A comienzos de esta semana, fuimos testigos de la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia. El ahora ex presidente, encabezó uno de los gobiernos más populares en la historia de ese país. Su mandato comenzó a principios del 2006, logrando sobreponerse a tres elecciones durante ese periodo hasta la fecha.

Los problemas de Morales, comenzaron cuando en 2016, postula al pueblo bolivariano la posibilidad de una presidencia permanente, derivado de los fructíferos resultados obtenidos. La ciudadanía, evidentemente, rechaza categóricamente la propuesta y se conforma el denominado Movimiento 21-F, que tenía como principal objetivo, impulsar la salida del presidente del poder. Este punto resulta ser un punto de inflexión en su mandato. Desde aquel momento, comienzan acciones y actos fuera de un marco democrático, orillados por su obsesión de permanecer en el poder. Dicha ofuscación, lo orilla a manipular órganos autónomos, fraudes en comicios, negligencia a procesos democráticos, etc; ¿Dónde hemos escuchado esa obsesión por el poder?

Dejando a un lado cuestiones políticas, las variables económicas, durante todo su mandato, se encontraron en números positivos. Indaguemos.

La economía bolivariana tiene su principal actividad en la extracción y en la exportación de sus recursos naturales, principalmente mineros y gasíferos.  Estos, según datos del Instituto Nacional de Estadística de aquel país, representan el 80 por ciento de sus exportaciones, 20% de sus ingresos fiscales y el 10 por ciento de su Producto Interno Bruto. Durante el mandato de Evo, estos números fueron incrementándose, gracias al desarrollo de proyectos estatales que impulsaron la extracción y exportación.

Esta expansión en sus exportaciones, de la mano con un incremento en los precios de materias primas, logró un crecimiento económico sostenido de 4.9 por ciento, concretando 15 años de continuo desarrollo.

De igual forma, el país andino llevó a cabo una política social que le permitió mejorar las condiciones de sus habitantes más marginados. Durante el mismo periodo, logró reducir su pobreza moderado, pasando de 59 a 39 por ciento. La desigualdad, medida por el Coeficiente de Gini, pasó de 0.60 a 0.47%; siendo el cero la máxima igualdad.

Muchos de los logros conquistados, son gracias a la implementación de planes de desarrollo económico y social; los cuales tenía como objetivo lograr mantener el crecimiento proseguido, continuar reduciendo la pobreza y mejorar el acceso a servicios básicos. Todo esto basado en un amplio programa de inversiones públicas, financiado por los ahorros acumulados en la bonanza, endeudamiento externo y créditos del Banco Central.

Es aquí donde observamos la importancia que mencionábamos la semana anterior – http://www.heraldo.mx/el-endeble-brazo-derecho-de-la-economia-nacional/ -, sobre la eficiente ejecución de la inversión pública, con fines de concretar un crecimiento económico duradero.

El gobierno fijó como prioridad, la combinación de estatismo en las áreas transcendentales de la economía, como el gas y la electricidad; en una alianza con el sector privado a cargo de las grandes industrias nacionales. El incondicional apoyo que se brindó a los emprendedores artesanales y comerciales, los cuales representan el 60 por ciento de su fuerza de trabajo, generaron una económica plural se combinó con superciclo de las materias primas que benefició a la economía latinoamericana entre 2004 y 2014.

Es aquí donde se presentan diferencias en la ideología económica con el manejo chavista de Venezuela o con la Nicaragua de Daniel Ortega; mandatos en los que han existido un sinfín de comparativas.

La moraleja que hoy en día nos brinda Bolivia, nos enseña que, a pesar de todos sus defectos, la democracia sigue siendo el sistema que prefiere la mayoría del mundo.

Incluso un presidente que ha tenido sensibles resultados económicos puede perderlo todo, si no es que respeta la decisión del pueblo, ese mismo pueblo que lo puso en el cargo que ostenta. Nadie, a pesar de lo carismático que pueda ser, puede quedarse en el poder mayor tiempo del sufragado.

 @GmrMunoz