Antes de que los mismísimos ángeles trazaran la ciudad de Puebla, según los sueños del obispo Julián Garcés -quien mediante un documento conocido como “Carta Puebla” pidió autorización al rey para fundar la urbe-, en este valle mudaban de piel las culebras. Al menos, eso es lo que se interpreta de su nombre original, Cuetlaxcoapan.
“En este territorio donde estamos no había ninguna cultura. Era lugar de nadie por un acuerdo entre los antiguos señoríos tlaxcaltecas”, señala Alejandro Flores, guía de turistas en la capital poblana.
El caudaloso río San Francisco, que corría alrededor del valle que se convertiría en la Ciudad de los Ángeles (como fue llamada por fray Toribio de Benavente), fue inspiración para la creación de la urbe y también el motivo de su mudanza.
“Ya sabemos que donde hay agua, hay vida. El río tenía casi 80 kilómetros de longitud de agua cristalina. Se fundó la ciudad el 16 de abril de 1531, con 42 familias españolas y una viuda, además de mano de obra indígena de Tlaxcala y Cholula”, apunta Flores.
Sin embargo, la creciente del río barrió a los primeros pobladores, quienes decidieron mudarse sólo unos pasos más allá, donde las inundaciones no eran problema.
“Se fundó, otra vez, la ciudad el 29 de septiembre de 1531, cuatro meses después”, destaca.
Los pobladores novohispanos entonces cambiaron la piel del pionero por una más suntuosa, barroca, que maravilla aún a 487 años de distancia.
Pero una semilla había arraigado entre los escombros de la primera ciudad, y no se daría por vencida.

Historia de una reconstrucción
Frente al edificio que hoy ocupa el hotel Rosewood Puebla, una de las opciones de lujo de más reciente arribo a la Angelópolis, se encuentra una hermosa fuente de mosaico que, a decir de Manuel Leal, director general del alojamiento, fue recuperada para gozo de todos.
“Aunque la fuente no forma parte del hotel, se le da mantenimiento porque es de todos”, señala.
Ubicado en el antiguo Barrio del Alto, donde germinó la semilla de la primera Puebla, este hotel vio la luz dos años después de una cuidadosa intervención de arquitectos y arqueólogos del INAH, quienes cuidaron con celo que las estructuras originales no fueran dañadas.
Ese cuidado se puede ver en prácticamente todo el hotel: en restaurantes, habitaciones y corredores, paredes restauradas lucen lo que se llama “muros de vaca”, con partes aplanadas y otras de ladrillo expuesto, muy comunes en esta zona poblada por las clases populares desde la Colonia.
Los Lavaderos de Almoloya son, quizá, la muestra más importante de esta apasionada labor de restauración. Inaugurados en el siglo 19, fueron un importante punto de reunión social.
“Éstos los inauguraron en 1863, pero tiempo antes ya existían otros”, señala Leal.
Con poco esfuerzo es fácil escuchar las risas y el correr del agua entre lavaderos y jícaras; el aire fresco se cuela por la memoria y llena el espacio que hoy ocupa este alojamiento. Las piedras, desgastadas a mano limpia por cientos de lavanderas, atestiguan fielmente el paso del tiempo.
“Hay dos maneras de desgaste (de la piedra): químico o mecánico; imagínate cuánta gente debió haber hecho fricción para que quedaran así”, argumenta el ejecutivo.
A media luz, desde el bar Los Lavaderos, se puede apreciar el recinto histórico a través de cristales. Pero todo aquel que quiera visitar los lavaderos puede hacerlo, aún sin ser huésped del hotel, pues la entrada a ellos es libre.
El arte también ocupa un lugar importante en la filosofía de la firma y se multiplica en los espacios del hotel. Trabajos en talavera -firmados por Casa Uriarte, una de las más célebres en Puebla-, además de pinturas, grabados y jarrones intervenidos, se encuentran en profusión por todos los rincones, y abarcan desde una escultura hípica en el lobby hasta pequeños grabados colgados de los baños en las habitaciones.
El ambiente de época lo impregna todo. A través de un túnel que emula las construcciones que sirvieron a los poblanos para llevar agua por toda la ciudad, Rosewood cuenta con un subterráneo que lo conecta con el Huerto de las Trinitarias, donde se realizan bodas multitudinarias a la sombra de las construcciones que bordan esta barrio, raíz de la Ciudad de los Ángeles.

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GUÍA PRÁCTICA
Cómo llegar
Puebla está a 135 kilómetros de la Ciudad de México. La mayoría de las líneas de autobuses tienen corridas diarias a dicha urbe.
Aeromar vuela sin escalas entre Guadalajara y Puebla.
VivaAerobus, Volaris y Aeroméxico vuelan sin escalas entre Monterrey y Puebla.

Dónde comer
Pasquinel Bistro. Bajo la batuta del chef Jorge González, la cocina internacional se reinterpreta con un acento completamente mexicano.

Dónde dormir
Rosewood Puebla. Cuenta con 78 habitaciones y suites instaladas en un edificio histórico que respeta la herencia de la zona. Desde 4 mil 850 pesos por noche.

Toma nota
El Café Azul Talavera, el Bar Los Lavaderos y el Pasquinel Bistro están abiertos al público, no sé necesita ser huésped de Rosewood. En el primero hay que probar el croissant de almendras y en el segundo hay que pedir un negroni, mientras que el menú degustación de Pasquinel es excelente.

Más información
www.rosewoodhotels.com/en/puebla
puebla.travel/es/
www.visitmexico.com/es/destinos-principales/puebla/puebla

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