Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías.

 

Muchas veces nos preguntamos porque existen tantos profesionistas fuera del campo laboral, o que desempeñan tareas distintas a sus profesiones, esto se debe en gran medida a la desconexión entre la demanda del mercado laboral y el sistema de desarrollo de habilidades y capacidades.

De acuerdo con datos proporcionados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) durante el foro “Transformación, habilidades para la productividad” el 43 por ciento de las empresas no encuentran los trabajadores calificados que requieren y en algunos sectores esta cifra supera el 80 por ciento. Carmen Pagés, Jefa de la Unidad de Mercados Laborales y Seguridad Social del BID, precisó que 43 por ciento de las empresas en México han manifestado que no tienen a los trabajadores que necesitan.

Por su parte, el Subsecretario de Educación Media Superior de la Secretaría de Educación Pública, el Dr. Rodolfo Tuirán, dio un dato distinto, pero mucho más preocupante, afirmó que “solo uno de cada diez empleadores en México, reconoce que existen profesionistas calificados”. Esta cifra es altamente alarmante, puesto que quiere decir que el 90 por ciento de los empleadores afirman que en México los profesionistas no cuentan con las capacidades y habilidades necesarias para ocupar los puestos laborales, a pesar de contar con un título.

Estos datos, reflejan que no existe una educación de calidad; que no existe una adecuada planeación en el sector educativo; y que no se lleva a cabo una previsión de perfiles a futuro.

Primeramente, creo que es necesario llevar a cabo una transición en el sector educativo <cosa que se está dando, con las reformas aprobadas> para pasar de un aprendizaje de “libro de texto” a uno enfocado más en potencializar la formación de capacidades técnicas y especializadas, que formen perfiles competitivos y de liderazgo. Adicionalmente debe llevarse a cabo una planeación y previsión sobre cuántos trabajadores se necesitarán en el futuro, con qué perfiles y los sectores con ventajas competitivas.

De igual forma, y a efecto de reducir estas cifras, es necesario dar la importancia debida a la orientación vocacional, la gran mayoría de las veces los jóvenes eligen sus carreras de acuerdo a aspectos que no van acordes con sus capacidades y habilidades, y mucho menos con la demanda laboral <factores familiares, cuestiones de estatus, y las carreras “de moda”> dejando a un lado factores como sus habilidades intrínsecas, nichos de oportunidad y demanda.

Otro aspecto que incide directamente en estas cifras, es el poco o nulo interés por parte de los profesionistas por especializarse en las áreas que se desempeñan, esto, con la finalidad de ser más competitivos y así, alcanzar una mayor proyección dentro de la empresa, por el contrario, la gran mayoría, al contar con un empleo, prefieren enfocarse en mantenerlo, que en especializarse y crecer.

Muy de la mano del aspecto anterior, se encuentra el papel que juegan las empresas; las oportunidades de capacitación dentro de estas, son reducidas y desiguales <a efecto de ahorrar en gastos>. Creo que el sector productivo debe otorgar mayor apoyo para capacitación, y por el contrario, más que verlo como un gasto, considerarlo una inversión en capital humano.

Finalmente, si no invertimos en educación e impulsamos la fuerza laboral, será difícil lograr el crecimiento económico y social que requiere el país. El gobierno, las empresas y cada uno de nosotros debemos hacer lo que nos corresponde para fortalecer el capital humano, no debemos olvidar que una sociedad con educación de calidad, es una sociedad más independiente del estado, que se defiende por sí sola, más productiva, más competitiva, y por tanto, que a diario agrega valor a lo que hace, y precisamente el crecimiento económico se da sólo cuando agregamos valor a lo que hacemos.

Les agradezco a todos los lectores. Los espero una vez más el próximo miércoles.