Por José Manuel Valdez Gutiérrez
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Al leer aquella lista de asistencia me sorprendió mucho encontrar aquellos apellidos, recuerdo que me cuestione si realmente podría ser su hijo.

Para darle contexto a lo anterior le contaré, apreciable lector, que algunos años atrás, apoyando a las panteras de Aguascalientes en la cancha del hermanos Carreón conocí a un jugador muy diferente a todo lo que anteriormente vi, yo estaba acostumbrado a que la garra en el basquetbol estaba plagada de gritos y en ocasiones de maldiciones ya que muchos de los jugadores del deporte ráfaga de aquellos tiempos (algunos aún en la actualidad) pretendían comportarse como los jugadores norteamericanos, propiamente a los afroamericanos, que permanentemente gesticulan y hablan sin parar, por otro lado, uno de los jugadores mexicanos que más admire por su capacidad de mover el balón, no mucho tiempo antes increpo a un aficionado y entre él y su hermano se liaron a golpes con aficionados y posteriormente salieron corriendo entre las butacas hasta la avenida López Mateos para evitar que los lincharan a golpes.

Y esto ocurría también en las canchas de cemento del mismo complejo deportivo, aún recuerdo como palpitaba mi corazón cuando mi tío Roberto “Beto” Gutiérrez, me invitaba a verlo jugar y el encuentro terminaba en aventones y empellones mientras algún integrante de los equipos consideraba justo, buscar un poco de justicia por propia mano después de una falta.

Si, es correcto, para mi en ese momento, y a esa corta edad, asistir al basquetbol en el hermanos Carreón, o ir a la lucha libre en el auditorio Morelos tenían ciertas similitudes adicionales a que en ambos recintos se contara con dos tableros de basquetbol.

Pero no con este jugador, se notaba una diferencia. Pausado, serio, educado, con una mirada que transmitía una paz interior real, un verdadero sentido del conocimiento de la esencia del deporte que no impedía ni por un instante que jugara con una intensidad constante, con un físico imponente y una precisión envidiable, tenía como constante alentar a sus compañeros y saludar a sus contrarios, dar la mano e incluso disculparse si en el fragor de la batalla terminaba cometiendo una falta.

Y cuestione a mi Tío Beto ¿Quién es?

Ahora, muchos años después, tenía frente a mí a sus dos hijos, Alejandro y Daniel, dos tremendos deportistas y buenos estudiantes, que en cada una de sus acciones daban fe del gran ejemplo que tienen como padre.

“Que tu educación sea tu mejor carta de presentación pues no importará lo fino y caro de tú ropa, si de tu boca no salen más que sandeces”
Película: Perfume de mujer

El Profesor Eduardo Alejandro Barrera Gómez, hijo del señor pablo Barrera Arias y de la señora Ma. Del Socorro Gómez es un referente del basquetbol en nuestro estado, el comenzó a practicar el deporte de sus amores cuando aún era muy pequeño en compañía de sus amigos de la colonia donde vivía, en una improvisada “cancha” que no era más que una plancha de cemento con un tablero maltrecho y un aro sin soldar bien, cosa que nunca impidió que aquellos niños tuvieran juegos épicos que terminaban con el ultimo rayo del sol en donde cada uno escogía a algún jugador del momento y mostraba sus mejores movimientos.

Su primer equipo oficial fue el de la Secundaria Técnica #1, en donde Alejandro pudo conocer a grandes figuras del basquetbol de nuestro estado lo cual fortaleció y potencializo sus habilidades, por lo cual le ofrecieron una beca para jugar en la ciudad de Monterrey Nuevo León, así que con sus escasos quince años de edad, equipaje suficiente para cargar sus enormes tenis, mochila a la espalda y un montón de sueños en el corazón, emprendió el viaje no sin antes recibir la bendición de sus padres quienes con ojos de añoranza lo veían partir a encontrarse con su destino.

Curso el bachillerato y posteriormente la universidad en la UANL (Universidad Autónoma de Nuevo León), al mismo tiempo que represento en los torneos Universitarios a los Auténticos Tigres.

Al terminar la carrera universitaria, se dedicó un corto tiempo a jugar baloncesto a nivel profesional con algunos equipos de la región, siendo uno de los más conocidos, Felinos de Aguascalientes, Panteras de Aguascalientes, Leñadores de Durango, entre otros.

Pero estaba claro que lo de él no solo era jugar bien, un alma tan grande tenia la obligación de trasmitir su potencial, su enorme capacidad, así fue como encontró su verdadera vocación, su destino. El escenario: las duelas. La actividad: la cátedra. El fundamento: Que los jóvenes potencializaran sus capacidades a través del deporte. Su Meta: Dejar un legado a las nuevas generaciones. Su mayor logro: su familia.

Desde 1992 hasta la fecha ha sido el entrenador en jefe del equipo de baloncesto de la Universidad Panamericana Campus Bonaterra. Obteniendo grandes resultados, por ejemplo, fue entrenador de la Selección Universitaria de México en el 2005 (Turquía) y 2000 (Puerto Rico). Pero para su servidor el Profe Barrera a logrado cosas un más trascendentales, prueba de ello son una lista interminable de jóvenes que hoy son hombres de bien como Cristian Valdivia, Ernesto Oropeza, Hiram López Gurrola, solo por mencionar a tres de una lista interminable que el día de hoy continua incrementándose.

“El mal es estruendoso, pero el bien es mayoría, solo que es silencioso”
Facundo Cabral

Debo mencionar que estoy en deuda con este hombre, que aún espero la revancha para poderle compensar todo el bien que le ha hecho a tantos y tantos jóvenes, que fueron mis alumnos y hoy mis amigos, que agradezco infinitamente la educación de sus hijos y que soy un convencido de que si más de losformadores deportivos de nuestro país, tuvieran su calidad humana, nuestro deporte sería otro.

Eduardo Alejandro Barrera Gómez, un ejemplo vida.

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