El material radiactivo suele asociarse con cáncer, pero en las dosis precisas ayuda a tratar esta enfermedad.
De acuerdo con expertos, la medicina nuclear tiene una historia de más de 50 años en el País y es un tratamiento más preciso, menos agresivo y mejora la calidad de los pacientes. Eso sí, es costoso, su acceso es limitado y no todos son candidatos ni se utiliza en todos los tipos de cáncer.
La medicina nuclear revela si el cáncer está diseminado en varias partes, ayuda a determinar la presencia de metástasis en huesos, detecta enfermedades de las arterias coronarias y evalúa anomalías en el cerebro, explica Belén Rivera, responsable de la Unidad de Tomografía por Emisión de Positrones (PET por sus siglas en inglés) y Tomografía Computarizada (CT) de la UNAM.
“Todo mundo piensa que cuando se hace un estudio (radioactivo) va salir brillando, pero no es así. Es muy importante que el paciente sepa que las dosis de radiación que utilizamos son muy pequeñas y que están especificadas para beneficiar al paciente, de modo que no vamos causarle daño”, afirma.
En el IMSS, pionero en la aplicación de este tipo de tratamientos, el yodo radioactivo se usa en el cáncer de tiroides y el samario 153 o estroncio 89 se prescriben a pacientes con cáncer de mama y próstata con metástasis a hueso como tratamientos paliativos al dolor óseo metastásico, explica Pablo Antonio Pichardo Romero, jefe de Medicina Nuclear del Centro Médico Nacional (CMN) Siglo 21.
A nivel nacional, el Hospital de Oncología del Siglo 21 es la unidad que más tratamientos otorga de yodo radioactivo para combatir el cáncer de tiroides, agrega el experto.
Explica que una vez que se diagnostica el cáncer de tiroides en el paciente, se opera para retirarle la glándula y después se trata con yodo radioactivo 131 para destruir el remanente de tejido tiroideo afectado que no pudo quitar la cirugía.
“Lo que tratamos con esta dosis es quemar todo el tejido que quedó como remanente o inclusive una metástasis, y destruirlo totalmente porque ya tenemos el antecedente de que ese tejido produce tumor”, afirma Pichardo Romero.
“En los últimos seis años atendimos 2 mil 899 pacientes por cáncer de tiroides y se administraron un total de 3 mil 28 dosis.
“Tenemos siete habitaciones equipadas con medidas de seguridad, lo cual nos permite que el lunes ingresen siete pacientes a los cuales se les da yodo radioactivo y en el transcurso de la semana, van egresando porque ya tienen poca irradiación y en ese momento, se define qué otros pacientes son candidatos a ingresarlos”, explica.
Tras consumir el radiofármaco, el paciente produce radiación. Para evitar que irradie a otras personas, queda completamente aislado en una habitación equipada con medidas de seguridad radiológicas.
El paciente expulsa la radiación a través de la orina, la saliva y el sudor.