Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Cazals sin Cazals.

En 1979, justo en el intermedio de la presidencia de José López Portillo, se dio en nuestro país un suceso tan insólito que, en el contexto de una nación tan insólita como la nuestra, sólo podía ser real: en el seno de la Penitenciaría de Santa Marta en la Ciudad de México surgió un equipo de futbol americano denominado “Los Perros” integrado por presos, pero además de atacar a los equipos contrarios en la liga semiprofesional mexicana, también tacleaban agentes policiales en aparatosos asaltos bancarios, hurtaban numerosos automóviles capitalinos como si se tratara de intercepciones y generaron una línea defensiva contra la sociedad que los puso ahí en primer lugar bajo la mirada complaciente del jefe de Policía y con el padrinazgo, faltaba más, del mismo “Negro” Durazo.

La historia de estos hampones deportivos es la base argumental de “La 4ª Compañía”, el debut en la dirección de largometrajes de Mitzi Vanessa Arreola y Amir Galván Cervera, quienes no sólo concretan una película sólida, madura y con diversas capas de lectura y apreciación, también desarrollan un relato muy entretenido, de esos que arrancan expresiones de asombro ante los pasmosos hechos, los cuales sólo podrían conjurarse en un país de tendencias surrealistas como el nuestro.

La cinta es protagonizada por Adrián Ladrón (“Güeros”) interpretando a Zambrano, quien adopta la postura diegética de narrador y mirada principal de la historia, pues es su proceso como recluso y subsecuente jugador de “Los Perros de Santa Marta” lo que guía al espectador en un universo violento, sórdido y verdadero producto del proceso social por el que atravesaba el México de finales de los 70’s, entre crisis económicas y privatizaciones bancarias. Tomando esto como punto de apoyo histórico, los nóveles Arreola y Galván toman posturas muy modernas para narrar, sometiendo el proceso a métodos digitales de montaje y secuencias dinámicas enriquecidas por las reflexiones en off de Zambrano, un joven que “desde que nació, no hace más que fugarse”. Su vida en la prisión se verá dimensionada con la presencia de Combate (Andoni Gracia), el hombre fuerte y sagaz del grupo; Palafox (Hernán Mendoza), hombre maduro de carácter recio pero con debilidades tanto idiosincráticas reveladas en su pasión por la música de Javier Solís como emocionales ante la hija que nunca ha podido conocer; “El Tripas” (Carlos Valencia), matón que hace valer su ley con lujo de violencia y el Comandante Chaparro (Manuel Ojeda), quien mueve los hilos de este clan y sirve de nexo entre ellos y los jefes de la Procuraduría. Todos ellos conforman el equipo de “Los Perros” y entre touchdowns, robos y sangrientos enfrentamientos, tenemos una película muy bien armada que profundiza tanto en la presencia del Estado como elemento corruptor y corruptible (como siempre) y en personajes muy bien desarrollados e interpretados que logran sustentar su presencia en pantalla mediante diálogos trabajados y un pathos y motivaciones bien definidos, todo sin ceder a las fórmulas de narración gringas y que hace de este filme una genuina rareza: un filme mexicano que se siente como tal y además confeccionado con honestidad narrativa e inteligencia que remite a los ejercicios de exploración sociocultural en bis sórdida que realizaba Felipe Cazals en los años 70 y de los que seguramente bebe a modo de influencia el sólido guion de esta cinta.

“La 4ª Compañía” logra anotar como cine y realiza largo yardaje en cuanto a logros argumentales, actorales y de dirección. Poco apreciada durante su corrida comercial, ésta es una de las mejores cintas mexicanas de lo que va del siglo.

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