Itzel Vargas Rodríguez

En Omán, el terrorismo ha conseguido hacer de las suyas. Las madres temen enviar a sus hijos a las mezquitas para ir a rezar, porque es probable que estos no vuelvan. En México no es el terrorismo el que deja a las madres sin dormir, es un tipo de violencia que se ha ido gestando con los días y que deja muy vulnerable al sector más inocente: los niños.

Como analogía a la furia que ha desprendido Tláloc sobre nuestras tierras los últimos días, literalmente pareciera que el cielo se está cayendo a pedazos. Es como si los dioses de las mitologías antiguas estuvieran enojados con todo lo que pasa acá abajo y quisieran limpiarlo, o por el otro lado, como si estuvieran tristes y no pararan de llorar al respecto.

Y no es por demás. A nivel mundial se han despertado muchas alertas de prevención a causa de la ola de ataques terroristas que se han ido suscitando últimamente.

El 26 de junio ocurrieron ataques casi simultáneos en Francia, donde decapitaron a un hombre y colocaron su cabeza en una valla al lado de inscripciones islámicas; en Kuwait, donde hubo un atentado suicida en una mezquita donde murieron 25 personas; en Túnez, donde hombres armados dispararon en plena playa a los turistas dejando a 37 muertos y en Somalia, donde la milicia Al Shabaab colocó un vehículo con explosivos en la base de la Misión de la Unión Africana y murieron 30 personas. Todo en un mismo día, viniendo de parte de los islamistas, justo en la época del Ramadán, una época sagrada para los musulmanes.

Y en México, pareciera cada vez más difícil hablar de violencia suscitada en estados como Michoacán porque es una triste constante. Aún tengo recuerdos de hace poco más de diez años atrás, en que este estado era uno preferido para la visita. Las escuelas organizaban múltiples visitas guiadas, las generaciones de las secundarias o preparatorias veían en este lugar como uno preferido para viaje final estudiantil, las familias se iban los fines de semana en sus carros a pueblear y todo, por la gran cantidad de lugares tan hermosos que tiene, la riquísima gastronomía, y todo eso hace que sea una verdadera desgracia que ahora sea un peligro latente ir y un peligro latente para la gente de ahí.

Muy temprano en el domingo pasado, gente de la SEDENA detuvo al dirigente de las autodefensas de lo zona, Cemeí Verdía Zepeda por presunta posesión de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército. Detención que provocó el enojo entre la gente de Aquila quienes salieron a protestar y cerraron calles del lugar. Los videos que hay sobre el atentado y las fotos, muestran una carretera en un puente, en cuyo centro se conglomeraron por un lado la gente de la comuna y por el otro, miembros del Ejército, la Marina y la Policía Federal, quienes esperan para ver qué pasa, quién da el primer golpe. Y en este caso, presuntamente fue el Ejército.

El resultado del enfrentamiento dejó heridos a cuatro personas y lo más lamentable, la muerte de un niño de 12 años que se encontraba en una tienda comprando pañales.

Hace pocos días Leo Zuckerman escribe una columna de opinión al respecto en el periódico Excélsior, titulada “La culpa es de los civiles, no de los militares” donde menciona una cita del ministro argentino de los años 30, Manuel A. Rodríguez que dice: “El militarismo no siempre nace del ejército. El militarismo suele ser un mal que crean los políticos cuando utilizan al ejército para lo que no deben”. Y efectivamente, los civiles a los que se refiere son precisamente los pertenecientes a la clase política que por ya varios años han obligado al Ejército y a la Marina a hacer cosas que en realidad no les competen, porque son educados estrictamente en fines muy específicos.

El terrorismo a nivel global está poniendo a naciones como Gran Bretaña a practicar grandes simulacros en una especie de psicosis de prevención.

La violencia en México, por el contrario, cada vez presenta más aristas de surgimiento y las acciones que se aplican para prevenirla parecieran insuficientes e ineficientes. La diferencia entre el terrorismo islamita que cobra la vida de cualquiera, es que éste es difícil de evitar porque sencillamente no avisa, pero la violencia que se suscita en México y que puede cobrar la vida prácticamente de cualquiera sin quedar exentos los niños, sí se puede evitar, pero han ganado la inconciencia y las vísceras en enfrentamientos del tipo, en donde las crisis no han sido manejadas correctamente, y al final terminan pagando justos por pecadores.

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