Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Entre lágrimas, risas y vísceras

El zombi ya ha sido explotado y explorado desde todo ángulo, perspectiva y situación, habiendo el cine y la televisión pormenorizado a esta criatura hasta el punto que lucía desgastado y consumido por la sobreexposición. Pero como el monstruo mismo, éste subgénero se niega a morir y “Estación Zombi: Tren a Busan”, producción surcoreana dirigida por el otrora animador Yeon San-Ho, resucita el fenómeno atendiendo más a sus personajes centrales que a los excesos de hemoglobina o sustos baratos que regularmente acompañan este tipo de producciones, obsequiándonos una de las mejores cintas de terror en los últimos años a la vez que se consolida como un drama familiar más que competente en la mejor tradición de sus compatriotas Chan Wook-Park (“Oldboy”, “Thirst” y Boon Jong-Ho, que realizó “El Huésped”), dos de los nombres más destacados en cuanto a cine fantástico coreano se refiere y quienes han visto en el género una vía de acceso a la exploración introspectiva e incluso lírica de su sociedad y quienes la habitan, a la vez que juegan y deconstruyen con los convencionalismos del horror, añadiendo sutiles capas de humor negro que proveen de profundidad a la narrativa.
La película de San-Ho trata sobre un ocupado pero sensible gestor de fondos llamado Seok-Woo (Yoo Gong) quien trata de conectarse con su pequeña hija Soo-an (la convincente Kim Soo-an) después de un difícil divorcio producto de la intensa vida laboral. Mientras visita a su pequeña con motivo de su cumpleaños, ella le dice que sólo quiere ver a su madre, quien vive en la lejana ciudad de Busan, por lo que toman un tren al día siguiente sin saber que una terrible pandemia recién brota en Corea del Sur y un infectado logra colarse en el voluminoso transporte. El resto es fácil de adivinar: la infección se propaga con suma rapidez y Seok-Woo deberá hacer todo lo posible por salvar a su hija mientras el tren sigue en movimiento, asistido por unos personajes francamente entrañables como unos jovencitos que son parte de un equipo de beisbol, una mujer embarazada y su forzudo pero sensible esposo y un vagabundo que dormía de polizón en uno de los carros. La dirección es dinámica, limpia y muy creativa, ya que la cámara no reta al espectador con movimientos innecesarios o vagabundos, sino que centra en cuadros muy acabados la acción mientras que los brutales eventos a cuadro se retratan con solidez y pulcritud. Por otro lado, los personajes reciben un tratamiento adecuado manifestando motivaciones y psicología redondas, superando el estigma de víctimas y pasar a ser personas en riesgo, lo que genera tensión en el espectador. Mas, el punto fuerte es el drama, ya que el director logra construir un nivel de intensidad emocional que se suma al físico, desarrollando un clímax sensible, violento y cautivador donde la dinámica padre-hija juega un papel primordial.
“Estación Zombie: Tren a Busan” es una muestra tanto a los productores y directores occidentales sobre cómo utilizar un recurso tan asolado como lo es el zombi y darle, aunque suene paradójico, nueva vida. Antídoto a la escasez de horrores inteligentes o certeros en cartelera.

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