El 4 de septiembre del año pasado es una fecha que Raúl Moreno Aguilera jamás olvidará: tras practicarle un contraste para la detección de tumores, los doctores le informaron que le quedaban dos meses de vida. Después de conocer la noticia, Elida Torres, su esposa y compañera a lo largo de 31 años de matrimonio, lo llevó a unas vacaciones por la playa junto a sus tres hijos y cinco nietos. Aquel viaje, lo cargó de energía a sus 60 años de edad.

Don Raúl comenzó a sentir cambios en su estado de salud hace aproximadamente dos años, tenía constantes dolores de cabeza, veía imágenes que no eran reales, arrastraba su pie izquierdo al caminar, perdía movilidad en su brazo izquierdo y la boca se le torció ligeramente hacia la derecha. Ante este cuadro clínico, sus familiares lo llevaron al hospital, donde le detectaron una isquemia cerebral -falta de irrigación sanguínea- en la porción derecha; posteriormente, lo atendió un neurólogo, quien al revisar las tomografías le comentó que tenía un tumor que le afectaba el cerebro.

 

MOMENTO CRÍTICO. El 26 de octubre de 2016 fue intervenido quirúrgicamente para extraerle el tumor, los doctores tomaron unas muestras y las mandaron a patología para su análisis. El resultado dio un vuelco a su vida: el tumor resultó canceroso.

Desde entonces a la fecha, el señor Raúl Moreno ha ingerido diversos medicamentos, además, ha recibido radiaciones y quimioterapias. Aun cuando los médicos le explicaron que el cáncer no es sinónimo de muerte, pues cuando se detecta a tiempo es curable, o recibiendo los tratamientos adecuados los efectos negativos disminuyen y el paciente puede tener una mejor calidad de vida, él comenzó a enfrentar algunos problemas.

 

ESCENARIO COMPLICADO. Uno de los primeros obstáculos a los cuales se enfrentó la familia Moreno Torres, fue el hecho de que los tratamientos para el cáncer son muy costosos, por ello al poco tiempo de iniciadas las quimioterapias se percataron de que no podrían solventar el costo de las mismas. Entonces decidieron desprenderse de parte de su patrimonio, pusieron a la venta los tres coches que poseían, y los hermanos de Raúl lo apoyaron durante tres meses, pero también se les agotaron los recursos económicos.

Ante su desesperación, la señora Elida Torres acudió al DIF Estatal, donde la atendieron de manera amable y pudo exponer el caso de la enfermedad de su esposo a Yolanda Ramírez de Orozco, titular del voluntariado. A los dos días, su esposo ingresó como beneficiario al programa “Sigamos juntos” para apoyo de quimioterapias. A la fecha le han cubierto el gasto de tres quimioterapias, con un valor aproximado de 180 mil pesos; asimismo, el Hospital Hidalgo le hizo la donación de una cuarta aplicación del tratamiento.

 

LUZ AL FINAL DEL CAMINO. Después de nueve aplicaciones, don Raúl ha reaccionado de manera positiva a este tratamiento conocido médicamente como quimioterapias intravenosas, en entrevista para El Heraldo de Aguascalientes dice sentirse a un 90% de sus capacidades físicas y se encuentra de buen ánimo.

Hoy, cinco meses después de que un informe médico lo desahuciara, tras 30 radiaciones y nueve quimioterapias intravenosas, a Raúl Moreno no se le ha caído el cabello y conserva su preciado bigote, sentado en el sillón de su sala, recuerda aquel viaje a la playa que le devolvió la vida, en especial, un amanecer en el que se vio rodeado de sus cinco nietos: “El despertar más bonito que ha tenido en mi vida, y la mejor medicina que me han dado”.