Gerardo Muñoz Rodríguez

Durante las últimas semanas, hemos observado cómo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, se encuentra cada vez más cerca de poder concretar su renegociación. Cerca de siete rondas, bastaron para cerrar casi el 70 por ciento de los capítulos del acuerdo. Analicemos qué es lo que ha sido concluido y cuales son aquellos apartados que han evitado que la negociación llegue a buen puerto.

En varios de los capítulos, existió un consenso general sobre la necesidad de actualizar sus contenidos, lo que permitió que el cierre de los mismos fuera relativamente rápido. Dentro del ramo de la corrupción, se homologan ciertos delitos para que estos sean juzgados de la misma forma en los tres países. Sin duda, el fortalecimiento del Estado de derecho y el combate de la corrupción y la impunidad, tenían que ir de la mano ante la ventana de una mayor oportunidad para mejorar la productividad y la competitividad dentro de los tres países.

Para el capítulo de las Pymes, los países de Norteamérica estuvieron de acuerdo en la necesidad de incluir en los beneficios del libre comercio a este sector empresarial. De esta forma, las empresas podrán integrarse a las cadenas globales de valor y detonar su productividad.

La competitividad, fue otro apartado que fue relativamente veloz su conclusión. La necesidad de agilizar la tramitología para el otorgamiento de permisos de exportación e importación, era un tema clave para lograr mejores condiciones dentro del mercado de la zona. Se busca eliminar los aplazados procedimientos burocráticos, que ocasionan que ciertas empresas tarden hasta años en lograr enviar o recibir productos y/o materia prima.

Los servicios financieros contarán con total apertura para que los inversionistas o los intermediarios financieros, puedan invertir u ofrecer sus servicios en cualquiera de los tres países.

Temas como energía, medio ambiente, telecomunicación, buenas prácticas regulatorias, entre otras; no representaron una gran barrera en la negociación.

Ante esto, existía una gran necesidad, en la mayoría de los aspectos, de mejorar un acuerdo trilateral que fue negociado en los primeros años de la década de los noventas. De esta forma, la retórica de la campaña presidencial de Donald Trump, independientemente de las incoherencias que constantemente manifiesta, dio paso a darnos cuenta de la necesidad de modernizar el principal acuerdo comercial que tiene nuestro país. Esto sin duda, traerá consigo mejoras en las condiciones comerciales, no solo para México, si no para los tres socios en general.

Hasta aquí, todo bien. Sin embargo, existen algunos capítulos clave que pueden poner en entredicho todos los posibles beneficios alcanzados por la negociación, que, hasta la fecha, ya se ha concretado.

Las reglas de origen, es uno de los principales. Estados Unidos, quiere que el valor regional suba a 75 por ciento de contenido norteamericano, y que estos sean producidos en donde se presenten salarios de 16 dólares promedio la hora. México ha tratado de lograr disminuir este porcentaje, pero al parecer el equipo liderado por Robert Lighthizer, no dará su brazo a torcer en esta cuestión.

En nuestro país, estamos por debajo del salario promedio solicitado por EU; por lo que se ha propuesto que se otorgue un periodo transitorio de cinco años para lograr este cometido. Veamos si es aceptado o no. Este capítulo, resulta de extrema importancia por la que representa esta industrial para el país.

La temporalidad agrícola. Nuestro principal socio comercial, quiere que determinados bienes, de acuerdo a su mejor temporada, caigan en incapacidad de ser exportados por México o Canadá. Ante esta ideología, ¿Dónde está la esencia de un acuerdo comercial?

Otro de los temas que aún no puede ser convenido, es la famosa cláusula Sunset. El gobierno de Trump, propone que el TLCAN pueda ser extinguido de forma automática cada cinco años a no ser que las partes involucradas decidan la continuación del mismo.

La postura mexicana y canadiense ha sido de total rechazo a la misma. La lógica cabe en el sentido de la incertidumbre que esto generaría por el corto periodo que esto representa. La idea de estarlo revisando, actualizando y mejorando cada 5 años, es positiva, lo hace estar a la vanguardia de la economía mundial; pero ésta dista mucho de la posibilidad de estar disolviendo cada quinquenio.

Estamos, muy probablemente, a pocos días de poder ver concluida esta importante renegociación para el país. Sin embargo, el no cuidar estos pequeños detalles, pueden poner en entredicho el beneficio, no solo de nuestro país, sino de los integrantes del continente norteamericano. Habrá que estar sumamente atentos al cierre del mismo.

 @GmrMunoz

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