Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Comprobado: el director inglés Edgar Wright (“El Desesperar de los Muertos”, “Hot Fuzz” “Scott Pilgrim vs. Los Ex de la Chica de sus Sueños”) sabe lo que hace. Sus películas mantienen un delicado balance entre el manejo sagaz de la cultura pop, no como soporte argumental, sino nutrimento narrativo, guiones acrobáticos que propulsan ideas exitosamente hacia conclusiones satisfactorias, un sentido del humor que hurta y adapta con finura los conceptos elementales de Monty Python y su sorna flemática y una cámara tan resuelta y segura de sí misma que resulta intimidante. Por ello sus trabajos ya son considerados clásicos modernos y su más reciente filme, “Baby: El Aprendiz del Crimen”, también perdurará pues conjuga lo antes descrito sumando una sensibilidad madura que concretiza aún más su idiolecto, sin perder frescura, dinamismo y, lo más importante, valor escapista, de lo cual esta entretenida y avispada cinta posee a mares. El joven talento Ansel Elgort encarna a Baby, un chofer para hampones en fuga quien posee una discapacidad auditiva en forma de zumbido constante producto de un accidente automovilístico durante su infancia y que contrarresta escuchando música en un iPod. De hecho, la canción adecuada permite que sus movimientos se sincronicen correctamente para realizar maniobras y fugas espectaculares, habilidad que es aprovechada por su jefe Doc (Kevin Spacey antes de su exilio mediático), un maleante refinado que coordina los atracos y organiza equipos reducidos según el asalto a realizar. Baby es huérfano, por lo que vive con un parapléjico sordomudo negro llamado Joseph (CJ Jones) a quien le confía su clandestina existencia y vigila su parte del botín del día, acumulándose para un próximo retiro de la vida criminal, pues la relación con Doc es finita en base a un acuerdo previo y ya está por concluir. En este punto, Baby comienza a involucrarse con Deborah (Lily James), una mesera de espíritu libre que siente atracción por la enigmática personalidad del joven. Todo se complicará cuando Doc presiona a Baby a participar en un robo más con un grupo de indeseables que incluyen al manipulador Buddy (Jon Hamm) y su ruda novia Mónica (Eiza González) y el agresivamente antagónico Bats (Jamie Foxx), quien no confía en el muchacho ni comprende por qué Doc ha depositado tanta confianza en él. La película, al igual que el protagonista, maneja con audacia, ritmo potente y velocidad la historia, manteniendo un incesante interés por los eventos y los personajes, trabajados con facetas psicológicas y emocionales robustas y diálogos hilarantes (Baby:- “Tú y yo somos un equipo…” Doc: -“Ya te dije que no me sueltes líneas de “Monsters, Inc”. Eso me encab%&$*”). Por supuesto, uno de los puntos medulares de la cinta son las secuencias en automóvil, desarrolladas con base en la pista musical, y ejecutadas brillantemente tanto en físico como en el montaje, rescatando la plástica de antaño al ser filmadas sin retoques o asistencia digital. Edgar Wright logra con esta formidable cinta consolidarse como uno de los talentos más valiosos de la posmodernidad y entregar un trabajo desenvuelto, honesto y personal que no niega su matiz masivo. “Baby: El Aprendiz del Crimen” es la alternativa ideal para contrarrestar en casa este verano cinematográfico por demás patoso y desangelado.

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