José Luis Gómez Serrano
 www.jlgs.com.mx

There is one thing worse than being talked about:
it is not being talked about.
Oscar Wilde

Dos hechos que están sucediendo en estos días en la política mundial provocan en mí esa pregunta, qué es lo que quieren decir esos señores que aparecen en los titulares.

Por un lado está el enorme argüende que traen en Estados Unidos con respecto al reporte que quería hacer público el senador republicano Devin Nunez, donde “se sabía” que iba a cuestionar el manejo que hace el FBI sobre algunas de sus investigaciones; más allá de esto, precisamente qué decía, era algo que nadie podía decirlo porque no se había hecho público. Ahora que ya está publicado, el mundo se divide entre los que consideran que fue un gran acierto y los que analizando el reporte, dicen que está lleno de falsedades y verdades a medias. Los artículos que yo conozco y que alaban la medida expresan una opinión: dice que está bien, que ayuda a la transparencia, citan a James Madison: el Congreso debería poner por encima su misión de informar sobre la de legislar. Los que critican a Nunez desmenuzan el reporte y lo encuentran lleno de inexactitudes, errores y omisiones. Después de ver uno y otro lado, yo creo que las razones de quienes critican a Nunez son más importantes, ya que, aún suponiendo que James Madison tenga toda la razón, difundir falsedades no es lo mismo que informar.

Pero no importa, a fin de cuentas, quién tiene la razón, lo importante es que ya se hizo un escándalo, se puso en tela de juicio la investigación de Mueller sobre la colusión de Trump con los rusos, y Trump avanzó un poquito para tener pretexto para correr al jefe de Mueller y poner en su lugar a alguien que sí esté dispuesto a poner su lealtad por el presidente por encima de su lealtad al puesto. Tal parece ser el motivo de fondo de los republicanos.

En México, las cosas están como se acostumbra desde la campaña presidencial de 2006: el candidato X echa pestes del candidato Y, éste opina que Z es una imposición, y Z dice que de todos los demás candidatos no se hace uno. La gran noticia son los ataques de unos con otros, que el Peje salió abrazando a Ebrard, que Meade tiene que liberarse del PRI pero no se atreve, que a Anaya le echan en cara sus maniobras para descalificar a los demás precandidatos del PAN. Todo esto es simple y sencillamente apología del escándalo, un análisis de las alianzas y los abrazos que se dan entre políticos, quién se hace del apoyo de los maestros y a quién va a apoyar la casi difunta CTM. Los mexicanos estamos como los norteamericanos antes de que se publicara el informe de Nunez: todo mundo habla de uno y otro candidato, sin saber qué es lo que quieren verdaderamente hacer, en caso de que lleguen a la presidencia. Tomemos por caso la patética declaración de Meade de proclamar la lucha contra la corrupción número MDCCCXLIV: mientras los mexicanos sepamos que en las entidades federativas de uno y otro color (y en la federación) se sigue cobrando el diezmo para las obras públicas, ninguna declaración anticorrupción será creíble. En 2000 escuchamos el disparate de Fox: “yo acabo con el problema de Chiapas en 15 minutos”, y en 2006 AMLO proclamaba que tenía una varita mágica para acabar con la corrupción. Aprendiendo de sus errores, López Obrador degradó aquella varita mágica a simples y vagas declaraciones de que él y sólo él acabará con la corrupción, porque es un ave que puede atravesar el pantano sin mancharse. De Anaya no recuerdo absolutamente nada memorable.

Pero tampoco importa, porque a los mexicanos nos tienen debatiendo en el café, en la oficina y en la cantina cuál será el candidato que ganará. No he escuchado a nadie que diga “fulano es el mejor”, lo único que oigo son pronósticos curados en salud: “si pasa tal y cual cosa, entonces lo más probable es que gane zutano”. Parece que México ha perdido la esperanza de tener un buen presidente, nos contentamos con que no sea muy ladrón.

Lo que tienen en común estos dos casos es la ausencia de un mensaje sustantivo: en el caso de EEUU, se habló y se sigue hablando del “reporte de Nunez”, pero casi nadie levanta la mano y dice en qué consiste el reporte. Aquí, hablamos y le rezamos y rezongamos de los candidatos, pero lo reto a Ud. a que me diga el plan de gobierno de cualquiera de ellos, qué clase de país quieren, cuáles son las medidas concretas que van a tomar para que el país sea así como ellos lo desean. Estamos como en las épocas en que el PRI las ganaba de todas todas: la discusión era sobre quién quedaría en las diversas secretarías, si serían amigos o compadres o parientes; a nadie se le ocurría sacar a relucir un plan de gobierno del candidato que iba a ganar. No había plan de gobierno y no importaba.

