Un holocausto hogareño

¿Quién necesita un holocausto ambiental, una bomba atómica o cracks financieros cuando se tiene a la familia? El llamado “núcleo social” y sus componentes anexos (los parientes) son el detonante ideal para apabullar la condición humana de cualquiera y darnos, durante cada uno de los 365 días del año, un apocalipsis existencial donde las diferencias pueden alcanzar niveles de riesgo emocional e incluso físico y las laceraciones sentimentales son constantes y cualquiera que haya acudido a una de esas reuniones multitudinarias con sus análogos genéticos no me dejará mentir. Para muestra, esta magnífica cinta que tuvo oportunidad de pasear orondamente por la entrega del Oscar en el 2013 para constatarlo, un retrato ácido y cáustico sobre la disfuncionalidad a niveles de pánico entre la familia Weston, un clan predominantemente estrogénico que se reúne debido a una tragedia. El punto de reunión es la casa en Oklahoma de la matriarca, Violet (Meryl Streep), una mujer que evade un mal cancerígeno con alcohol, pastillas y una amarga disposición a la vida y su entorno. Ahí acuden sus hijas Ivy (Julianne Nicholson), obediente y fiel a su dinastía; Karen (Juliette Lewis), algo retorcida y que llega con su prometido aficionado a la marihuana Steve (Dermot Mulroney) y Barbara (Julia Roberts), la mayor, acompañada de su esposo Bill (Ewan McGregor) y su hija adolescente Jean (Abigail Breslin). A la comitiva se anexan la hermana de Violet, Mattie Fay (Margo Martindale), su equilibrado y digno esposo Charles (Chris Cooper) y su tímido hijo apodado “Pequeño” Charles (Benedict Cumberbatch). Todos ellos son tan sólo recipientes de nitroglicerina existencial que terminan por explotar cuando secretos y verdades son revelados y los ánimos caldeados equiparan en intensidad calorífica al intenso verano que se vive en ese condado de Osage.
El director John Wells obsequia una de las cintas más violentas de esta década aún si ésta no muestra una gota de sangre, pues la brutalidad reside en las circunstancias y la forma como estas féminas resuelven sus arraigadas diferencias a través de encuentros físicos y palabras hirientes, pero a la vez sorprende la sensibilidad con que aborda algunos de los elementos más dramáticos, como ciertas infidelidades y abusos sexuales cometidos contra la menor de edad Jean sin caer en lo grotesco. El trabajo coral de actores es soberbio (incluyendo a la Roberts, quien después de tantos y tantos años de bobadas románticas y papeles desabridos por fin decidió ponerse seria y tomar su trabajo con madurez) y la hechura del guión es hermética en cuanto a forma pero laxa en contenido, ya que hay espacio para explorar a tan ricos personajes y su sofocante pero fascinante universo de forma inteligente y contenida, casi como si se tratara de una película de los hermanos Coen, pero con más ácido del que acostumbran. Una opción ideal para ver en familia si la matriarca de la casa tolera la ironía del asunto.

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