Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Aquí, lana sube, lana baja y lana viaja

Una de las virtudes del cine de animación, además de conjugar procesos creativos refinados en la definición de un relato plástico que, procesado con madurez y convicción fílmica, puede legar propuesta al lenguaje cinematográfico e incluso una buena dosis de iconografía generacional -como sucedió con Bambi, Fritz el Gato o Buzz Lightyear-, es su abundante capacidad de destilación narrativa por exigencia de un medio que requiere un tiempo y costo de producción mayor al de aquellos en acción real, por lo que su factor de inventiva, concreción dramática y desarrollo temático deben aprovecharse al máximo (aun si estudios como Dreamworks o Fox eligen desperdiciar dichos recursos en aras de tributos a sus amos inversores en forma de vacuas y acarameladas franquicias). Tal es el caso de los afamados Estudios Aardman (“Wallace y Gromit”, “Pollitos en Fuga”), equipo de producción británico que durante más de 40 años han mostrado una ejemplar dedicación al progreso y dignificación de las crónicas animadas, en su caso mediante cortos y largometrajes filmados en su totalidad con la técnica del stop motion o animación cuadro por cuadro, siempre con minuciosa y dimensionada estética y un sentido del humor inteligente e inconfundiblemente inglés, pero cediendo algo de su característica flema por la apuesta a la pluralización de contenidos. En su catálogo encontraremos varios personajes distintivos que han logrado trascender hasta transformarse en sinónimos de dicho estudio, incluyendo a una pequeña oveja llamada Shaun que fuera catapultada a la fama en Europa por sus frescas y desenfadadas aventuras en la televisión. Ahora este cordero ha dado el salto a la pantalla grande con un filme sin posturas o pretensiones, sólo las dinámicas y honestas hazañas de condición jocosa provocadas por este simpático borrego. La historia no podría ser más lineal y sobria: Shaun y su rebaño llevan una vida apacible en la granja con un dueño que permanece anónimo durante la totalidad de la cinta. Todo su cotidiano ha caído en un marasmo de tormentoso hastío que paraliza cualquier propósito festivo, por lo que la oveja trama un plan para escapar, estratagema que se ejecuta terriblemente y culmina con el granjero internado en un hospital de la gran ciudad. Amnésico y alejado de sus amados animales, ahora corresponde a Shaun, motivado por la culpa, y varios de sus compañeros de rancho recuperarlo y restablecer la normalidad en la granja. Por supuesto, la hilaridad reposará en los intentos de estos personajes por adaptarse e incluso mimetizarse al contexto urbano, pero es la construcción de situaciones, la dinámica entre los protagonistas y el hecho de que en ningún momento abran sus hocicos para enunciar palabra alguna lo que permite que sus acciones produzcan el efecto deseado de comicidad punzante, trabajado con mucha corrección y timing humorístico, además de un guión elaborado por Mark Burton y Richard Starzak, que concede más importancia a motivaciones y exploración de los elementos emocionales que surgen orgánicamente de la misma trama que al chiste fácil que pudiera esbozarse con tres ovejas enfundadas en un suéter de lana (muy irónico y efectivo) haciéndose pasar por un comensal en un elegante restaurante. Una destacada y aguda comedia que, aun si su formato fuera distinto, sería el mismo divertimento de calidad apto para toda la familia que en época vacacional se aprecia aún más.

Correo: [email protected]