Por J. Jesús López García

Los edificios tienen una vida útil mas allá de la planeada para ellos. “La arquitectura es el gran libro de la Humanidad” dijo Víctor Marie Hugo, mejor conocido como Víctor Hugo (1802-1885), sin embargo los considerables episodios de la Humanidad no se concentran solamente en las grandes gestas, los momentos que han pasado a la Historia o los hechos de los que luego se constituyen los mitos y las leyendas, detrás de todo ello por cierto, contando con algún edificio de trasfondo o de tema fundamental del relato -como el Laberinto de Creta para albergar al Minotauro-.

En un plano más terrenal, los edificios poseen varias vidas a lo largo de su permanencia en el tiempo, cada una de ellas va dejando una impronta peculiar, sea en su constitución física a través de arreglos o adiciones, integración de nuevos elementos o materiales, o bien en su manera de ser utilizado que trae consigo un cambio a veces total en la percepción del inmueble.

En Aguascalientes, el museo del mismo nombre, fue antes de ser museo sede de la Escuela Normal de Aguascalientes, su vida actual como espacio para exposiciones -lleva ya  varias décadas-, le sienta bien a la finca y la enaltece. En otro caso, la vieja casona de los marqueses de Guadalupe, la familia Rincón Gallardo, fue antes de ser Palacio de Gobierno, un mesón, de esta manera podemos constatar que los edificios, independientemente de su fortuna arquitectónica -poca o mucha-, son  objetos capaces de ser usados, reutilizados y resignificados de diversas maneras. Algunos han corrido con mejor suerte en tiempos antiguos, pero otros se han ido dignificando aún más con el paso de los años, como en el caso de los dos casos mencionados ¿De que depende lo anterior?

Tal vez sea su ubicación, su circunstancia de propiedad, la demografía que le rodea, la inventiva de sus ocupantes, o tal vez sólo sea el azar. En ocasiones los tiempos históricos, intelectuales o culturales van estableciendo nuevas pautas de ocupación, como los viejos espacios fabriles en desuso que fueron poblándose por artistas pobres en Estados Unidos dando lugar a lo que de manera esnobista ahora conocemos como “lofts”, o como los grandes recintos industriales demasiado grandes para ser ocupados como espacios habitacionales ahora convertidos en salas de exhibición para el arte contemporáneo afecto a los grandes formatos.

Pero de nueva cuenta y en un plano aun mas terrenal con edificios cotidianos, vemos aún las variaciones de uso y ocupación de edificios de toda índole y es esa cotidianidad lo que todavía pasando ante nuestros ojos, parece velar un poco las transformaciones de los inmuebles, y es que muchos de ellos languidecen de una manera que les va orillando cada vez más a su paulatina desaparición. Eso es un fenómeno casi natural, pero no deja de ser un hecho melancólico a los que interesados en la arquitectura de nuestra ciudad aguascalentense y que hemos vivido o trabajado en las partes de ella con más variedad de edificios -como el centro de la ciudad-, nos sale al paso el fenómeno a veces sólo caminando calles que hacía tiempo no transitábamos, o recorríamos sin darnos cuenta de los cambios del entorno.

Ejemplificando esos cambios podemos citar un edificio sobre la avenida Francisco I. Madero esquina con la calle Poder Legislativo, a una cuadra del templo de La Purísima. No es un inmueble particularmente sobresaliente, sin embargo en recuerdos de infancia de algunas personas les parecería un edificio interesante. Sin más es una obra que dado su carácter parece albergar apartamentos a juzgar por su plástica y vanos.

Tiene unos rasgos veladamente Art Déco con un ochavamiento en la esquina similar a los “pancoupés” tradicionales del siglo XIX. Se adivina también un sistema constructivo contemporáneo de ladrillo con elementos de concreto y conserva aún algo de su cancelería de madera original. Un balcón ha sido demolido y su vano clausurado -al igual que dos de sus óculos- y su planta baja se ve ya modificada. Es un edificio muy sencillo, sin mayor alarde arquitectónico, pero es de suponerse que en su tiempo fue considerado un bloque alto para la ciudad. Remata a la finca,en su esquina por cierto, una imagen de cristo en altorrelieve, lo que siempre parece curioso pues el edificio es muy sencillo y moderno pese a sus leves inclinaciones decorativas.

El llevar a cabo la reseña de edificios sin aparente sobresaliente valor es una manera de hablar de la ciudad que está formada en su gran mayoría por edificaciones como esta que están esperando aún alguna inventiva manera de recobrar algo del brillo y de la dignidad que en nuevos tiempos pueden ser incluso mayores a los que tuvieron originalmente. Como seguramente es de todos conocido, la conservación de bienes inmuebles -que son dignos que prevalezcan en el tiempo-, es responsabilidad de múltiples actores entre los cuales podemos mencionar a los arquitectos, a los constructores, los dueños de las obras, las autoridades respectivas y al público en general.