Rafael Aviña
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Ciudad de México, años sesenta. Soviéticos y estadounidenses suponen que China aprovechará la visita del presidente gringo para asesinarlo.
En su intento por frenar la intriga, las autoridades mexicanas buscan a Filiberto García, detective y matón a la antigua, siempre con la palabra pinche en los labios.
García descubre verdades a medias, mientras vaga por las entrañas del Barrio Chino en la calle de Dolores al tiempo que se cruza con la bella china Martita.
El Complot Mongol escrita en 1969, representa uno de los mayores logros de la novela negra en México, con la que Rafael Bernal mezcló la dureza criminal y el humor a lo Chandler o Hammett con la acción y el exotismo de Ian Fleming.
En 1977, Antonio Eceiza consiguió una eficaz adaptación abriendo el camino para una revalorización del género con: Días de Combate, Cosa Fácil y Llámenme Mike (Gurrola, 1979) o Cadena Perpetua (Ripstein, 1979), sobre el desencanto del capitalino en una urbe caótica.
Con El Complot Mongol (México, 2018), el cineasta Sebastián del Amo decidió no actualizar a los tiempos que corren la trama, ni estilizar a la novela gráfica de hoy.
De manera audaz apuesta por un thriller que se sumerge en una violencia más paródica que brutal, sin abandonar su gusto por los relatos de recreación de época de un México ingenuo, popular y cinéfilo como en: El Fantástico Mundo de Juan Orol o Cantinflas.
Al buen trabajo de ambientación y fotografía, se une un reparto espectacular con un espléndido Damián Alcázar como el policía judicial y antihéroe noir, o ese alcohólico licenciado que encarna Sosa y dice entre otras cosas: «En México no importan las leyes, importan los cuates que tengas», en un filme y una obra tan entretenida como desesperanzadora y melancólica.