José Luis Gómez Serrano

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Es un cliché decir que los políticos son embusteros, ladrones y que favorecen a sus intereses por encima de representados, más aun, cuando depredan desde cargos no electos. Pero en todo hay niveles, como cuando le preguntaban a cierto gobernador de Aguascalientes por qué había corrido al tesorero, y contestó: “Quería robar más que yo, ¿usted cree?”. Hagamos un pequeño ejercicio de establecer niveles en el reino de la mentira, donde los políticos han sido amos y señores.

Hay muchas formas de engaño. El más frecuente era el discurso en honor de la Revolución que Rius inmortalizó en sus monitos, pintando en el globo del diálogo un discurso hueco e interminable que seguía después de terminarse el globo. Las ocasiones favorecidas eran ceremonias para honrar a los Héroes de la Patria, en donde el orador ensalzaba por turnos a Pancho Villa y a Álvaro Obregón, quienes guerrearon entre sí. Los últimos años se han vuelto más incómodos para cualquier gobernador, porque todo reportero que se precie debe lanzar en su vida al menos una pregunta difícil. La mejor manera de reaccionar es escurrir el bulto a los temas espinosos, por ningún motivo hablar de números -tienen la desventaja de ser referencias muy claras- y en cambio responder con vaguedades. Una técnica que está más que consagrada en el gremio es defenderse atacando y satanizando al enemigo: “Fulano no tiene cara para decir tal cosa, porque él mismo, cuando era diputado, conseguía facturas para justificar sus gastos personales”; López Obrador fatiga la infamia, con el cetro en esta especialidad.

El recurso de endosar el problema más adelante se usa en todos lados. Harry S. Truman, que fue presidente de EEUU, tenía un letrero de bronce sobre su escritorio que decía “THE BUCK STOPS HERE”, lo que en slang norteamericano significa “LA PELOTA SE QUEDA AQUÍ”, es decir, ‘no voy a pasar el problema más adelante’. Otra medida importante para cualquier aspirante a alcalde es aprender a medir instantáneamente el riesgo de una pregunta, evaluando si su respuesta afectará, y cuánto, a él o a sus padrinos.

Para proteger al gobernante, a parecieron las Direcciones de Comunicación Social, quienes tienen la misión de suavizar las relaciones con la prensa e idealmente, conseguir que sirvan nada más de sparring, es decir, que hagan preguntas que permitan lucir al interrogado, del estilo ¿a cuántas personas se va a beneficiar con esta nueva calle que usted inaugura?, aunque nada más se trate de una cuadra recientemente bacheada. Durante muchos años el PRI controló a la prensa por medio del “embute”, el sobre con dinero que recompensaba al periodista bien portado, pero esto se terminó cuando se hizo efectiva la libertad de prensa.

Un límite inferior que casi nunca se cruzaba eran las mentiras descaradas, porque la gente podía revirar y crear un escándalo. Durante algún tiempo, principalmente con la aparición de medios electrónicos que funcionan como memoria instantánea para todo aquel que quiera buscarlos, los políticos se preocuparon más y más de no decir mentiras descaradas, porque inmediatamente saldría una voz contradiciendo la mentira. En los países donde el internet no está controlado y los periódicos importantes almacenan ediciones digitales, las evidencias están a la mano e hicieron cada vez más riesgoso decir mentiras, decir que ‘yo no fui’, decir que ‘yo nunca falté al respeto a las mujeres’ o que ‘mi casa, construida el año pasado, fue una herencia de mis padres’.

Pero la clase política evolucionó como un virus: hizo un análisis a fondo del riesgo y las alternativas a decir mentiras, y después del análisis, mutó a un virus todavía más maligno. La evolución se dio cuando los políticos se hicieron dos preguntas fundamentales:

  1. ¿Quién me va a revirar?
  2. ¿De qué manera quito importancia al revire?

