Ricardo Vargas

Durante muchos años se ha dicho que el desempeño de la economía mexicana está muy ligado al desempeño de la economía estadounidense y que, hasta cierto punto, somos dependientes de qué tan bien o qué tan mal se desarrolle aquel país. Esto es correcto hasta cierto punto, y podría explicarse de una manera muy resumida en tres puntos principales; proximidad geográfica, integración comercial, y características propias de ambas economías. El primer punto es evidente, pues la ubicación geográfica de nuestro país reduce significativamente los costos y tiempos en transporte de mercancías y de personal, por lo que se facilita el comercio entre ambos países. El segundo punto es también evidente, y se ha demostrado en un sinfín de estudios y ejercicios estadísticos, pues ha ido adquiriendo un mayor peso en años recientes. Y es que, si bien es cierto que desde el inicio de los años ochenta las tasas de crecimiento en ambas economías han mostrado altos niveles de correlación, fue a partir de la promulgación del TLCAN que estos patrones se intensificaron. A raíz de este acuerdo comercial, y debido al importante peso que tiene el sector manufacturero en nuestro país, nuestra economía se ha integrado fuertemente al sector industrial estadounidense. Precisamente en este sentido es en el que me refiero al tercer punto, sobre las características de cada una de las economías. De acuerdo con la teoría del comercio internacional, las economías encuentran la eficiencia cuando se especializan en producir los bienes que utilizan de manera relativamente intensiva el insumo que es relativamente abundante en dicha economía. Hablo en términos relativos porque se busca comparar a las dos economías en cuestión y ver en dónde pueden comercializar. El caso de México, es una economía que tiene de manera relativamente abundante el factor de mano de obra, mientras que Estados Unidos cuenta con el factor capital de una manera relativamente abundante. Es aquí donde se fundamenta la razón de que haya un TLCAN, y que ha su vez ha derivado en una fuerte integración económica de los dos países.
Sin embargo, pareciera que este año podría haber cierto desfase en los ciclos económicos de ambos países por primera vez en 25 años. Cuando se habla de un ciclo económico, se está haciendo referencia al comportamiento de la economía a través del tiempo, entendiendo que de manera natural existen tiempos de crecimiento que eventualmente son interrumpidos por una desaceleración o una recesión. Pues en este sentido, México ha ido a la par del comportamiento de la economía estadounidense, y la última vez que esto no ocurrió fue en 1995, tras la crisis financiera que derivó del famoso “error de diciembre”. En aquella ocasión, el Producto Interno Bruto en nuestro país se desaceleró fuertemente, a diferencia del de Estados Unidos, que no registró ninguna caída relevante. Un par de años después la tendencia volvió a ser similar entre ambos países, y desde entonces se ha mantenido una alta correlación entre ambas economías. Sin embargo, el reciente desempeño de la economía en nuestro país parece indicarnos que podríamos ver otra vez un episodio de desfase entre ambos ciclos económicos, con una posible recesión en nuestro país. El término de recesión técnicamente se refiere a dos trimestres consecutivos con crecimientos negativos (decrecimientos) en una economía, y si bien es cierto que el dato del PIB en nuestro país al segundo trimestre de este año no se ha publicado, existen razones para esperar que su tasa de crecimiento sea muy cercana a cero, y posiblemente negativa.

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