Fabiola Santiago
Agencia Reforma

CDMX.- Personajes completamente ficticios se enfrentarán a otros basados en personas reales en la contienda por la estatuilla de Mejor Actor de la edición 60 del Premio Ariel.
Sin embargo, la batalla será dura, pues cada uno de los cinco aspirantes ha cosechado aplausos por sus interpretaciones.
Por su papel como el velador de una construcción en El Vigilante, Leonardo Alonso recibió la estatuilla de Mejor Actor en el Festival de Cine de Morelia del 2016.
Un año después, su contrincante, Humberto Busto, recibió una mención en el mismo certamen por la película Oso Polar.
Para Busto, quien da vida a un joven que soporta los abusos de sus amigos de la infancia al reencontrarse con ellos rumbo a una fiesta, el personaje creado para él por el director Marcelo Tobar ha sido un parte aguas.
“Para mí, como actor, es un antes y un después. Fue una película que me redireccionó en lo que quiero y me gusta hacer.
“Creo que es un gran regalo que me dio Marcelo. Le tengo mucho cariño a la película, y saber que ganó en Morelia y que está en estas nominaciones, es un privilegio”, expresó en entrevista.
Por su trabajo como uno de los últimos hablantes de una lengua a punto de morir en la cinta Sueño en Otro Idioma, el actor Eligio Méndez se llevó un Premio en el Festival de Cine de Guadalajara.
Con su tercera nominación al Ariel y una probada capacidad histriónica, Gabino Rodríguez se defiende en Los Crímenes de Mar del Norte, cinta para la que recreó a “Goyo” Cárdenas, conocido como “el estrangulador de Tacuba” y considerado el primer asesino serial de México.
Sin galardón aún por Los Adioses, pero con cinco Arieles como respaldo, Daniel Giménez Cacho ha probado ser una carta fuerte. El actor no se centra en la competencia, pues considera el galardón como un reconocimiento de sus colegas.
Su papel como Ricardo Guerra, el filósofo y diplomático que fue pareja sentimental de Rosario Castellanos, podría brindarle su sexta estatuilla.
“Fue divertido tratar de armar el rompecabezas de gente que decía ‘era una farsa total’, a quien decía ‘nunca tuve un maestro como él’.
“Tratar de, dentro de todo eso, hacer mi interpretación. Y en relación con Rosario, como él era más reconocido de joven y luego los roles se van invirtiendo y ella se convierte en una gran escritora y él no en el gran filósofo que prometía. Es muy padre ver cómo eso se va modificando”, consideró Giménez Cacho.