Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

Más que un simple “taco de ojo”.
El mundo del stripper masculino es, aún en la era de la diversificación mediática y pluralidad en sus mensajes, tema poco explorado en el cine, a pesar de su evidente potencial dramático o sus componentes sórdidos para el tejido de una absorbente historia, pues además de la ahora indispensable “Todo o nada…El Full Monty” (Cattaneo, G. B., 1997) y los ineludibles soft pornos del Golden cada viernes y sábado por la noche, rara vez este universo que ha permanecido en la cultura popular por varias décadas ha encontrado un retrato sólido y honesto en cine, tal vez tanto por el aberrante condicionamiento clerical en nuestro continente donde la condenación eterna alcanzará a toda fémina que practique su derecho a la proyección de fantasías concupiscentes al igual que los hombres como al predominio masculino en la industria del entretenimiento donde se favorece el despojo femenino de ropa frente a deslumbrantes tubos acerados trastocando la sensibilidad varonil hacia una idea de exclusividad en cuanto a escapismo erótico se refiere, olvidando o relegando al más arcaico chovinismo que las damas también poseen fantasías febriles.
El siempre polémico, sui generis y talentoso director Steven Soderbergh remienda un poco esta situación con uno de sus filmes más exitosos tanto de crítica como en taquilla: “Magic Mike”, cinta estelarizada por Matthew McConaughey, Alex Pettyfer y Channing Tatum. La génesis de este proyecto resulta tan entretenida como la cinta que parió: al parecer Tatum fue, en otra vida previa al estrellato y “G. I. Joe, el Origen de Cobra”, un bailarín exótico, anécdota que compartió con Soderbergh y quien contempló en dicha historia posibilidades cinematográficas, dando como resultado una película eficiente como todas las del artesanal director pero muy lejana a aquellas donde evidentemente invierte una mayor pasión o las reconfigura en cintas personales. Aún así el filme vale y ésta es la trama: Un adolescente llamado Adam (Pettyfer), humilde intendente, acompaña a su compañero laboral Mike (Tatum) a su trabajo en un club nocturno como parte del grupo de strippers masculinos conocidos como Los Reyes de Tampa. Adam participa del show de forma fortuita y, al notar las onerosas sumas que ganan, decide formar parte del acto, evento que le oculta a su sobreprotectora hermana (Olivia Munn), quien a su vez vela por la seguridad de su hermano debido a que ambos quedaron huérfanos desde pequeños. La dinámica entre personajes es honesta y fresca, con Soderbergh orquestando la narración con madurez y sapiencia a través de diálogos muy reales y conflictos que brotan tanto de las circunstancias que implica el desnudarse frente un público femenino como de las carencias, monetarias y formativas que padecen los protagonistas. McConaughey brilla como el “padrote” y bailarín líder de la agrupación, manejando a su personaje con relevante pathos y ciertas aristas ominosas que lo hacen un personaje complejo pero no desagradable, mientras que su tropa de desnudistas reflejan una genuina camaradería mediante una dinámica de confianza y genuina aceptación de su oficio, un punto que sobresale y se agradece pues el guión no discurre en recovecos existenciales a los que se presta la exhibición de carne para el deleite de las pupilas femeninas o alguna escena que force recursos dramáticos sobre la dignidad y el orgullo, ya que ninguno de los que integran la banda de strippers cuestiona su modus vivendi. Además, “Magic Mike” recurre a un sutil sentido del humor para cimentar sus metas narrativas sin recurrir a desnudos excesivos o gratuitos (aun si suena paradójico) y, en teoría, debería contribuir al quebranto de esquemas y paradigmas en una sociedad tan hermética como la nuestra a la equidad en la exhibición de cuerpos desnudos, pero de alguna forma lo dudo. Aun así, hay que verla.
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