RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Esas acusaciones, si no se tratara algo que está tocando las precampañas no tendríamos ni siquiera porque pensar cómo reaccionar, porque sería un asunto de orden penal normal, de un peculado agravado, que es de lo que han acusado a Alejandro Gutiérrez. Pero hay varias casualidades que hacen difícil cualquier intento de respuesta, no quiero evadir yo la respuesta como haría cualquier coordinador de una campaña política pero sí quiero dar el elemento de un escenario tan complejo como este. Acabamos de conocer la fabricación de empresas ectoplásmicas, bueno fantasmas, en el Estado de Veracruz que permitieron lo que la Auditoría Superior de la Federación llamó “el fraude más grande de la historia”, el saqueo más grande de la historia y lo cometió un señor que se llama Javier Duarte, que fue gobernador de Veracruz por el PRI. Eso causó la derrota electoral del PRI en Veracruz y la prisión de Duarte. Han pasado doce meses de eso, un año, y ahora vemos que otro señor de apellido Duarte, en Chihuahua, hizo algo muy parecido a lo que hizo Javier Duarte en Veracruz. Y por ello el señor Armando Domínguez Gaytan, que es el Juez de Control acaba de meter por seis meses a la cárcel al señor Alejandro Gutiérrez. Aquí no solamente es que estemos viendo el espectáculo obvio departidos en contienda, algunos de los cuales utilizan las desgracias de un tercero para golpearlo, como está haciendo MORENA y como seguramente va a hacer dentro de muy poco tiempo el candidato de la Alianza del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, Ricardo Anaya. Anaya se va a ir con todo. ¿Por qué? Porque a él le tocó la contienda electoral en la que Manlio Fabio Beltrones era Presidente del PRI y ahora gracias a las versiones de un testigo protegido, que seguramente miente, ¿pero qué tanto miente?, eso es lo que tiene que averiguar la autoridad, si el testigo protegido con tal de salvar parte de una condena, inventa y exagera y dice más de lo que realmente sabe y más de lo que realmente ocurrió, y para eso se tiene que hacer la investigación.

Cuando le preguntaron  a Aurelio Nuño sobre este asunto en el que se involucra a Alejandro Gutiérrez, quien era secretario general adjunto del PRI en tiempos en que Manlio Fabio Beltrones era el Presidente del PRI, en 2016 y en donde supuestamente, con el respaldo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, siendo su titular José Antonio Meade, desviaron recursos en Chihuahua y otras cinco entidades del país a operadores del PRI nacional, Nuño dijo que no era verdad y enseguida se dedicó a atacar a López Obrador cuestionando de qué ha vivido estos últimos 12 años si no trabaja. Esa pregunta la repitió varias veces pero nunca aclaró debidamente la acusación sobre Meade de los convenios de fortalecimiento financiero entre la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y los gobiernos estatales, para que utilizando recursos no presupuestados se simularan contratos con empresas afines a funcionarios del PRI.