Un hecho documentado en biología es que apareció una plaga de moscas en cierta área que molestaban y traían enfermedades; para acabar con ella, los biólogos crearon en laboratorio millones de moscas estériles y luego las soltaron en esa área. Las moscas sanas se aparearon con las recién llegadas, no pudieron tener descendencia, y la plaga se controló. Los revires y las malas noticias son como las moscas para un político, una plaga que hay que terminar o al menos tener controlada. Algún asesor se enteró de esta historia, y sustituyendo “moscas” por “noticias”, se preguntó cómo diseminar millones de noticias falsas o contradictorias o insulsas o estridentes o impactantes; cualquier cosa con tal de desviar la atención del público, y lo mismo que con las moscas, la mente del ciudadano se diversificaría en un mar de noticias, la mayoría irrelevantes, en donde las malas nuevas serían como una aguja en un pajar.

El internet es la solución a todos estos problemas. Existen Facebook, Instagram, Twitter y muchas otras plataformas que lucran con lo efímero, lo que dura menos que un instante. Difícilmente se encontrarán artículos de opinión en fb, pero en cambio desde ahí lo notifican a uno que fulanito cambio su estado, que ayer estaba desconsolado y ahora nada más triste, caso típico del objetivo para el que están diseñadas esas plataformas[1]: continuamente lo bombardean a uno con “noticias”, nuestra atención se distrae y puede más la curiosidad por saber qué tragedia le ocurrió a mi amiga en el centro comercial, que enterarme de si el juicio contra Javier Duarte está bien soportado por la fiscalía. El público tiene ahora muchas más opciones para “informarse”, y la mayoría de la gente, que no posee gran curiosidad intelectual, nunca tiene tiempo para nada, y su educación es reducida, se va por la ley del menor esfuerzo y se alimenta de noticias espectaculares y resumidas en 140 caracteres.

La industria del entretenimiento ha ampliado sus fronteras y llega también en auxilio de la clase política. Por principio de cuentas, esta industria cumple a la perfección su parte en el dicho latino “al pueblo, pan y circo”, con películas, videos, música, y muy importante, convirtiendo a una fracción de la prensa en show, minimizando la noticia. Como esta misma industria compite por la atención del usuario con todo lo que hay en el internet, sucede como cuando hay tres tiendas en la misma cuadra, todas atrayendo clientela con música: se genera una competencia para ver quién la pone más recio. De esta manera la industria del entretenimiento, división noticias, intenta captar la atención mediante titulares, lo más escandaloso mejor; en este contexto a alguien se le ocurrió la grandiosa idea de que el titular ES la noticia, y creó twitter. Repito la pregunta que he hecho tantas veces: ¿qué tanto puede decirse en 140 caracteres, que sea noticia y valga la pena? ¿Un haiku?

Esta revolución en los medios ha conseguido que la atención del público se disperse, y que baje enormemente su nivel de exigencia. Es cierto que si fulano robó cuando era presidente municipal, habrá alguna noticia en algún lado, pero ¿para qué investigar? Hay miles de asuntos con más diversión -palabra que define nuestra época-, no es necesario molestarse en investigaciones serias. El público ya no cuestiona la importancia o verdad de lo que se diga, sino en dónde se publicó (los más recomendados, fb y twitter), que sea accesible, que sea una noticia impactante o atractiva, e idealmente que diga algo increíble, sin cuestionar su verdad, para poderlo comentar más adelante como chisme y diversión, no como noticia.

Todavía hace unos quince años, los políticos se cuidaban de no decir estupideces ni mentiras obvias en público. Las cosas han cambiado, y la llegada de Trump al poder demuestra que esa precaución ya no es necesaria para ser presidente de EEUU ni para continuar en el puesto. A pesar de que publicaciones importantes como New York Times y Washington Post llevan una estadística de las mentiras dichas por Trump desde que estaba en campaña, esto no fue suficiente para conseguir los votos adecuados y neutralizarlos, y su base de seguidores sigue firme, como al principio.

[1]“Facebook” es “anuario escolar” en Estados Unidos; el fb actual es como el periódico mural de la prepa, con un espacio para todo mundo.

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