Por Francisco José Aceves Díaz

Partiendo de la premisa de que hoy más que nunca vivimos en un mundo globalizado, tenemos que entender que el escenario internacional es más importante que nunca, ya que un pequeño cambio en el equilibrio internacional puede derivar en cambios radicales en cualquier país. Hoy la atención mundial se encuentra sobre Venezuela, dadas sus grandes reservas de recursos se ha convertido en un campo fértil para la lucha de poderes, dando como resultado una polarización en la política internacional de los países de América y del mundo.

Esta polarización resulta evidente en nuestra región: Latinoamérica, con los virajes a la derecha en la política de Brasil y Argentina con Bolsonaro y Macri, respectivamente, y el cambio a la izquierda de México; consecuencias todas del hartazgo de la población de estos países con el sistema de gobierno tradicional imperante en ellos. Venezuela por su parte, en las elecciones del 2015 para la Asamblea Nacional, demostró ser parte de este despertar colectivo latinoamericano votando por la oposición. Sin embargo, Maduro, con una serie de artimañas legales ha tomado como rehén al pueblo venezolano para perpetuarse en el poder y suprimir toda oposición; citando al vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence: “La Asamblea Nacional representa el último vestigio democrático que aún existe en Venezuela”.

Los jugadores en este ajedrez geopolítico llamado Venezuela, por un lado, tenemos a la Alianza de Lima, la Organización de Estados Americanos, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Colombia, Chile, Paraguay, Perú, Argentina, Ecuador, Guatemala, Costa Rica, Honduras y Panamá respaldando al presidente interino de la oposición Juan Guaidó.

En el otro lado tenemos a Rusia, China, Turquía, Cuba, y Bolivia, estos dos representando los últimos vestigios de la decadente izquierda latinoamericana. Hay que decirlo claramente, México NO apoya a Nicolás Maduro, aunque sí lo reconoce como presidente, nuestro país se encuentra en una postura neutral, y hasta cierto punto sensata, al igual que Uruguay, que buscan una salida negociada al conflicto: Privilegiar el diálogo por encima de cualquier otra cosa, sin tomar partidos, y la creación de una comisión por la paz.

Todas estas cuestiones han convertido a Latinoamérica en el patio de juegos de las grandes potencias, donde se colocan y quitan sus peones, según su conveniencia e intereses, creando situaciones tan volátiles como las que hoy en día tenemos en Venezuela: una lucha de poder a poder en la que el único perdedor es el pueblo venezolano. Obviamente se debe primar una salida negociada al conflicto, donde la paz no se vea violentada y no le permita a las grandes potencias extranjeras seguir usando esta noble región como su propio campo de pruebas.

Debemos cerrar filas en torno a la paz, no dejarnos llevar por la polarización. “Si apoyas a Maduro eres comunista” o “Si apoyas a Guaidó (y Trump) eres fascista”, debemos dejar esas etiquetas de lado, y apoyar a los únicos que realmente pueden perder: los venezolanos, que al final del día, son nuestros hermanos latinoamericanos.

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