Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Un denominador común de los políticos, sobre todo si andan en campaña, es ofrecer proyectos de nación, de economía, de seguridad, de salud y de todo lo que se les ocurre; asegurando, además, que tienen todo previsto para resolver los problemas más sentidos de la población; sin embargo, cuando ya están en el ejercicio del poder no saben qué hacer para dar respuestas a los requerimientos básicos  de la ciudadanía; de donde se infiere que los “proyectos”, cantados a los cuatro vientos, eran únicamente  palabrerías, las cuales  se desvanecen una vez obtenidos los votos del electorado.

En el campo de la educación, la situación es peor aún en esta ocasión; pues la idea preponderante, al respecto, están sólo desechar la Reforma Educativa, pero sin ofrecer siquiera el mínimo esbozo de una nueva concepción de la educación que sustituya a la que se pretende desechar. En el mejor de los casos, hay algunas promesas administrativas vagas y, hasta donde se sabe, una nueva reforma o contrarreforma no puede ser únicamente de vaguedades. Si  teniendo un modelo educativo, bien pensado y bien estructurado, no resulta fácil lograr importantes avances en la materia, ¿qué se puede esperar sin un proyecto bien definido? Sería como un barco que navega a la deriva, que navega sin brújula y sin puerto a dónde llegar; en otras palabras, una educación sin rumbo.

La actual Reforma Educativa está sustentada en el ArtículoTercero Constitucional; de esta Ley se derivan los fines de la educación, que están explicitados en la Ley General de  Educación. Para cumplir con estas disposiciones normativas están formulados los planes y programas de estudio de la educación mexicana y para desarrollar sus contenidos  programáticos, en favor del  estudiantado nacional, se dispone de presupuestos, escuelas, libros de texto, materiales y equipos diversos, maestros y una serie de apoyos adicionales para que funcione el sistema educativo de acuerdo con la orientación normativa y pedagógica prevista. Además, el sistema escolar del país tiene convenios internacionales, con los cuales se ajustan los criterios técnicos y se trabaja colaborativamente para el mejoramiento global de los servicios que se prestan. En el borrón y cuenta nueva,  ¿en qué normas se basaría la nueva cuenta educativa?, ¿cuáles serían los nuevos fines educativos?, ¿qué contenidos programáticos se modificarían?, ¿cuáles serían los nuevos enfoques u orientaciones educacionales?, ¿habría nuevos libros de texto y nuevos materiales de apoyo?, ¿sería diferente la formación y el ejercicio docente?, ¿habría evaluaciones?, ¿cuál sería la intervención de los padres de familia? Estas y muchas otras preguntas surgen a raíz de que no se han precisado las ideas de lo que sería la contrarreforma o la nueva Reforma Educativa. Lo peor que puede pasarle a los estudiantes de México es asistir a un proceso  educativo sin saber el rumbo de su formación.

Cuando se dice que se echará para atrás la actual reforma laboral, ¿en qué y en quiénes se está pensando? Todo hace suponer que se piensa en los votos y se está pensando en los maestros y en algunos políticos; más no se está pensando en los niños ni en los adolescentes ni en los jóvenes. Ahora bien, si el interés está centrado en los maestros y en algunos políticos, entonces, por consecuencia lógica, la contrarreforma estaría destinada para quedar bien con éstos, pero no para beneficiar a los niños que son la razón de ser de la educación. En tal virtud y aunque parezca una perogrullada, habrá que insistir: todo lo que se haga en el campo de la educación tiene que ser pensando, invariablemente, en los estudiantes y en cómo mejorar su educación; porque son el presente y el futuro de México. La contrarreforma, por todo lo anterior, debe ser muy superior a lo realizado hasta hoy; de lo contrario sería un proyecto más sin sentido, para desgracia de México.

 

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