Por:Juan Pablo Martinez Zuniga

La experiencia revisionista, sobre todo en la cinematografía, puede transcribirse como una necesidad generacional de revitalizar o recodificar los compuestos básicos de una base narrativa que abre sendas novedosas o siembra la simiente de las ideas que a la postre germinarán como nuevos trayectos en el subgénero que aborda. En esta ocasión, las historias sobre muertos que caminan han tomado la mano de la civilización mediatizada por un lapso ya muy prolongado, cuando en el 2002 el cineasta británico Danny Boyle emprendió ese gradual proceso de quebrante paradigmático con respecto a la mitología zombi engendrada con ingenio y sátira por el incisivo George A. Romero en sus cintas sobre el tema mediante su ahora medular filme “Exterminio”, donde la palabra con “Z” fue erradicada del léxico cinéfilo al sustituir la mística sobrenatural de un cadáver reanimado sin razón aparente por elementos biológicos adversos y nefastos para el metabolismo humano como infecciones, plagas y experimentos salidos de control, dotando a la amenaza caníbal de una rapidez digna de adictos al parkour. Los antropófagos atléticos fascinaron  al público a tal grado que su propia mitología comenzaría a escribirse con exitosos títulos posteriores como el remake de “El Amanecer de los Muertos” (Znyder, E.U. 2004), “Shaun of the Dead” (Wright, G.B. 2004) o “La Horda” (Dahan – Rocher, Francia, 2009). Actualmente la machacante serie de televisión “The Walking Dead”, basada en el cómic homónimo de Robert Kirkman, mantiene -si me perdonan la expresión- vivo el subgénero. Ahora que el postmodernismo asoma su amorfa cabeza hacia otras latitudes, tenemos una cinta que aparea géneros, ideas y supuestos sobre las implicaciones y posturas del universo zombie para ofrecernos un amable, inteligente y -¿Quién lo hubiera pensado?- conmovedor romance entre un reanimado y una joven. “Mi Novio es un Zombie” es el horrendo título que se le ha puesto en mexicano y que traiciona a su jugoso juego narrativo que se pasea con aplomo y cierta sagacidad en los terrenos del cuestionamiento existencial, filosófico e incluso fílmico, haciéndola ver como un divertimento adolescente digno de los adoradores de “Crepúsculo”, y si éstos la han de revisar, vaya chasco que se llevarán (de hecho, espero de todo corazón que lo hagan y vean que no toda relación apasionada con un componente fantástico debe padecer de sus facultades mentales).
El inusual protagonista de la cinta es R (Nicholas Hoult), un muerto viviente adolescente que nos comparte de un cotidiano zombi producto de una consabida plaga que diezmó a la población y la transformó en fiambres ambulantes mediante una acertada narración en off (lo que plantea la interesante idea de que los reanimados retienen sus facultades neuronales y sólo se ven traicionados por un cuerpo en descomposición y una vocalización inarticulada a base de sonidos guturales) que muestra al personaje como alguien perceptivo, analítico e incluso con cierto encanto. Constantemente cuestiona las escasas facultades de su cadavérica comunidad y sus prácticas antropófagas, tomándolas como un mal necesario para su subsistencia, experiencias que comparte con  su “amigo”, otro zombi llamado M (Rob Corddry). Existe otra casta, de grotesca y aterradora apariencia llamada “Huesudos”, los cuales según R “se dejaron llevar y no lucharon por ser algo más”, más salvajes y gustosos de alimentarse de seres vivos. La contraparte de este caótico mundo es el reducido contingente de humanos sobrevivientes, liderados por Grigio (John Malkovich), quien provee de estructura y sistema a los habitantes de una amurallada ciudad y cuyos habitantes deben tomar parte de los grupos o contingentes que abandona la seguridad de su ciudadela para incursionar en el territorio zombi por comida, vestido, medicina y demás suministros. Su hija Julie (Teresa Palmer) decide participar en una excursión en compañía de su novio Perry (Dave Franco) y las cosas salen mal, pues son emboscados por las creaturas y es R quien ultima a Perry. En este punto nos enteramos del aspecto más fascinante de la cinta, que es un aporte de amplias posibilidades narrativas en la mitología: los zombis prefieren los cerebros no sólo porque mitiga el dolor de estar muertos en vida (algo que ya se había planteado en la extraordinaria cinta de Dan O’Bannon “El Regreso de los Muertos Vivientes”) sino que el fagocitar materia gris permite asimilar los recuerdos, sensaciones y experiencias del devorado, lo que le permite, en palabras de R “experimentar aunque sea unos instantes lo que es estar vivo de nuevo”. Entre esa ingesta nemotécnica van los recuerdos de Perry con Julie, quien se encuentra presente al ser devorado y al cruzar miradas, R siente lo que el difunto enamorado sentía por ella, por lo que decide salvarla de la horda y llevarla a su refugio, para comenzar el desarrollo de la cinta que involucra la relación entre estos dos dispares seres y la exploración del binomio “Romeo y Julieta” que representan, pues el padre jamás aceptará que su retoño ande con un reanimado.
En frío la trama suena como a una alucinación shakespereana digna de un episodio de la serie televisiva “Sobrenatural”, pero la clara y chispeante dirección del avezado Jonathan Levine (“All the Boys Love Mandy Lane”) logra sujetar todas las aristas planteadas en el guión a modo de conflictos y tragedias de forma madura y con asombrosa solidez. Logra permear al proceso de un subtexto sutil e ingenioso que introduce venas de delicioso humor negro con amplias referencias al zombi cinematográfico, presentados con frescura, vigor y ludismo, esquivando astutamente cualquier noción o regla rígida sobre sus mitos y humanizando a sus monstruos, planteando la eterna cuestión sobre quiénes son en realidad las aberraciones sin ceder demasiado a la cursilería o a los excesos gore. “Mi Novio es un Zombie” es una agradable metáfora sobre los bien o mal amados donde casualmente uno de los amantes gusta de comer personas. Una grata sorpresa poco valorada en su corrida comercial tanto para los adictos a los muertos vivientes como para la pareja que gusta de revisar filmografía zombi ocasionalmente.

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