Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Una pareja muy pareja

El guionista y director Shane Black (“Arma Mortal”, “Entre Besos Y Tiros”) logra con su más reciente producción, demostrar que la incorrección política y el cine de catadura ochentera aún pueden funcionar si se les trata con frescura y relativa inteligencia, aun si el procedimiento es uno que hemos atestiguado en incontables cintas. Lo que aquellas producciones que arrancan suspiros nostálgicos de cuarentones, como su servidor, ofrecían a modo de parejas disparejas policiales que unen fuerzas ante la resolución de un crimen, aquí se ve favorecida por una sorprendente química que brota entre sus protagonistas, Russell Crowe y Ryan Gosling, quienes se divierten horrores con sus personajes y proyectan un ludismo intrincado y necesario para que esto funcione como lo hace. Gosling encarna a Holland March, un detective privado y padre soltero que parece el hijo bastardo de algún personaje creado por Elmore Leonard ante su desparpajada, bufonesca pero dedicada presencia; mientras que Crowe es Jackson Healy, hombre solitario y taciturno que se dedica básicamente a golpear a otros por dinero. Ambos cruzan caminos cuando una famosa actriz porno llamada Misty Mountains muere de forma muy espectacular. La investigación llevará a ambos a la localización de una chica llamada Amelia (Margaret Qualley), quien labora en la industria del cine erótico y que posee la clave para resolver el misterio. Mas la trama se espesa cuando agentes gubernamentales y la mafia se involucran y tratan de evitar que ambos cumplan su cometido, por lo que terminan involucrados en una red de intriga que se despliega con tono jocoso, como una versión hilarante de un filme noir pero que sí produce regocijo.
El guión tiene de todo: intercambios chispeantes y divertidos entre los disímbolos protagonistas sin caer en la sangronada fácil, secuencias medidas y controladas de acción, una trama detectivesca intrigante y buenas actuaciones, entre las cuales destaca la jovencita de ascendencia australiana Angourie Rice, quien interpreta con mucha convicción a la hija treceañera de Gosling, robándose las escenas donde participa, pues su personaje logra delinearse como el compás moral de su existencialmente extraviado padre sin tornarse anodina o pesada, a la vez que disfruta con soltura las andanzas de su progenitor (la secuencia más sólida del filme sucede en una fiesta porno donde personajes extravagantes, balazos e intriga se despliegan mientras la púber se adapta con facilidad a tan peligrosa atmósfera). “Dos Tipos Peligrosos” es un ejercicio ocurrente y gracioso con suficiente potencia y madurez para permitir la recuperación la fe perdida en el subgénero del buddy cop gracias a las torpezas de fulanos como La Roca u otras niñerías.

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