Nunca he creído que mis pecados laven los de otro, ni que los pecados de otro laven los míos. Creo que cada quién es responsable de sus actos y de las consecuencias de sus actos, y esto lo digo porque no creo que como defendió Aurelio Nuño a su precandidato pueda exculparlo de lo que se le pueda acusar en estos días. No entiendo qué tienen que ver los pecados de López Obrador con la responsabilidad, o no responsabilidad, de un ex secretario general del PRI. Si ese señor es culpable, ¡es culpable!, independientemente de que lo que haga Andrés Manuel. Ese es otro tema. Ese es otro asunto. Y no es eficaz esa forma de defender. Y si mucho me apura usted, tampoco es eficaz esa forma de golpear. Dicen que la mejor defensa es el ataque. Sí, pero arriba del mismo ring. Y no un señor arriba de un ring y el otro señor arriba de otro ring. Esto que estamos viendo es la prueba de que la investigación de Chihuahua le va a pegar en el corazón a esta campaña del PRI. Los va a detener, los va a contener, y si no encuentran una forma muy rápida y muy creíble y verosímil para demostrar que el señor Meade nada tuvo que ver no como autor ni como tapadera de lo que otros hicieron en Hacienda, pueden encontrarse con una muy mala noticia en el camino. Basta con que un colaborador intermedio de la Secretaría de Hacienda haya participado en este asunto, durante el tiempo en el que el Secretario Meade llegó a su encargo para que el ataque se convierta en una verdadera bomba atómica debajo del escritorio de la campaña de Meade. Creo que lo que tendría que hacer el PRI es deslindarse de todas las responsabilidades. Que se auditen todas las campañas y que se saque el pus de donde haya, con tal de que ese pus no tenga más acá del límite de la fecha en que el Secretario de Hacienda, hoy convertido en pre candidato del PRI, llegó a la responsabilidad. Y que se demuestre palmariamente, plenamente, satisfactoriamente, que él no tuvo absolutamente ninguna responsabilidad en estos enjuagues que de ser ciertos son verdaderamente explosivos para la estabilidad de cualquier campaña política.

Todo lo anterior en lugar de levantar el entusiasmo por las campañas políticas hace que la población vea con desconfianza a quienes quieren ser presidentes de la república. Por eso hoy creí conveniente comentar con usted algo de la historia que muchos politólogos conocen, que es la historia de Marco Tulio Cicerón, que recibe en el año 64 a.C., de Quinto Tulio Cicerón, su hermano menor, una serie de consejos para ganar las elecciones. Son doce y el primero es que lo más importante son las apariencias por encima de la realidad, eso es lo más importante, lo que crean que eres no lo que eres; el segundo, cuida mucho tu núcleo interno y tus amigos; en el tercero le dice ten cuidado con los apoyos inesperados porque pueden ser frutas ponzoñosas; en el cuarto consejo lo persuade de que no hay hombre imposible de ser persuadido o de ser convencido; en el quinto consejo le dice que se acerque mucho a aquellos que están indecisos porque si consigue que lo apoyen lo apoyarán mucho; en el sexto consejo le sugiere que busque a los jóvenes por la importancia que cobra la gente joven en las campañas electorales; en el punto siete le pide que se dé cuenta de la importancia de la multitud y del séquito pues es importante que vaya siempre rodeado de una gran multitud; en el punto ocho sugiere que tenga muy bien identificados a sus enemigos, los cuales están clasificados en tres clases: “los que se han visto perjudicados por ti, los que sin motivo alguno no te aprecian y los amigos de tus competidores”; el noveno consejo le dice que a sus enemigos los convenza para que dejen de serlo dedicándose a alejar de ellos ese sentimiento hostil haciéndoles algún favor. El décimo consejo es que logre el fervor del pueblo procurando ser accesible día y noche, abriendo las puertas de su casa y también las del alma. En el punto número once le dice que debe aprender el arte de la adulación, pues aunque es un defecto vergonzoso, se hace imprescindible en una candidatura. La adulación es vergonzosa cuando los halagos corrompen al hombre, pero cuando lo hacen más amistoso no tiene porque ser censurada. Y por último, el consejo número 12 es el que prometa mucho, incluso lo que no pueda ser capaz de cumplir. Al ciudadano le gusta que le prometan y por eso hay que hacerlo, incluso a sabiendas de que esas promesas no serán cumplidas. Hace dos mil años se dieron estos consejos. Hoy dos mil años después las promesas no cumplidas, siguen marcando las campañas electorales. Como dato muy demostrativo de lo anterior le comento que a media semana el Presidente Peña Nieto aceptó que al final de su mandato no se cumplirán al 100 por ciento los compromisos de campaña que firmó ante los mexicanos previó al arranque de su administración. Sin palabras.

Por último permítame desearle, estimado lector, que pase una Feliz Navidad al lado de sus seres queridos y que Dios Nuestro Señor bendiga su hogar para que nunca falte la salud, el amor y la felicidad. ¡Felicidades!