Abuelita, que cuchillo tan grande tienes…

El escritor, productor, actor de ocasión y director, M. Night Shyamalan, encontró en este filme un medio de expresión afín: el falso documental, coincidiendo ambos, formato y director, en el hecho de que en algún momento gozaron de inmensa fama y efectividad, pero descendieron con el paso del tiempo a clichés inaguantables, abaratando sus recursos hasta verse los dos transformados en instrumentos mercenarios al servicio de productores frívolos. Y así el hombre orquesta hindú une sus fuerzas con este moribundo subgénero para crear un nuevo proyecto, posiblemente con el fin de reencontrarse con sus raíces minimalistas saturadas de atmósferas inquietantes ante los requisitos de austeridad que prácticamente exige esta suerte de cinema verité posmoderno. El fruto de esta unión profana es un relato con mucho potencial que, a diferencia de las últimas 7 cintas suyas, no colapsa ni se extravía ante el fulgor de sus interesantes premisas (hecho innegable: Shyamalan se transformó en un director hábil en la concepción de premisas fascinantes a las que simplemente no supo cómo codificar en historias, desde “La Aldea” hasta “El Final de los Tiempos”), creando un relato que funcionaría mejor si lo redujera a corto o mediometraje y prescindiera de los lelos intentos de humor a los que conduce el extravagante diseño de sus protagonistas, pero que igual se deja ver por ciertas cualidades narrativas que se antojan honestas y algunos momentos de suspenso bien trabajados y francamente bizarros.
La trama de esta película se enfoca en Becca (Olivia DeJonge), una adolescente con delirios de documentalista, y su hermano menor Tyler (Ed Oxenbound), quien sueña con ser una estrella de hip-hop. Ambos van a pasar una semana con sus abuelos, quienes recientemente se han contactado con su madre soltera (Cathryn Hahn) después de 15 años de alejamiento por una riña, evento que ella desea olvidar. El viaje servirá para que los jovencitos estrechen lazos con sus extraviados familiares y que mamá tenga un viaje recreativo con su nuevo novio. Al arribar, los chicos comienzan a interactuar con los dos ancianos (a los que afectuosamente llaman Papá y Nana), Y Becca decide documentar vía dos cámaras todo el proceso, por lo que una vez más la perspectiva del filme estará a merced de quien la tenga en mano. La relación entre ellos en apariencia fluye con tersura, hasta que la abuela muestra una perturbadora tendencia a arañar las paredes completamente desnuda en medio de la noche, el abuelo comienza a apilar sus embetunados pañales para adulto en un cobertizo y ambos manifiestan un patrón de conducta que va de lo peculiar a lo psicótico. Ahora, los hermanos videoastas tratarán de sobrevivir la visita familiar y resolver el misterio de sus vesánicos abuelos. Todo conducirá a la rigurosa vuelta de tuerca cultivada por Shyamalan desde “El Sexto Sentido”, y ésta, afortunadamente, resulta funcional y orgánica al contexto narrativo, culminando en un duelo de violencia psicológica y física con algunos toques impactantes, como el escatológico enfrentamiento entre Tyler y Papá.
La película estuvo muy cerca de marcar el renacimiento de M. Night como realizador (esa tarea le correspondió a “Fragmentado” un año después) y ésta tampoco revoluciona o incluso aporta algo novedoso al género del suspenso, pero se puede disfrutar si ya agotó toda literatura interesante en casa, en línea o en bibliotecas, ya completó su maratón televisiva de las temporadas completas de “Breaking Bad”, “House of Cards” y la serie sobre Luis Miguel o, simplemente, en caso que desee eludir la visita a casa de algún familiar anodino (siempre podemos contar con uno o varios), argumentando una gripe loca para quedarse en casa y disfrutar esta cinta. A menos que deba invitarlo(s), entonces se dará(n) por aludido(s).

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