubo varias críticas que apuntaban a que muchos datos en el informe eran bastante innecesarios. Eso de colocar cuántos likes tenía una publicación, o retuits había de un comentario en redes sociales, así como cuánto tiempo él realizaba corriendo… como que dejó mucho que desear de un informe formal del tipo.

No pongo en duda que cada gobierno emprenda un sinfín de acciones, muchas de las cuales son benéficas para las sociedades, el punto es que son tantos datos, en su mayoría incomprobables sobre todo por quienes deberían ser los beneficiados (en este caso la ciudadanía) lo que hace ficticia la acción de gobierno. Porque, si en verdad fuera cierto todo lo que se dice que se hizo, ¿no cree usted que ya todos los problemas sociales desde hace mucho tiempo atrás hubieran terminado?

Esta es una situación cíclica, cada gobierno en sus diferentes niveles lo realiza. Bueno sería que el informe gubernamental fuera acompañado casi inmediatamente de un análisis o informe ciudadano. En Aguascalientes esto ya se ha hecho, y recientemente, pero al parecer no hay político que logre tolerar crítica de sus puntos a mejorar, que siempre suelen ser muchos.

De vez en cuando vale la pena cambiar el género literario de nuestra lectura, ¿Qué le apetece? Aventura, historia, acción o ficción, si es esta última, le recomiendo lectura de los informes de gobierno.

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