Josémaría León Lara

Es uno de los personajes más conocidos de la política contemporánea en este país, y sin embargo sigo sin conocer verdaderamente quién es y qué es en lo que piensa. La llamada izquierda mexicana únicamente ha tenido dos candidatos presidenciales en los últimos treinta años; en tres ocasiones se postuló el ingeniero Cárdenas y en las tres “perdió” y para el 2018 es más que obvio que Andrés Manuel va por su tercera oportunidad, y en verdad esperemos que no sea la vencida.
De cepa priista, el originario de Tabasco es sin lugar a dudas un personaje digno de ponerle atención, pero no miedo. Ciertamente que es un oportunista, pues se ve reflejado claramente en su trayectoria partidista, como un vil chapulín dio el salto del PRI al PRD y después funda su propio partido, MORENA, llevándose entre las patas al partido que había representado al pensamiento de izquierda desde las últimas tres décadas.
No es necesario ser muy inteligente para darse cuenta que una campaña presidencial cuesta mucho dinero, y este señor lleva prácticamente 18 años en campaña. Tampoco pretendo descubrir el hilo negro, ya muchos antes de mi han hecho la pregunta sobre de dónde provienen los recursos para que el señor López Obrador continúe en su peregrinar por el país.
Al menos resalta la obviedad de la respuesta, vive del presupuesto que se le asigna anualmente a su partido, de apoyos de empresarios, y por qué no, “de la venta de sus libros”. Lo verdaderamente increíble es el cinismo con el que enfrenta al mundo, su mundo; no se ha cansado de criticar a un sistema, al cual le debe prácticamente todo en su vida política.
Su estrategia es simple, despotricar contra el presidente en turno pero sin proponer nada de fondo, simplemente infunde el odio y el resentimiento que lamentablemente como mexicanos, hemos alimentado por nuestra ignorancia o por el histórico sentimiento derrotista y agachón. Es probable, que esta sea su más grande fortaleza, venderse como uno más del pueblo, decir lo que el pueblo quiere escuchar, lo que en otros lugares llaman populismo.
Es muy habilidoso para criticar, pero no es nada bueno en seguir al pie de la letra la famosa frase: “el que se lleva, se aguanta”. No puede haber punto intermedio con él, no existe el panorama gris, estas con él o no lo estas; es así de simple. Además, el señor se aprovecha de la memoria de corto plazo del pueblo de México, pues son pocos los que recuerdan que tomó el Paseo de la Reforma en el 2006, que se autoproclamó presidente legítimo y hasta tomó protesta.
También se nos ha olvidado que en el año de 1996 tomó pozos petroleros, en una de sus “pacíficas” resistencias civiles. Como cuando apoyó al matrimonio Abarca, de manera abierta en sus aspiraciones por la alcaldía de Iguala, a sabiendas de sus nexos con el crimen organizado; y que luego se ponga “flamenco” con uno de los padres de los 43 normalistas, por no ser las formas adecuadas, la pregunta es ¿Cuándo ha seguido algún tipo de formalidad este señor?
Más lo que en verdad me hace poner especial atención en este personaje, es que últimamente y en reiteradas ocasiones ha aprovechado los reflectores para hablar mal de las fuerzas armadas de México, lo que me parece un error garrafal. Si es que llega a ser el próximo inquilino de Los Pinos, o quizá de Palacio Nacional, no puedes tener en tu contra al Ejército, ni la Fuerza Aérea y tampoco a la Marina; pues no sé si el señor lo sepa, pero ser presidente también significa ser Comandante Supremo de la Fuerzas Armadas.
El panorama se está calentando, el voto es libre y también secreto, es por ello que debemos estar verdaderamente conscientes e informados del candidato o candidata por el cual habremos de sufragar. A su vez, es irresponsable comparar al apóstol de la izquierda con personajes como Hugo Chávez, pues sospecho que López Obrador nunca ha sido verdaderamente de izquierda, más bien es un priista frustrado y muy acomplejado.

@ChemaLeonLara
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