El partido bolchevique salió de una escisión en el partido social revolucionario en Rusia, hacia 1900. Los bolcheviques eran más marxistas y querían métodos más radicales, no se entendieron con los mencheviques, más moderados, y se fueron por su lado. Lenin fue el artífice de la separación, y una vez que cada uno siguió su camino, Lenin orquestó una campaña de ataques y difamaciones contra los mencheviques. Se les acusaba de todo: de que el zar siguiera siendo zar, de la pobreza en Rusia, de que hacía mucho frío, de que no entendían lo que era el socialismo. Fue una guerra sucia deliberada, con la convicción de que después de un diluvio de insultos y maledicencias, algo se quedaría en la mente de la población y poco a poco irían perdiendo apoyo. No importa que no sea verdad, el chiste es hablar mal del contrincante. El zar cayó en febrero de 1918 pero no por obra de los bolcheviques (Lenin estaba entonces en Suiza), sino porque las condiciones de la guerra en que participaba y perdía Rusia habían vuelto insoportable la vida para la población. Se rebelaron los soldados, no quisieron volver al campo de batalla, y abdicó el zar. Rusia vivió un período de magnífica e inservible democracia entre febrero y octubre, por primera y única vez en la historia de Rusia la gente podía decir lo que quisiera: todos los partidos peleándose por el poder, con dos gobiernos al frente (un gobierno oficial, y la Duma). En esos meses los mencheviques trataron de jugar limpio, ganar en buena lid las discusiones políticas y convencer al electorado de votar por ellos. Lenin regresó al país, de contrabando bajo la protección de los alemanes (los enemigos de Rusia en esa guerra), y desde que llegó tomó el mando de los bolcheviques, que eran minoría, pero estaban más organizados, tenían convicciones más duras y no perdían el tiempo en asambleas para ponerse de acuerdo, porque el que mandaba era Lenin. Se orquestó una campaña de ataques y difamaciones contra todos los demás, aprovechaban el más mínimo error del gobierno para criticarlo –había muchos, porque las condiciones en que se encontraba Rusia eran imposibles: desgastada, derrotada y hambrienta- y en octubre dieron un golpe de estado, la famosa Revolución de Octubre, que no fue revolución, fue un golpe. Una vez en el poder, tampoco perdieron el tiempo en democracia sino se dedicaron a organizar el país de acuerdo a lo que ellos creían, y a enviar al paredón a los que opinaban diferente.

Este resumen viene al caso porque las tácticas que siguen los republicanos en Estados Unidos y todos los partidos y candidatos en México son iguales a las de los bolcheviques: se trata de atacar al enemigo, de denigrarlo, desacreditarlo, confundirlo; si es necesario con falsedades completas y verdades a medias, porque como decía Lenin, “algo habrá de quedarse”. Analizando en detalle el informe de Nunez[1] se encuentran errores e inexactitudes, pero ¿quién se va a tomar la molestia de analizarlo? Los republicanos consideran que el reporte cumple su misión si consigue sembrar la duda en la mente del público y en dar una razón plausible al presidente para tomar medidas drásticas contra una investigación que ya le está pisando los talones. De manera semejante, todo político mexicano que se respete tiene que lanzar bravatas, decir ocurrencias y atacar al contrincante. López Obrador dice que “no se permitirán injerencias rusas en la elección”, aunque las señales son de que Rusia apoyaría a López Obrador. Meade cuestiona al Peje que si está a favor o en contra el nuevo aeropuerto de CDMEX. Busqué en los periódicos de hoy qué dijo Anaya, pero no encontré nada.

Hemos llegado a una gran paradoja en la vida moderna: por un lado la enorme difusión de información y noticias a través de internet podrían convertir al hombre moderno en un ser muy informado y maduro para tomar las mejores decisiones; pero por otro lado, lo que más se difunde es el chisme, la noticia bomba y no la noticia reflexiva. Se difunde el ataque, la ocurrencia, la imagen, el chiste, no se difunden las ideas sino las sensaciones.

Elegí la frase de Oscar Wilde que encabeza el artículo porque representa muy bien la actitud del político moderno: no hay que esforzarse en crear un discurso fundamentado, congruente y adecuado al momento, lo que hay que hacer es hablar, decir chistes, tomarse la fotografía, posar con simpatizantes o con acarreados; cualquier cosa, con tal de que hablen de uno.

¿Y el contrincante? Ahí no importa lo que se diga, con tal de que sea malo. Como decía Lenin, algo se quedará.

 

[1] Por ejemplo, en https://www.washingtonpost.com/news/the-fix/wp/2018/02/02/the-full-nunes-memo-annotated/?utm_term=.ffaeb5e9ab51

 

 

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