Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Mientras el Presidente Electo dice que “cancelará la Reforma Educativa”, el próximo secretario de Educación declara, por su parte, que “la Reforma tiene aspectos positivos, mismos que se conservarán” y que sólo se harán algunas modificaciones al documento. Evidentemente, Andrés Manuel López Obrador y Esteban Moctezuma tienen diferentes puntos de vista sobre la Reforma Educativa. ¿Cuál de las dos percepciones, predominará en las decisiones de la gestión federal?

Según el Diccionario Océano ‘cancelar’ es abolir, acabar, anular, borrar, extinguir, rescindir, terminar, suprimir; o como le gusta decir al Presidente Electo, “borrón y cuenta nueva”; esto es, de la actual Reforma Educativa no quedará nada y la próxima administración se encargará de construir algo totalmente diferente o inédito en materia educativa. Con el debido respeto a la investidura del Presidente Electo, la supresión total de la reforma no es factible ni recomendable por sentido común; ninguna reforma parte de cero, en todas las que se han hecho en el país, durante la historia de la educación, sólo se han realizado ajustes, adecuaciones o cambios en las estructuras curriculares, en los enfoques, en las estrategias de aplicación, en los materiales de apoyo educativo y en la gestión administrativa, siempre con el objetivo de mejorar los servicios educativos de los niños, los adolescentes y los jóvenes; pero la filosofía educativa, es decir, la esencia de los fines y los propósitos educativos estipulados en el Artículo Tercero constitucional no son de “borrón y cuenta nueva”; a menos que haya un mandato superior al Artículo Tercero por parte del Constituyente. Mientras no sea así, es bueno reconocer que la actual educación es producto, gradual y progresivo, del esfuerzo de muchas generaciones de mexicanos y mexicanas. ¿Que es perfectible? Sí, pero sin tintes políticos ni mesianismos, sino con ideas congruentes, realistas y factibles para el país. En tal virtud, es más sensato lo que plantea Esteban Moctezuma de hacer tan sólo algunas modificaciones y dejar que permanezca lo positivo de la Reforma Educativa. ¿Cuál es la parte que tanto se quiere modificar o suprimir? La evaluación docente, para asegurar la permanencia en el servicio educativo, independientemente de los resultados en los exámenes y en los aprendizajes de los alumnos.

Tanto le urge al próximo gobierno este cambio que los nuevos legisladores federales, en su obsesión por pagar facturas políticas, cometieron el desatino de exhortar a la autoridad la supresión urgente de las evaluaciones docentes que están proceso. Los legisladores deberían saber que suspender la evaluación, en estos momentos, es violar la ley respectiva. En lugar de este exhorto, lo que deben hacer los legisladores es crear la iniciativa para modificar la ley que ordena la evaluación, discutirla y aprobarla; para luego pasarla a los estados con el fin de que los diputados locales la aprueben y hagan también modificaciones en sus respectivas constituciones. Los legisladores saben el camino legal que deben recorrer, pero la desesperación y el hecho de sentirse mayoría, los hace incurrir en desatinos.

Para presentar propuestas sobre el destino de la Reforma Educativa ya se están realizando los foros de consulta. Es predecible que habrá opiniones encontradas en relación con la evaluación docente; los maestros de vocación, los padres de familia y gran parte de la sociedad, pedirán que se continúe con la evaluación y unos cuantos pedirán la supresión. Finalmente, será el próximo gobierno quien determine sobre el particular. En relación con la esencia de la Reforma Educativa, es decir, de lo sustantivo habrá pocas propuestas, porque el diseño curricular y lo técnico-pedagógico no es propio de las multitudes, sino de los técnicos y de los expertos sobre la materia; de tal manera que serán éstos los que, al final, determinarán cómo será la educación de México, en los próximos seis años; y los foros sólo servirán para justificar lo que la autoridad quiere. Ese es nuestro México.