Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

O la realidad detrás del poder de una pluma vs. la espada…

Roman Polanski lo logró. A pesar de que al momento de culminar la filmación de esta película, fue detenido por la policía en Suiza debido a absurdos motivos que se revuelcan demasiado en el puritanismo inquisidor norteamericano y exprimidos al máximo por la prensa internacional, logró terminar el montaje (vía internet, por supuesto) justo a tiempo para la presentación de este filme en el Festival de Cine de Berlín 2010 donde, sin ningún problema, ganó el premio Oso de Plata como Mejor Director. Por supuesto, el creador de obras maestras como “Repulsión”, “Cul-de-Sac”, “El Bebé de Rosemary” o “Chinatown” debió sonreír trémulamente al apreciar la ironía de que su reverenciada figura se encontraba confinada e incapacitada para disfrutar la victoria del momento al igual que el personaje que acciona el drama en la cinta por la que fue premiado.
“El Escritor Fantasma” es un título exacto como pocos, ya que describe tanto la naturaleza existencial del personaje principal como su vocación y, si las cosas llegaran a complicarse, su fatal destino. Ewan McGregor encarna prodigiosamente a un escritor nada escrupuloso cuya vida está condenada al anonimato, ya que se dedica a redactar memorias de sujetos sin habilidades literarias pero publicadas con sus nombres, por lo que sus cualidades narrativas son tan solo el instrumento de otros; un mercenario de las letras, vaya. Sin embargo, un día es contratado para que sustituya a un colega suyo que trabajaba en las memorias de un ex primer ministro de nombre Adam Lang (Pierce Brosnan dando por vez primera en su ecléctica carrera un registro serio y genuinamente histriónico). Se le notifica que su predecesor sufrió un accidente automovilístico donde pereció ahogado y que ahora él es el elegido para proseguir su tarea, la cual acepta a regañadientes por imposición de su agente y recibiendo un borrador del manuscrito.
El Fantasma, cuyo nombre civil jamás es revelado en la cinta, acude a la evocativa y bucólica isla de Martha’s Vineyard en Massachussets para encontrarse con el político retirado/ exiliado en su casa de playa, su esposa Ruth (Olivia Williams, excelente) y su asistente Amelia (la entonces resucitada Kim Catrall, quien abandonó su personaje de banalidad plástica en “Sex and the City” para actuar en serio), y con quien Brosnan tiene un affaire. McGregor comienza a trabajar pero las cosas se complican una vez que Lang es acusado de crímenes de guerra por, supuestamente, facilitar prisioneros terroristas a la CIA para su tortura y encarcelamiento en Guantánamo, situación que obliga al político y allegados a abandonar la isla para realizar labores de control de daños en Washington, dejando a McGregor en la gris y lluviosa playa invernal sólo para que éste descubra gradualmente, gracias al hallazgo fortuito de unos documentos y fotografías dejados por su finado predecesor ocultos en un cajón de su habitación, que Lang no es lo que parece y que los intereses y soberanía de Inglaterra durante su mandato tal vez se hayan visto comprometidos por toqueteos bajo la mesa y vínculos profanos con la misma CIA (cualquier parecido con la realidad impuesta por el entonces primer ministro Tony Blair o incluso la nuestra supera cualquier coincidencia). Comienzan sus pesquisas tomando como referencia nombres y lugares descritos en dichos papeles y, como todo thriller político que se precie, el Escritor Fantasma comienza a plantearse si el futuro le depara un final semejante al de su predecesor, una vez que se empeña en que la verdad salga a la luz.
Polanski logra hilvanar un relato rico en capas narrativas y que funciona, primordialmente, como un ejercicio depurado y perfectamente ejecutado de los mecanismos implementados por Hitchcock -como suele hacerlo el veterano director- para desarrollar una historia de genuino suspenso: 1º.- Un McGuffin (instrumento narrativo propuesto por Hitchcock que no es relevante en la trama per se, pero que activa las acciones de la misma, p. ej.: la estatuilla de un halcón maltés en “El Halcón Maltés”) en la forma del manuscrito que encierra la clave de esta intriga multinacional; 2º.- La construcción de personajes que recurren al ingenio para la resolución de problemas y proveerlos de diálogos inteligentes que bordean el humor negro para dimensionar el relato (Amelia en la casa de playa a un Fantasma visiblemente agotado: – “¿Estás enfermo?” Fantasma: – No, estoy envejeciendo. Este lugar es un Shangri-La a la inversa”); 3º.- La planificación precisa de tomas, encuadres y movimientos de cámara que explotan al máximo los recursos exteriores y naturales para generar atmósferas deprimentes y situaciones expositivas meramente narrativas (hay en la cinta un travelín que sigue a una pequeña nota que va de mano en mano, sin cortes, sencillamente soberbio por su construcción sugestiva) y 4º.- El anonimato absoluto del protagonista, que le brinda a Polanski la oportunidad de universalizar la narración poniendo en el foco central a un hombre común sin complejos superheroicos.
La dirección es prodigiosa, reflejada en un ritmo contenido y distribución de situaciones muy tersa, dando un acabado que rivaliza con las mejores obras de Alan J. Pakula (“Todos los Hombres del Presidente”) o Constantin Costa-Gavras (“Z”) pero en forma natural, sin acarreos forzosos ni exagerar el pathos, además de una dirección maravillosa de actores quienes sacan el máximo provecho de sus jugosos papeles. Todo esto se registra como la marca de un extraordinario director en una extraordinaria e inteligente cinta que no recurre a elementos efectistas como persecuciones vertiginosas o explosiones a granel y sí muestra porqué la historia es definida por aquellos que sobreviven para escribirla. Una bocanada de aire inteligente en DVD parea una cartelera que simplemente se los niega.

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