Los 80, una década grabada en el subconsciente colectivo gracias a los vibrantes y contrastantes colores que dominaban el croma cultural, desde las expresiones mediáticas hasta las prendas de vestir, mientras éstas ondulaban al ritmo de melodías callejeras conocidas como “breakdance” o con las armoniosas tonadas del optimista “happy metal” asociado a intérpretes melenudos mientras que los avances tecnológicos y mediáticos causaban estragos en su perdurable zeitgist cuando éste se registraba en su canal más valioso y perenne: el cine, espacio donde surgió una de sus obras más icónicas y representativas de este fragmento histórico, “Tron”. Cinta dirigida por Steven Lisberger en una época donde se consideraban a los aparatos computacionales como una vía directa a las soluciones máximas e inmediatas y la palabra “hacker” despertaba lascivas sonrisas por su obscena fonética pero que, indudablemente, puso de manifiesto que el universo informático había llegado para perdurar en la imaginería cinematográfica.
La cinta gira en torno a Kevin Flynn (Jeff Bridges), un exitoso diseñador de videojuegos que se ve involuntariamente digitalizado por el villano de la historia -el Control Maestro, un programa corporativo- cuando trata de recuperar los archivos que le fueron robados por la cabeza de la compañía donde solía laborar, por lo que es reconstituido inesperadamente y molécula por molécula en una realidad cibernética donde darwinescamente sólo sobrevive el más fuerte, entre parajes de gran intensidad geométrica que hablaban de una puesta en escena inspirada en su sintética apariencia pero audaz en su ejecución, aún si se trataba de balbuceos infográficos, además de insertar en el léxico de los cinéfilos términos como “Bit”, “input / output” y diálogos que hablan de sistemas de comunicación global que ahora conocemos como “Internet”.
En el plano narrativo, la trama se construye en base a los lineamientos más elementales del cine de aventuras, pues para sobrevivir, Flynn deberá aliarse con TRON (Bruce Boxleitner) y YORI (Cindy Morgan), programas que poseen tanto la apariencia de sus creadores como información vital que impidan el ascenso y dominio de Control Maestro junto con su ambicioso usuario Ed Dillinger (David Warner) en los softwares empresariales, generando una historia apoyada por sus innovadoras audacias visuales y algunas secuencias genuinamente emocionantes (quienes la vimos en pantalla grande durante su corrida comercial, jamás olvidamos las confrontaciones con discos de identidad similares a los enfrentamientos entre gladiadores romanos o las icónicas Motos de Luz) pero que decae ocasionalmente en el departamento de caracterización y ritmo, ya que la historia no encuentra un eje emocional apropiado y su desarrollo dramático se ve sacrificado en el altar de la espectacularidad visual, probablemente por la inexperiencia de su director. Sin embargo, el proyecto cautivó la imaginación de toda una generación, transformándose en un filme de culto y erogando en obligada referencia de una época donde la tecnología podía estar al servicio del arte y no tan solo para llenar los globos oculares de pirotecnia, como lo demuestra “Ready Player One: Comienza el Juego”, ahora en cartelera.
Nota: La cinta se encuentra disponible en Edición Especial en la Videoteca del Centro Cultural Casa Jesús Terán.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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