Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

El capitalismo apocalíptico

Debo comenzar confesando que la gramática bursátil me elude. Simplemente no puedo asumir o manifestar algún entendimiento pleno sobre los reportes financieros que ponen en alerta a los economistas, políticos y especuladores cada vez que un líder de opinión en informativos matutinos o nocturnos proporciona información sobre el Dow Jones, y tal vez, en este mundo donde las apariencias son la moneda con que se paga la credibilidad -o en este caso, la credulidad-, ni siquiera ellos comprendan cómo opera o funciona en realidad esta brújula sociopolítica ahora indispensable para el desarrollo o ruina de países que es la bolsa de valores y los manoseos que de ella hacen los bancos. Pero “La Gran Apuesta” hace algo que se antoja milagroso: explicar con elementos de pasmosa elementalidad los complicados eventos que llevaron al estallido de la burbuja económica en el 2008, sumiendo al mundo entero en una crisis financiera mientras entreteje una narrativa que entretiene a la par de desarrollar un cuadro de personajes rico y muy dimensionado porque son pavorosamente reales.
La trama desgrana su narrativa en cuatro grupos de comerciantes quienes descubren que los préstamos para vivienda que sostenían la mayoría de la economía norteamericana fueron diseñados sobre formatos crediticios insostenibles, reempacados y aprobados sin verificación alguna por la banca. El personaje nodal es Jared Vennett (un eficaz Ryan Gosling), un insolente, cínico y francamente mamón hijo de Wall Street, que constantemente rompe la cuarta pared para allanar directamente al público los puntos argumentales que comienzan a anudarse por la jerga económica, a la vez que contacta con los otros personajes vitales para esta historia basada en hechos reales: Michael Burry (un excelente Christian Bale), genio economista con un ojo de vidrio -símbolo inequívoco de su estatus como oráculo bursátil- quien capta por vez primera el potencial desastre financiero años antes de que ocurra, mas no se le toma en serio por su conducta excéntrica (duerme en el piso de su oficina, escucha death metal para relajarse y prevé tendencias en el mercado de intercambios mucho antes de que éstas sean detectadas por los analistas); Mark Baum (Steve Carell en su mejor papel a la fecha), un irascible y paranoico contador que pone en duda los informes oficiales de Wall Street y la Banca Norteamericana cuando detecta una tendencia a la baja en los intereses de los préstamos de vivienda, lo que terminará saturando el mercado de compra al punto en que un pasmado Baum se aterroriza al escuchar de los labios de una teibolera que posee 5 casas y un condominio. El desastre se aproxima. Por último, dos financieros jóvenes (Finn Wittrock, John Magaro) logran generar un plan para enriquecerse apostando en contra de la economía estadounidense al percatarse de estos eventos, por lo que acuden con un especulador retirado llamado Ben Rickert (Brad Pitt) quien ofrece a la historia una perspectiva experta en este impío oficio pero a la vez planteando los aspectos de índole moral en el procedimiento (“Si aciertan”, les sentencia Rickert a estos dos ambiciosos mozalbetes, “entiendan que millones de personas perderán su trabajo y las familias quedarán en la calle…”). La dirección corre a cargo del especialista en comedias Adam McKay (“Al Diablo con las Noticias”) y es sorprendente el compromiso que manifiesta con su primer trabajo dramático, construyendo minuciosamente un mundo de causas y efectos globales informando con claridad a los ignaros (que no tiene noticia de las cosas) financieros como su servidor los componentes clave de estos sucesos a la par de una revisión profunda y cuidadosa de sus personajes, sus motivaciones y psicología, quebrantando el laberinto de los galimatías bursátiles mediante exposiciones claras en el contexto de la trama e incluso asistidas por participaciones especiales de figuras de la cultura pop, como Selena Gomez y Margot Robbie, trazando líneas muy curiosas pero efectivas entre la denuncia, la sátira y el drama serio. Al término de la cinta uno no puede más que inundarse de una paradójica mezcla de ira por la voracidad de los criminales de cuello blanco que permitieron, en sus desplantes codiciosos, que esta crisis ocurriera a la vez que un amplio gozo por haber disfrutado de esta excelente cinta que nos habla al respecto.
Lo que hicieron los banqueros fue un crimen, pero esta película definitivamente no lo es. Muy relevante ahora que un plutócrata es el gobernante de la nación capitalista más grande del mundo.
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