Gerardo Muñoz Rodríguez

El domingo anterior, fuimos testigos del lanzamiento bursátil de una de las petroleras más importantes del mundo: Aramco. La compañía saudí, anuncio su intención de cotizar en bolsa, en búsqueda de lograr una mayor diversificación de su economía y convertirla en la empresa con mayor valor en el mundo, inclusive arriba del gigante de Apple.

Con esto, y al representar el principal ingreso para Arabia Saudita, el príncipe heredero, Mohammed bin Salman, busca impulsar una serie de reformas que permitirán consolidar un crecimiento económico a largo plazo sostenido.

La empresa ofrece una mezcla de factores, los cuales, permitirán convertirla en una de las principales opciones para invertir. De entrada, el valor de la empresa está estimado en poco más de 1.8 billones de euros. Para dimensionar esta cifra, el PIB de España apenas alcanza los 1.3 billones de dólares, según datos de Banco Mundial.

A pesar de que sea una empresa estatal, la cual haría pensar, que el mismo gobierno es quien tiene el principal reintegro; los nuevos inversores tendrán prioridad ante el Estado, además de un dividendo asegurado hasta el 2024, sin importar las fluctuaciones que tenga el precio del petróleo.

De igual forma, la petrolera recibirá importantes y estratégicas condonaciones fiscales, con la finalidad de aumentar su rentabilidad.

A pesar de esto, no se logró el monto de captación esperado. La necesidad de salir a las principales bolsas de valores de todo el mundo – Londres, Nueva York, Tokio, Hong Kong -, es indispensable. De momento solo fueron comercializadas sus acciones en la bolsa local de Arabia Saudita: Tadawul.

Al igual que en nuestro país, esta petrolera representa el activo más importante para la nación de Asia Occidental. Ante esto: ¿Estamos muy lejos de ver salir al mercado a PEMEX? Indaguemos.

Se pudiesen destinar columnas completas para explicar la situación actual de la petrolera mexicana; sin embargo, se buscará ser lo más escueto posible.

Uno de los principales problemas financieros de Pemex, está relacionada con la carga impositiva. Este lastre lo ha venido arrastrando desde hace décadas y resulta el primer obstáculo para lograr sanear sus maltrechas finanzas. Para su rescate, las adecuaciones a la Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos, se pretenden liberar recursos para la petrolera, en alrededor de 38 mil millones de pesos, tan solo en 2020. Una piedra menos en el zapato.

Otro de los principales obstáculos para la paraestatal, son los escándalos de corrupción en los que han sido vinculados la mayoría de sus últimos altos mandos.

Su ex director, a mediados del 2017, fue acusado de recibir sobornos por más de diez millones de dólares a cambio de contratos, acusaron tres directivos de la constructora brasileña Odebrecht. Como si esto no fuera suficiente, la Auditoría Superior de la Federación, detectó pagos irregulares por más de 700 millones de pesos a la empresa Odebrecht por trabajos en su refinería de Tula, Hidalgo.

Como cereza del pastel, Pemex se encuentra entre las tres empresas petroleras más endeudadas del mundo, con pasivos superiores a 102 mil millones de dólares.

Estos factores, hacen que la empresa acarree una década de números rojos, combinados con una mínima participación de algunos números negros, gracias a aportaciones directas del gobierno federal.

La empresa cuenta con una infinidad de activos, los cuales no les representan ninguna utilidad, por ejemplo, campos terrestres pequeños y maduros.

Resulta urgente una reingeniería de la petrolera. La asociación con la Iniciativa Privada para lograr una mayor rentabilidad es una cuestión inaplazable.

Desgraciadamente, el nuevo director general de Pemex, demuestra, en cada oportunidad que se le presenta, su incompetencia y desconocimiento en el tema petrolero, energético y de cualquier índole relacionado con la paraestatal.

Si logramos concretar una salida a la bolsa de Pemex, se ordenarían los incentivos del gobierno y de la empresa, vía el precio de la acción. Se podría evitar que la clase política tome decisiones que no sean las más rentables para la empresa, porque el gobierno sufriría cuando el precio de la acción bajara. La designación del director general, dejaría de ser por mandato del Ejecutivo.

La transparencia que ocasionaría el convertirse en una empresa pública, atraería un sinfín de inversionistas, tanto nacionales como internacionales. Es aquí donde descansa el capital que necesita Pemex, para convertirse, al fin, en una empresa rentable y de orgullo nacional.

Nos encontramos a años luz de distancia de la petrolera saudí Aramco.

 @GmrMunoz